dijous, 28 d’agost del 2014

41. Eres una egoísta

 Estoy abrazada al cuerpo desnudo de Dani, escuchando su corazón latir, notando sus manos acariciando mis brazos y sus labios dándome suaves besos en la cabeza. Me incorporo para besarle, pero su móvil empieza a vibrar y a sonar y hace que los dos demos un pequeño bote.

- ¡Mierda! – grita Dani al coger el móvil del suelo – ¿Sí? Sí, sí, lo siento, se me ha pasado la hora. Sí, sí, ahora mismo voy. Mierda, mierda, mierda – va diciendo mientras se levanta de la cama y empieza a buscar la ropa.
- ¿Qué pasa? – digo preocupada sentándome.
- Pues que tengo que grabar, joder, que no me acordaba. – me tapo la boca con la mano y rápido me levanto para vestirme – Estando contigo me olvido del mundo y de mí – dice rompiendo a reír. Me quedo mirándole con una gran sonrisa, me acerco a él, le cojo su dulce carita y le beso.
- Que vaya bien mi amor, pórtate bien. – se queda callado, mirándome con media sonrisa y una ceja levantada. Suelta una pequeña carcajada y me coge de las manos.
- Míranos, parecemos un viejo matrimonio… – suelto una pequeña carcajada y dejo que me bese como despedida. – Nos vemos después. Te quiero. – se gira y sale corriendo de casa.

Voy al sofá y me siento soltando un grande suspiro. ¿Le tocará grabar otra vez con ella? El corazón me da un vuelco y me estremezco. No quiero que esté con ella, no quiero que se vuelvan a hablar, y menos a besar, y sé que eso es lo que va a acabar pasando, porque al fin y al cabo es lo que toca como guion… Aprieto los dientes con fuerza y me muerdo el dedo índice, nerviosa, pensativa… Sí, la voy a llamar.

Suena el contestador, me ha colgado, pero no voy a desistir.

- ¿Qué quieres? – dice a la cuarta vez de llamarla.
- Puedes hacer todo cuanto esté en tu mano para llevártelo de mi lado, pero jamás harás que deje de sentir eso por mí. Acéptalo de una vez, Cristina – digo chulesca – siempre he sido la única mujer en su vida.
- Sí, pero no la única entre sus piernas – me corta de la misma manera – Y eso es lo que acaban deseando, una mujer en su cama, y allí estaré yo cuando tu faltes, que lo harás, cuando te canses de él.
- Si claro, chata, ya te lo pasaré. – voy a colgar pero escucho su irritante voz y vuelvo a ponerme el móvil en la oreja.
- Nunca has estado más de un mes con él, nunca has estado un año viviendo a su lado. No sabes qué manías tiene, qué cosas repite, qué come, qué mira, qué hace. No sabes nada de él, Anna. Yo lo aguanté todo, lo soporté todo. Me llevó de viaje, me llevó de vacaciones, me hizo sentir siempre como una princesa… Pero porque yo siempre le traté como a un rey. Cosa que tú jamás llegarás a hacer porque eres una hipócrita y una egoísta. Y cuando se canse de ti, o tú de él, volverá a mí llorando, porque solo yo sé cómo tratarlo. – me quedo callada, no soy capaz de contestar. Oigo como suelta una pequeña carcajada maléfica al otro lado del teléfono y prosigue – Que te lo pases bien esta tarde tejiendo, Anna, me voy a plató, a grabar con Dani nuestras escenas de amor. – Y cuelga. Caigo sentada al sofá, derrotada por todo, analizando todo lo que me ha echado en cara. Y entonces me planteo la idea de presentarme allí y cortarles el rollo, exigir que no graven eso, que se cambie la actriz, o las secuencias o todo. Pero me doy cuenta que no soy nadie para hacer eso y que así solo conseguiría empeorar las cosas, así que me trago mi orgullo y mi dolor y salgo a dar un paseo por Madrid para poder airearme.


