dissabte, 18 de gener del 2014

32. Haciéndome suyo.


Narra Dani

No quiero apartarme de su cuerpo, ahora desnudo, no quiero dejar de besar la comisura de sus labios y su cuello, ni dejar de abrazarla y acariciarla. No quiero dejarla escapar, quiero que el tiempo se pare aquí, entre estas sábanas, entre estos suspiros de felicidad. La echaba tanto de menos… Y es que todo tiene sentido si ella está aquí, a mi lado, acurrucada a mi lado y dándome su calor. Y llevo sintiendo esto tres años, tres largos años soñando con esto… Y desde que lo probé no he querido volver a saborear otros labios que no fueran los suyos… Pero soy un capullo, un capullo arrepentido, aunque ella no me acabe de creer. Pero no quiero volver a cagarla, quiero vivir mi día a día a su lado, y quiero que sea así siempre.

-¡Pero si sabes que no me gustas! – gritó Anna cortándome en medio del Ranking.
-Ya lo sé – contesté dolido – pero a la gente en casa piensa que sí.
-Dime, dime lo que me dices cuando te digo que no me gustas, ¿tú qué me dices? – me quedé callado, pensando, recordando todos esos momentos en el camerino, cuando iba detrás de ella como un perro faldero y ella me echaba entre risas. Cuando la ponía nerviosa poniéndome a pocos centímetros de su cuerpo y ella temblaba por no besarme. – ¿¡Cómo no te voy a gustar!? – gritó Anna devolviéndome al mundo y cortando mis pensamientos. A la vez, pasó su brazo por encima de mis hombros, rodeándome el cuello, y yo aproveché para cogerla de la cintura.
-Claro, ¿cómo no te voy a gustar? – Anna me soltó y se apartó – Si nos llevamos muy bien, si la gente quiere que estemos juntos. – la miré sonriendo, sabía que lo hacía por miedo a Miki – ¿Por qué no lo estás?
-Porque tú no quieres estar en Mollet viendo series. – contestó rápida a mi ataque. Rompí a reír y Flo cambió de tema, pero aun así, al acabar el programa la seguí al camerino y la puse todavía más nerviosa. – Si te digo que me voy a vivir contigo a Mollet y a ver series como un condenado, ¿estarías conmigo? – le susurro al oído a Anna, que está medio dormida.
-¿Qué? – dice separándose de mí y mirándome con una gran sonrisa.
-Hace años me dijiste que no, pero no muy convencida… ¿Qué me dices hoy? – digo abrazándola con una sonrisa traviesa.
-Pues te diría que hicieras las maletas rápidamente.
-Hagámoslo, pues. – le contesto levantándome de la cama mientras ella me mira incrédula – Venga, Simon, levanta, tenemos faena. – empiezo a vestirme y ella se cubre con las sábanas mientras se sienta.
-¿Estás hablando en serio, Dani? – dice con la voz temblorosa. Me giro y la miro con una gran sonrisa, me siento a su lado, le acaricio la cara y afirmo con la cabeza.
-Por ti me mudaría hasta en la China, Anna. No quiero volver a cagarla, quiero que veas que solo quiero estar contigo, y lo haremos a tu manera. Aprenderé a tejer – rompe a reír –, veremos pelis en el sofá, tapados con una manta de gatos, te cocinaré, te trataré como a una princesa. – se le iluminan los ojos, y puedo ver un destello que nunca antes había visto, seguido de unas lágrimas tímidas, y su grande y hermosa sonrisa invadiendo su rostro. – ¿Qué me dices?

-Que si eres tú mi príncipe, estaré encantada. – se lanza a mi cuello y me besa, colocándose encima de mí, moviéndose como sólo ella sabe hacerlo, conociendo cada reacción de mi cuerpo a ella, saboreándome, saboreándonos, riendo divertidos mientras me hace suyo, mientras la noche se nos acorta en su habitación, de la que no nos gustaría salir jamás. 

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