dissabte, 22 de febrer del 2014

35. Nervios y recuerdos.

Dani está preparándome la comida en la cocina, adueñándose poco a poco de mi casa, con toda tranquilidad. Le miro sentada en el sofá, sonriendo como una tonta, absoluta y completamente feliz de verle allí, silbando y tarareando mientras va preparando los platos.

- Bueno, bueno, bueno… – dice saliendo de la cocina con los dos platos en las manos. – Aquí está la comida, ¡tachan! – dice colocándolas encima de la mesa, que también había preparado – ¿Qué te parece? – rompo a reír y me tapo la boca al ver que me mira mal. – ¿Qué tienes en contra de este romántico momento?
- ¿Qué tienen de romántico dos trozos de pollo a la plancha con patatas? – digo volviendo a reír y levantándome del sofá.
- ¡Encima que cuido tu dieta! – sigo riendo y le veo dolido, pero vuelvo a mirar al plato y vuelvo a reír – Mejor no voy a buscar la ensalada, ¿no? – dice medio susurrando.
- Tráela, tráela, que me voy a quedar con hambre… – digo serenándome y sentándome en la mesa. Vuelve con la ensalada y me quedo sorprendida. – ¿Tanta comida había en mi nevera?
- Qué, ¿ahora sí que lo flipas, no? – dice orgulloso. Es la ensalada más llena de cosas y preciosa de ver que he visto nunca. – ¡Pues ahora no te voy a dejar comer de esto! – dice al verme salivar, llevándoselo otra vez a la cocina.
- ¡No, no! – digo levantándome y siguiéndole – ¡Trae ese suculento y romántico plato a la mesa! – grito entre risas.
- Tendrás que pedírmelo mejor, rubita… – dice dejando el plato en la encimera y cruzándose de brazos.
- Umh… Qué tal si… – voy acercándome a él – te doy… – empiezo a acariciarle el pecho con los dedos – unos cuantos besitos… – susurro a milímetros de su oreja, sensualmente. Noto como se le eriza la piel y rápido me coge por la cintura. Sonrío y rozo con mi nariz la suya, colando mi mano por su cuello, acariciándole la nuca y enredando mis dedos en su pelo. Él también sonríe y se muerde el labio, mirándome seductor, acercándome poco a poco a su cuerpo. No le hago esperar más y junto nuestros labios en un lento y pasional beso, que rápido contesta él con todo el cuerpo, abrazándome con fuerza, suspirando profundo, disfrutando el momento. – Bueno… – me separo poco a poco, como puedo, ya que no me suelta – Vamos a comer… ¿no?
- Ya estamos comiendo… – dice volviendo a besarme con la misma pasión. No puedo resistirme y me abrazo fuerte a su cuerpo, elevándome de puntillas, notando como me aprieta fuerte por el trasero, subiendo la temperatura de la situación.
- Dani… – susurro intentando separarme.
- Vale… – dice soltándome y sonriendo como un niño. Le cojo dulcemente de las mejillas y le doy un beso corto, corriendo hacia la mesa para que no vuelva a atraparme. – Aquí tiene su comida, señorita… – dice dejando la ensalada en la mesa y guiñándome un ojo al verme sonreír. Definitivamente, es el hombre de mi vida.


Pasan las horas y todo son juegos, besos, piques tontos… Cómo al principio, como en ‘Tonterías’, cuando no nos importaba el momento ni el lugar, cuando nos pasábamos el día juntos sin que nos preocupara, cuando reíamos igual o más detrás que delante de las cámaras… Todo momento era bueno para pasarlo juntos, para vivir la vida, para coger dos corchopanes y empezar a jugar, con Flo, o Romina, o con cualquier del equipo. La cuestión era reír, pasarlo bien, hacer de un trabajo un modelo de vida… Pero todo acaba, siempre hay algo que lo acaba rompiendo… Pero dicen que si el destino está así escrito, si tiene que ser así de verdad, vuelve a ocurrir… Y aquí estamos, en el sofá, abrazados, tapados con la manta, esperando que empiece ‘Aída’. Puedo notar su tembleque,  sus nervios, su ilusión… Y eso que ya hace tiempo que se estrenó en esta serie… Quizá es mi presencia la que lo hace estar así… Le miro de reojo, levantando la cabeza de su pecho, y le veo sonriendo feliz al verse allí, entre ese equipo… Para él todo esto es un sueño, y se nota a kilómetros lo feliz que lo hace. Sonrío y le beso el cuello, orgullosa y feliz de tenerle, de haberme dado cuenta por fin de cómo lo necesitaba.