Llega la hora de cenar y lo tengo todo preparado: velitas, música, pizzas y el sofá-cama abierto. Llevo puesto un camisón blanco que transparenta mi ropa interior negra y en el pelo una cola de caballo bien alta, como a Dani le gusta. Éste llega media hora después de tenerlo todo listo, y al abrir la puerta del comedor, se queda petrificado.

-¿Qué es todo esto, Simon? – dice con la boca abierta y una sonrisa dibujada en ella.
-¡Tacháaaaaan! – digo abriendo los brazos – ¿Te gusta?
-¿Que si me gusta? – ríe – Por favor, Anna, ¡me encanta! – y se lanza a mis brazos, levantándome del suelo y dándome una vuelta en el aire. – Que sorpresa, cariño, era lo que necesitaba. – me besa los labios y le miro sonriente y feliz. Creo que es la primera vez que me llama “cariño”, que lo hace sin pensar, que le sale del corazón. Él también se da cuenta y se sonroja un poco, dejándome en el suelo. – Me ducho y cenamos, ¿sí?
-Y si… – susurro cogiéndole el cuello de la camisa – Nos duchamos… ¿Y cenamos? – levanto la mirada y le veo coger aire, sonriente, excitado. Lo suelta de golpe y afirma con la cabeza, cogiéndome de la mano y llevándome al cuarto de baño. Empieza a besarme, a abrazarse a mi cuerpo, a acariciar todo lo que es suyo: mi espalda, mi trasero, mis piernas. No se deja un solo centímetro, no me separa de él, no deja de morderme. Cada vez más deseoso de mí, cada vez más deprisa. Me quita el camisón y se aferra con los dientes en mi cuello y con las manos en mi cadera, dejándome poco espacio para empezar a quitarle la camisa y desabrocharle los pantalones. Una vez desnudos, entra en la ducha y enciende el agua, mojándome con agua fría, divertido de escuchar mis gritos y mis reproches. Empieza a salir más calentita y deja la manguerita en el reposadero de la pared y se abraza a mí, para que nos dé a los dos. Sonrío tímida y excitada por la situación y le agarro la cara para besarle nuevamente, sintiendo como, bajo de esa estropeada y vieja ducha, me hace suya, una vez más, de la manera más especial y dulce, todo lo que la situación lo permite. – Tendremos que calentar la pizza en el microondas, ¿no? – dice divertido mientras se seca.
- Hombre, ya que estamos la ponemos en el horno, que quedará más tierna y más buena.
- Tú sí que eres tierna… – y vuelve a abrazarme por la espalda, besándome el cuello, acariciando mi barriga.
- Vamos Dani, tenemos que reponer fuerzas – digo riendo intentando escapar de sus brazos.
- Vamos a comer como cerdos, que lo quemaremos en un momento. – me coge de la mano y me lleva al comedor, me sienta en la mesa y él mismo prepara los entrantes y calienta la cena. Cuando lo tiene todo listo, empezamos a comer, y solo entonces me atrevo a preguntar por la tarde de grabación. 
- ¿Cómo ha ido? – digo intentando no prestarle mucha importancia.
- Bueno… Bien, dentro de lo que cabe…  – contesta mordiendo un trozo de queso, evitando mi mirada. – Dos besitos tontos, mucho diálogo. – lo dice deprisa, como si así lograra hacer que me resbalara.
- Ah bueno, mientras hayan sido tontos…  – suena demasiado a reproche así que finjo una risita.
- Cuando veas el capítulo verás que no es nada del otro mundo  – intenta defenderse.
- No pienso ver ese capítulo  – amenazo cortante.
- ¿No? ¿Ni siquiera por mí? – dice ofendido.
- No quiero hacerme daño. – intento disculparme.
- No, no, claro. – sigue comiendo  – Lo he evitado, Anna, he hecho que sean lo más rápido posible para que se vea en cámara y evitar que ella pueda aprovecharse. – clava sus ojos en mi  – Haciendo eso me juego mi trabajo, ¿sabes? – agacho la mirada dolida y suspiro.
- Lo siento, Dani, sé cuanto te esfuerzas y admiras estar allí… Pero no me pidas que vea eso.
- ¿Eso? – da un golpe en la mesa.
- El beso, Dani. Tú siempre eres un placer para mis ojos. – la respuesta no acaba de convencerle y acaba todo lo que tiene en el plato antes de continuar hablando.
- Sabes que te quiero, ¿no? – dice sin apartar su mirada de mí. Le contesto con una sonrisa tímida y un gran sonrojo de cara. – ¿Sabes, también, que venir a vivir contigo es lo que más me ha hecho feliz en estos últimos años? – me muerdo el labio inferior y afirmo con la cabeza  – Bien, pues también quiero que sepas que en esta serie, la cual, como sabes, me llena de orgullo formar parte, interpreto a un “vividor follador” – dice imitando la voz de Amador, algo que me hace reír pero a la vez pensar  – Vas a verme ligar y besar a muchas mujeres, incluida Cristina, pero no quiero que pienses ni un segundo en que he disfrutado haciéndolo, que lo he aprovechado, o que he dejado de pensar en ti para hacerlo. – su mirada está desafiante, serena, intentando convencerme de lo que dice. – Eres mi musa, estás siempre presente en mi cabeza, y cuando tengo que declararme o acercarme a cualquier chica, pienso que eres tú. – sonrío  – Así no me siento ningún traidor.
- Eres actor  – contesto cogiéndole la mano que tenía temblorosa encima de la mesa  – Jamás voy a pensar que seas un traidor por hacer bien tu trabajo. Pero entiende que es a ella a quien no quiero ver. Aun así lo haré por ti, cerraré los ojos cuando ella salga y pondré la tele en silencio. ¿Trato? – sonríe de oreja a oreja y afirma con la cabeza. – Anda, vamos, que me queda la última sorpresa. 

