dimarts, 11 de febrer del 2014

34. Hacerte feliz.

 Después de desayunar, nos vestimos y nos dirigimos a su casa para ir buscar 4 prendas de ropa que pueda traerse a la mía. Estoy totalmente sorprendida y emocionada del paso que estamos dando, de la noche a la mañana… Que Dani lo haya decidido así, de golpe, me hace sentir todavía más feliz y dichosa de tenerle.

- Bueno… – digo cortando el silencio que había en el coche. Cada uno estaba inmerso en sus pensamientos y la música nos distraía. – Dime, ¿Cómo es trabajar en Aída? – sonríe de oreja a oreja, como un niño, no puede evitar hacerlo cada vez que le sacan el tema.
- Genial, Anna – contesta – No te puedes imaginar lo bien que me tratan, lo bien que me siento… Estoy entre amigos. – puedo sentir la emoción en sus palabras, se le llena la boca hablando de ellos – ¿Sabes?... Desde que acabó ‘Otra movida’ no había sentido algo así… Es decir… Lo de tener una segunda familia. – sonrío y agacho la cabeza, sé lo que quiere decir.
- Yo también lo echo de menos…
- Sí, pero tú los has tenido en ‘Así nos va’, o en ‘Tu cara me suena’. Yo desde entonces no he vuelto a tenerlo… – lo miro de reojo, lo que acaba de decir me ha molestado, pero no se lo echo en cara – Después del palo que me dio ‘Guasap’, pensaba que no volvería a tener algo así… Sí que he estado en la radio y he ido haciendo… Pero no es lo mismo.
- Lo sé, te entiendo. – Noto que su voz se va rompiendo cada vez que va sacando recuerdos, así que intento tranquilizarlo.
- En fin… Que vuelvo a ser feliz, por fin. – vuelve a sonreír como un niño – Encima te tengo a ti… ¿Qué más puedo pedir? – eso me hace sonreír a mí y me sonrojo.
- Que tonto eres… – susurro.
- Gracias a esto estoy donde estoy, ¿no? – me mira sonriente y se me pone la piel de gallina. Al darse cuenta suelta una carcajada y vuelve a mirar a la carretera, llegando ya a nuestro destino. – No sabes la de veces que le he agradecido a Flo que me diese la oportunidad en ‘Tonterías’. Cada vez que salimos a cenar le turro con lo mismo – ríe.
- Yo también le debo muchísimo, pero no se lo agradezco tanto como tú. No quiero que se le suba a la cabeza. – aparca el coche y ríe negando con la cabeza.
- Deberías hacerlo más, pues. – dice saliendo del coche y dirigiéndose hacia mi puerta, para abrirla él – Gracias a él ahora estamos juntos. – vuelve a sonreír con esa sonrisa traviesa y feliz que me da la vida, y mi cuerpo vuelve a erizarse. Salgo del coche con la cabeza agachada y una sonrisa de niña       que no me cabe en la cara, y Dani, después de cerrar el coche, me agarra fuerte de la cintura y me besa apasionadamente. Le doy un golpe en el pecho, retirándome, y le miro mal.
- Dani, ¿qué haces? Pueden vernos. – le recrimino asustada y enfadada. Él me mira sorprendido y dolido, con la boca abierta, pero rápido la cierra y asiente, con gran gesto de reproche. Me esquiva y entra hacia su portal, en silencio, y le sigo del mismo modo, arrepintiéndome de haberle apartado de esta forma. Al llegar a su piso, deja la puerta abierta para que entre, pero no me espera. – Dani… ¡Dani! – le grito desde la puerta, adentrándome al comedor.
- ¿Qué? – pregunta él desde la habitación.
- No te pongas así, por favor, sabes que fuera de casa no se puede saber…
- No, no lo sabía – dice saliendo de la habitación y enfrentándose a mí – Pensaba que después del paso que habíamos dado, se podía parar la tontería esta de llevar un anillo absurdamente y fingir que no sabes nada de mí – dice enfadado, plantándose frente de mí.
- No es tan fácil… – susurro.
- ¿Pero por qué no? ¿Qué hay de malo en que se sepa que estemos juntos? – grita – ¡Pero si es lo que todas quieren, por Dios, Anna! – cada vez está más dolido y enfadado y me voy echando hacia atrás, con la cabeza agachada.
- No quiero que nos sigan a todos lados, no quiero volver a pasar por eso… – digo intentando calmarle.

- ¿Pero qué te van a seguir, Anna? Si no te siguen ahora creyéndote prometida y con un tío al que ni Dios conoce, ¿Cómo te van a seguir estando conmigo? ¿Quién va a saber que te beso delante de la puerta de casa, o al salir a pasear, o después de llegar de trabajar? – dice cada vez más serenado y convenciéndome – Por favor, déjame ser feliz, hacerte feliz. Olvídate de todo lo que hayas pasado, y déjame darte la mano al ir por la calle, o besarte cuando me apetezca, o poder ir contigo alguna vez a EH… – poco a poco mis defensas van disminuyendo, él se da cuenta y me coge fuerte de las manos – Si quieres podemos ir de incógnito, si así estás más tranquila. Pero no vuelvas a alejarme de ti, por favor. – da un pasito más hacia mí y ya no queda ninguna distancia entre nuestros cuerpos. Resoplo, sonrío, me suelto de sus manos y le beso, cogiéndolo dulcemente por las mejillas y poniéndome de puntillas, notando como me abraza fuertemente y me eleva del suelo, sonriendo, feliz, sin dejar de saborear mis labios – Gracias – susurra entre besos. – Gracias. 

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