- Oye… ¿Os lo debéis pasar muy bien gravando, no? – le pregunto durante el último corte a publicidad.
- Ni te lo imaginas, Anna, eso es un cachondeo. – me coloco bien en el sofá, estirando la espalda. – ¿Por qué? – dice mirándome curioso.
- Ah, no, por saber… Pensaba… En ‘Tonterías’… En si la relación era así o… – voy diciendo con la cabeza agachada, sonrojada.
- Sí – le miro y está sonriendo, mirando a un punto fijo, recordando. – Es justo como allí… Son más que un equipo, son una familia… Van todos a muerte por todos... No hay un solo momento en el que no estemos riendo o ayudándonos… – suspira y me mira – Os recuerdo muchísimo gravando con ellos… Me vienen tantos momentos a la mente, tantas similitudes… – sonrío escuchándole, recordando lo mismo que él. – ¿Te gustaría venir?
- ¿Qué?
- Mañana gravamos… ¿Puedes venir? – le miro sorprendida y algo tímida, no es que haya tenido relación con los de ‘Aída’… Más que cuando han venido a nuestros programas y hemos pasado ese día juntos.
- Sé que no quieres que se sepa que estamos juntos – corta mis pensamientos – pero siempre podemos decir que te hacía mucha ilusión ir un día y que…
- A ellos puedes decirles – le corto ahora yo, viendo cómo se sorprende y alegra de mis palabras. – Sé que confías en ellos y que de allí no saldría. – sonrío y afirmo con la cabeza – Iré, podrás presumir de novia. – Me contesta con un dulce y feliz beso, acompañado de caricias y achuchones.
- Te quiero, ¡te quiero! – dice entre cortos besos, haciéndome reír y sentir la mujer más feliz del mundo… Pero a la vez estoy nerviosa, ¿qué me esperará mañana? ¿Cómo se lo tomarán? ¿Cómo me trataran? Bueno, si le tratan bien a él, tendrán que hacerlo también conmigo…




Llegados a este punto supongo que ya os imagináis QUIÉN saldrá en el próximo capítulo, ¿no? Como entenderéis, hasta que no vea el capítulo de mañana (si es mañana cuando sale...) no podré escribirlo… ¡Así que no me presionéis! Os quiero, ¡chicas! Gracias por leerme. 

dimarts, 11 de febrer del 2014

34. Hacerte feliz.

 Después de desayunar, nos vestimos y nos dirigimos a su casa para ir buscar 4 prendas de ropa que pueda traerse a la mía. Estoy totalmente sorprendida y emocionada del paso que estamos dando, de la noche a la mañana… Que Dani lo haya decidido así, de golpe, me hace sentir todavía más feliz y dichosa de tenerle.