divendres, 8 d’agost del 2014

40. El más cursi

Narra Anna


El timbre suena una y otra vez, cada vez más corto, cada vez más apresurado y repetido. Me levanto de la cama, enfadada y decidida a echarle de casa, y todavía más después de este comportamiento. ¿Quién se cree que es para aporrear así la puerta y gastarme el timbre? Ando con paso decidido hacia la puerta y la abro de golpe, con rabia, expresando en la cara todo lo que siento, mi enfado y mi orgullo repleto de odio. Dani está detrás de la puerta, con una mano apoyada en la pared y la otra a punto de volver a tocar el timbre. 

- Como vuelvas a tocar el timbre te corto la puta mano. – amenazo de la manera más seca posible. Dani sonríe al verme y se lanza sobre mí, cogiéndome con fuerza el rostro y besándome una y otra vez, con besos cortos, como picotadas de pájaro. Le intento apartar, empujándole por el pecho, pero no hay manera, se me resiste.
- Te quiero, te quiero – dice entre beso y beso. Acaba haciéndome reír, y al escucharme, me suelta, por fin. – Te quiero – vuelve a decir ahora mirándome a los ojos y con su más sincera sonrisa.
- ¿A qué viene todo esto? – digo separándome de él y cruzándome de brazos, para que vea que sigo enfadada.
- Lo que has visto no ha significado absolutamente nada para mí, Anna, y quiero que lo sepas. – me pongo seria al recordar el beso que se ha dado con Cris y agacho la cabeza – No quiero que se arruine lo nuestro, no ahora que he venido a vivir aquí y que por fin hemos dado el paso. – levanta la mirada y me sonríe – Que por ti renuncio a todo, Anna. Renuncio a mis amigos, a salir, a Madrid... Que contigo me voy a Mollet o donde haga falta, a criar treinta gatos, o cabras, que aprendo a tejer para poder hacerte una bufanda en invierno sentados en el sofá viendo tu película favorita. – vuelve a cogerme del rostro y me seca una lágrima que cae tímida por mi mejilla, acercándose a mí – Que lo eres todo para mí, Anna, y te lo demostraré de mil maneras diferentes. – me besa dulcemente y se separa, esperando una resuesta.
- No quiero que renuncies a nada, amor – consigo decir – Cuando he llegado a casa y he visto tus cosas me he dado cuenta del paso que habíamos dado, de lo que significa para nosotros, y me he dado cuenta de que te quiero más de lo que pensaba. Es por eso que me ha dolido verte con ella, porque con ella tienes más recuerdos, más momentos vividos, más amor compartido… Y siguen rodando en mi cabeza los reproches que me soltó… Y yo no quiero hacerte infeliz, Dani. Quiero verte reír, quiero verte disfrutar de tu trabajo, quiero verte llegar a lo más alto… Porque lo conseguirás, tienes el talento para hacerlo. – sonríe y me besa de nuevo, pero me aparto – ¿Estás seguro que quieres que sea yo quien te acompañe en todo esto? ¿Estás seguro que saldrá bien, después de todo? 
- Me da igual si sale mal. – me corta – Prefiero un minuto contigo a una vida sin ti. Y si al final esto no sale bien, por lo menos tendré el recuerdo de haber vivido contigo, de haber compartido al fin mi vida contigo. Y si es por “momentos” por lo que estás preocupada, tranquila, que crearemos nuestros propios recuerdos, cada uno más especial que el último. – cojo todo el aire que la poca distancia me permite y me lanzo a sus brazos, sonriendo y besándole una y otra vez. Dani me levanta del suelo, cogiéndome por debajo del trasero, y rodeo con mis piernas su cuerpo para que pueda andar. Se dirige como puede hacia el dormitorio y me deja caer sobre la cama. 
- Me has convencido de la manera más cursi posible – digo entre risas mientras se quita la camiseta.
- Tú me haces ser cursi… Con lo macho que yo era – dice lanzándose sobre de la cama y poniéndose encima de mí. Se separa un momento de mi cuerpo y me mira a los ojos – Te quiero – repite nuevamente. Sonrío y le cojo de la cara, besándole dulcemente, le empujo y me pongo encima.
- Déjame hacer a mí, que estás tan arrepentido que te sale la vena moñas. – abre la boca completamente sorprendido y suelta una gran carcajada.

Empiezo a besarle, cada vez más deprisa, cada vez más deseosa de su cuerpo. Me quito la ropa, apartando sus manos, llevando el control de la situación. Ríe divertido y excitado al verme así, así que se deja hacer. Pone sus manos detrás del cuello y se relaja, soltando tímidamente gemidos que no puede reprimir y estremeciéndose cada vez que le beso y le acaricio. Recorro cada parte de su cuerpo, es mío, absolutamente mío, y eso me gusta todavía más. Cada palabra que me ha dedicado, por cursilada de película que haya sido, me ha llegado al corazón y me ha hecho entender muchas cosas, pero sobretodo me ha hecho darme cuenta del chico al que tengo y de cuanto tengo que cuidarlo para que nunca se vaya de mi lado. No quiero ver como cualquier lagarta me lo levanta. Ya le tengo enamorado, ahora solo me hace falta hacerle el más feliz en la cama y jamás volverá a besar a otra mujer.


dijous, 7 d’agost del 2014

39. Estoy bien jodido

Salgo corriendo detrás de Anna, gritando su nombre e intentando alcanzarla, pero dos técnicos del equipo me paran y me comunican que tenemos que seguir grabando. Miro por encima de sus hombros el paradero de Anna, pero ya no alcanzo verla y agacho la mirada. La he cagado pero bien.