- Bueno… – digo cortando el silencio que había en el coche. Cada uno estaba inmerso en sus pensamientos y la música nos distraía. – Dime, ¿Cómo es trabajar en Aída? – sonríe de oreja a oreja, como un niño, no puede evitar hacerlo cada vez que le sacan el tema.
- Genial, Anna – contesta – No te puedes imaginar lo bien que me tratan, lo bien que me siento… Estoy entre amigos. – puedo sentir la emoción en sus palabras, se le llena la boca hablando de ellos – ¿Sabes?... Desde que acabó ‘Otra movida’ no había sentido algo así… Es decir… Lo de tener una segunda familia. – sonrío y agacho la cabeza, sé lo que quiere decir.
- Yo también lo echo de menos…
- Sí, pero tú los has tenido en ‘Así nos va’, o en ‘Tu cara me suena’. Yo desde entonces no he vuelto a tenerlo… – lo miro de reojo, lo que acaba de decir me ha molestado, pero no se lo echo en cara – Después del palo que me dio ‘Guasap’, pensaba que no volvería a tener algo así… Sí que he estado en la radio y he ido haciendo… Pero no es lo mismo.
- Lo sé, te entiendo. – Noto que su voz se va rompiendo cada vez que va sacando recuerdos, así que intento tranquilizarlo.
- En fin… Que vuelvo a ser feliz, por fin. – vuelve a sonreír como un niño – Encima te tengo a ti… ¿Qué más puedo pedir? – eso me hace sonreír a mí y me sonrojo.
- Que tonto eres… – susurro.
- Gracias a esto estoy donde estoy, ¿no? – me mira sonriente y se me pone la piel de gallina. Al darse cuenta suelta una carcajada y vuelve a mirar a la carretera, llegando ya a nuestro destino. – No sabes la de veces que le he agradecido a Flo que me diese la oportunidad en ‘Tonterías’. Cada vez que salimos a cenar le turro con lo mismo – ríe.
- Yo también le debo muchísimo, pero no se lo agradezco tanto como tú. No quiero que se le suba a la cabeza. – aparca el coche y ríe negando con la cabeza.
- Deberías hacerlo más, pues. – dice saliendo del coche y dirigiéndose hacia mi puerta, para abrirla él – Gracias a él ahora estamos juntos. – vuelve a sonreír con esa sonrisa traviesa y feliz que me da la vida, y mi cuerpo vuelve a erizarse. Salgo del coche con la cabeza agachada y una sonrisa de niña       que no me cabe en la cara, y Dani, después de cerrar el coche, me agarra fuerte de la cintura y me besa apasionadamente. Le doy un golpe en el pecho, retirándome, y le miro mal.
- Dani, ¿qué haces? Pueden vernos. – le recrimino asustada y enfadada. Él me mira sorprendido y dolido, con la boca abierta, pero rápido la cierra y asiente, con gran gesto de reproche. Me esquiva y entra hacia su portal, en silencio, y le sigo del mismo modo, arrepintiéndome de haberle apartado de esta forma. Al llegar a su piso, deja la puerta abierta para que entre, pero no me espera. – Dani… ¡Dani! – le grito desde la puerta, adentrándome al comedor.
- ¿Qué? – pregunta él desde la habitación.
- No te pongas así, por favor, sabes que fuera de casa no se puede saber…
- No, no lo sabía – dice saliendo de la habitación y enfrentándose a mí – Pensaba que después del paso que habíamos dado, se podía parar la tontería esta de llevar un anillo absurdamente y fingir que no sabes nada de mí – dice enfadado, plantándose frente de mí.
- No es tan fácil… – susurro.
- ¿Pero por qué no? ¿Qué hay de malo en que se sepa que estemos juntos? – grita – ¡Pero si es lo que todas quieren, por Dios, Anna! – cada vez está más dolido y enfadado y me voy echando hacia atrás, con la cabeza agachada.
- No quiero que nos sigan a todos lados, no quiero volver a pasar por eso… – digo intentando calmarle.

- ¿Pero qué te van a seguir, Anna? Si no te siguen ahora creyéndote prometida y con un tío al que ni Dios conoce, ¿Cómo te van a seguir estando conmigo? ¿Quién va a saber que te beso delante de la puerta de casa, o al salir a pasear, o después de llegar de trabajar? – dice cada vez más serenado y convenciéndome – Por favor, déjame ser feliz, hacerte feliz. Olvídate de todo lo que hayas pasado, y déjame darte la mano al ir por la calle, o besarte cuando me apetezca, o poder ir contigo alguna vez a EH… – poco a poco mis defensas van disminuyendo, él se da cuenta y me coge fuerte de las manos – Si quieres podemos ir de incógnito, si así estás más tranquila. Pero no vuelvas a alejarme de ti, por favor. – da un pasito más hacia mí y ya no queda ninguna distancia entre nuestros cuerpos. Resoplo, sonrío, me suelto de sus manos y le beso, cogiéndolo dulcemente por las mejillas y poniéndome de puntillas, notando como me abraza fuertemente y me eleva del suelo, sonriendo, feliz, sin dejar de saborear mis labios – Gracias – susurra entre besos. – Gracias.