- Dani… – escucho la voz de Cristina detrás de mí, pero no me atrevo a girarme. No puedo volver a mirarla.
- Chicos, ¿podemos hacer mis escenas con David y Melani? – les pregunto flojito.
- La verdad es que… – contesta uno con el mismo tono – tendríamos que seguir con las de Cris. ¿Hay algún problema? – me quedo callado con la mirada en el suelo. No puedo parar de pensar en Anna, en el beso, en lo que siento…
- Sí. No puedo. – contesto mirándole de nuevo a los ojos. Se queda un poco intrigado y sorprendido, pero no me contesta, ladea los hombros y se dirige hacia plató. Sigo sus pasos, ignorando los toques en la espalda de Cris.
- Dani por favor, tenemos que hablar – va diciendo ella sin dejar de seguirme. 

Cuando llego a plató, me siento junto a Paco y Canco, escuchando sus bromas y sus tonterías. Intento meterme en la conversación, aparentar normalidad y tranquilidad y logro conseguirlo. Cris, por su parte, se sienta en la mesa de al lado, de espaldas a mí, y se lo agradezco.

La mañana pasa lenta y duramente. Consigo grabar dejando mis problemas a un lado, pero cada vez que hay descansos me sumerjo en mil pensamientos, cada cual más doloroso. Aprovecho la hora de comer para escaparme a casa y poder darme una ducha fría e intentar hacer la siesta, pero desafortunadamente el sonido irritador del timbre no cesa.


- ¿Qué quieres? – pregunto de la manera más seca posible, aguantando la mirada desafiante a Cristina.
- ¿No crees que tenemos que hablar sobre lo que ha pasado?
- No quiero hablarlo – digo cortante.
- Ignorar los problemas no da la solución – dice cruzándose de brazos. Me la quedo mirando con una ceja levantada y resoplo.
- Habla. – digo poniéndome de la misma manera. Se queda callada mirándome incrédula y con su típica cara de asco.
- Bien… – consigue decir después de coger aire – ¿Me dejas pasar, por lo menos? – me aparto de la puerta y aparto el brazo de ella, señalándole el comedor, que ya bien conoce, dándole paso. Afirma con la cabeza como modo de gratitud y pasa al salón, sentándose en el sofá y mirándome nuevamente, con su cara de niña buena y delicada. No puedo aguantarle la mirada y, al sentarme, paso a mirar a mis manos, entrelazadas y nerviosas, apoyadas en mi barriga. – Dani, lo siento por haberte besado, no quería confundirte. – empieza – La situación ha podido conmigo, con mi deseo y mis sentimientos, pero yo en ningún momento he querido hacerte daño o estropear tu relación… Yo solo quiero que seas feliz. – cada vez su voz suena más dulce y más sincera, y con su última frase, acaricia mis manos temblorosas y se acerca un poco más a mí – Hacía tiempo que no te veía, y al hacerlo, y de esta forma… – dice susurrando, casi arrepintiéndose de haberlo provocado ella misma – Lo siento, de verdad – por primera vez desde que estamos así, la miro a los ojos, buscando en ellos la verdad. Me encuentro con sus ojos húmedos, clavados en los míos, pidiéndome perdón de corazón. Siento un pinchazo en el pecho y vuelvo a bajar la mirada, hacia mis manos, ahora protegidas por las suyas. Les doy la vuelta y toco lentamente sus manos, que se levantan vergonzosas al notar mis dedos en sus palmas. Vuelvo a mirarla y la veo sonriendo, con la mirada fija en nuestras manos, y al notar mi mirada, clava sus ojos en los míos. – Éramos tan felices… – susurra – siempre he querido esto, tu felicidad. – entrelaza sus dedos con los míos y se acerca un poco – No me arrepiento de haberlo hecho, de haber hablado con varios representantes para conseguir este papel, para conseguir volverte a ver, para volverte a besar… – va diciendo cada vez más sensual, más serena, más ella. No puedo contestar, ni tan siquiera sé si respiro. No puedo apartar mi mirada de sus ojos, de sus labios que se acercan poco a poco, con esa sonrisa, con esos dientes perfectos que me encantaba notar clavados en mi cuello… – Todo lo que un día te dije lo sentí de corazón, Dani, por mucho que tú nunca sintieras lo mismo. Por mucho que tú me utilizaras y amaras a otra mujer. – esta vez su voz suena más dura, reprochante y dolida. Suelto un suspiro y la miro arrepentido, soltando mis manos de las suyas y poniéndolas en sus hombros, para alejarla. 
- Cristina, lo siento… – consigo decir cogiendo un poco de aire. Ella agacha la cabeza y se echa hacia atrás, volviendo a la postura a la que estaba al principio. Levanta la mirada, esta vez todavía más dolida, nuevamente húmeda, y finge una sonrisa.
- Infinito elevado a infinito… – susurra soltando una lágrima y agachando la cabeza.
- Y no se puede más – digo inconscientemente. Levanta la cabeza y sonríe de oreja a oreja, de corazón, y suelta un pequeño suspiro. Y, sin darme cuenta, sin pensar, sin ser yo quien dirige a mi cuerpo, subo las manos de sus hombros hacia su rostro, cogiéndolo suavemente, y me acerco veloz hacia sus labios, apretándolos a los míos, volcándome entero sobre ella. No se resiste, cae tumbada al sofá y separa las piernas para que me ponga cómodo, apretándome por mi espalda, abrazándose a mí. Entreabro nuestras bocas, recorro cada milímetro de sus labios, le beso y muerdo el cuello, juego con su camiseta hasta que logro sacársela… Y solo entonces vuelvo a mirarla a los ojos. Me quedo sentado sobre mis rodillas y empiezo a hiperventilar. Cristina se levanta rápido y me coge la cara, besándome de nuevo, intentando tumbarme. Pero la aparto y me levanto del sofá. – No puedo, Cris, no puedo. – y me pongo las manos en la cara – Joder, ¡joder! ¿¡Qué estoy haciendo!? – grito una y otra vez, pegándole una patada a la mesa. – Vete por favor – le digo todavía con el tono alzado, ordenándole. Cris se queda mirándome, pidiéndome que no, pero me resisto a su estúpida y sensual dulzura. – ¡Vete! No quiero hacerte más daño – la riño – ¿No ves que no estoy enamorado de ti? ¡Tú misma lo has dicho! No me hagas ser más cabrón de lo que ya he sido. – la ataco con todos mis pensamientos, lo que siento más adentro. Con todo lo que odio de mí. Le grito todo lo que sé que no quiere escuchar, pero que es verdad. Y vuelvo a verla llorar, y vuelvo a girarme y ponerme una mano en la cara, maldiciendo lo que acaba de pasar. Escucho un puertazo y vuelvo a pegarle a la pobre mesa que nada ha hecho. 
- Que sepas que me das pena – me ataca Cris, dándome un buen susto porque pensaba que ya se había ido – ¿Piensas ir toda la vida detrás de ella? ¿Corriendo de un lado a otro para arreglar sus enfados? ¿Dejando de vivir y de sentir solo por ella? ¿Por esa estúpida que solo te hace daño? – cada vez alza más la voz, cada vez ataca más y más a Anna y con cada argumento me hace cabrear más. – Algún día te darás cuenta de todo lo que has perdido por no abrir los ojos y darte cuenta de la realidad. Y el día que te deje tirado para siempre yo ya no estaré allí para calmar tus penas. – esta vez sí, se da la vuelta y sale de casa, pegando un portazo mayor.


¿Qué he perdido por estar con Anna? ¿Qué he dejado de lado por ella? ¿Cuánto tiempo de mi vida he malgastado?... Y así, solo en el salón, empiezo a pensar en todos y cada uno de los momentos que he pasado con ella, desde que me enamoré hasta que la tuve por fin en la cama, entre mis brazos, abrazada a mi cuerpo, sintiéndola sola y absolutamente mía… ¿Y qué no daría por volverlo a hacer? Estoy bien jodido, estoy enamorado hasta las trancas, como jamás me ha pasado… Y lucharé cada minuto de mi vida por ella.

Y con ese último pensamiento, me levanto del sofá y me dirijo corriendo a su casa.