Salgo corriendo
detrás de Anna, gritando su nombre e intentando alcanzarla, pero dos técnicos
del equipo me paran y me comunican que tenemos que seguir grabando. Miro por
encima de sus hombros el paradero de Anna, pero ya no alcanzo verla y agacho la
mirada. La he cagado pero bien.
- Dani… – escucho
la voz de Cristina detrás de mí, pero no me atrevo a girarme. No puedo volver a
mirarla.
- Chicos, ¿podemos
hacer mis escenas con David y Melani? – les pregunto flojito.
- La verdad es
que… – contesta uno con el mismo tono – tendríamos que seguir con las de Cris.
¿Hay algún problema? – me quedo callado con la mirada en el suelo. No puedo
parar de pensar en Anna, en el beso, en lo que siento…
- Sí. No puedo. –
contesto mirándole de nuevo a los ojos. Se queda un poco intrigado y
sorprendido, pero no me contesta, ladea los hombros y se dirige hacia plató.
Sigo sus pasos, ignorando los toques en la espalda de Cris.
- Dani por favor,
tenemos que hablar – va diciendo ella sin dejar de seguirme.
Cuando llego a
plató, me siento junto a Paco y Canco, escuchando sus bromas y sus tonterías.
Intento meterme en la conversación, aparentar normalidad y tranquilidad y logro
conseguirlo. Cris, por su parte, se sienta en la mesa de al lado, de espaldas a
mí, y se lo agradezco.
La mañana pasa
lenta y duramente. Consigo grabar dejando mis problemas a un lado, pero cada
vez que hay descansos me sumerjo en mil pensamientos, cada cual más doloroso.
Aprovecho la hora de comer para escaparme a casa y poder darme una ducha fría e
intentar hacer la siesta, pero desafortunadamente el sonido irritador del
timbre no cesa.
- ¿Qué quieres? –
pregunto de la manera más seca posible, aguantando la mirada desafiante a
Cristina.
- ¿No crees que
tenemos que hablar sobre lo que ha pasado?
- No quiero
hablarlo – digo cortante.
- Ignorar los
problemas no da la solución – dice cruzándose de brazos. Me la quedo mirando
con una ceja levantada y resoplo.
- Habla. – digo
poniéndome de la misma manera. Se queda callada mirándome incrédula y con su
típica cara de asco.
- Bien… – consigue
decir después de coger aire – ¿Me dejas pasar, por lo menos? – me aparto de la
puerta y aparto el brazo de ella, señalándole el comedor, que ya bien conoce,
dándole paso. Afirma con la cabeza como modo de gratitud y pasa al salón,
sentándose en el sofá y mirándome nuevamente, con su cara de niña buena y
delicada. No puedo aguantarle la mirada y, al sentarme, paso a mirar a mis
manos, entrelazadas y nerviosas, apoyadas en mi barriga. – Dani, lo siento por
haberte besado, no quería confundirte. – empieza – La situación ha podido
conmigo, con mi deseo y mis sentimientos, pero yo en ningún momento he querido
hacerte daño o estropear tu relación… Yo solo quiero que seas feliz. – cada vez
su voz suena más dulce y más sincera, y con su última frase, acaricia mis manos
temblorosas y se acerca un poco más a mí – Hacía tiempo que no te veía, y al
hacerlo, y de esta forma… – dice susurrando, casi arrepintiéndose de haberlo
provocado ella misma – Lo siento, de verdad – por primera vez desde que estamos
así, la miro a los ojos, buscando en ellos la verdad. Me encuentro con sus ojos
húmedos, clavados en los míos, pidiéndome perdón de corazón. Siento un pinchazo
en el pecho y vuelvo a bajar la mirada, hacia mis manos, ahora protegidas por
las suyas. Les doy la vuelta y toco lentamente sus manos, que se levantan
vergonzosas al notar mis dedos en sus palmas. Vuelvo a mirarla y la veo
sonriendo, con la mirada fija en nuestras manos, y al notar mi mirada, clava
sus ojos en los míos. – Éramos tan felices… – susurra – siempre he querido
esto, tu felicidad. – entrelaza sus dedos con los míos y se acerca un poco – No
me arrepiento de haberlo hecho, de haber hablado con varios representantes para
conseguir este papel, para conseguir volverte a ver, para volverte a besar… – va
diciendo cada vez más sensual, más serena, más ella. No puedo contestar, ni tan
siquiera sé si respiro. No puedo apartar mi mirada de sus ojos, de sus labios
que se acercan poco a poco, con esa sonrisa, con esos dientes perfectos que me
encantaba notar clavados en mi cuello… – Todo lo que un día te dije lo sentí de
corazón, Dani, por mucho que tú nunca sintieras lo mismo. Por mucho que tú me
utilizaras y amaras a otra mujer. – esta vez su voz suena más dura, reprochante
y dolida. Suelto un suspiro y la miro arrepentido, soltando mis manos de las
suyas y poniéndolas en sus hombros, para alejarla.
- Cristina, lo
siento… – consigo decir cogiendo un poco de aire. Ella agacha la cabeza y se
echa hacia atrás, volviendo a la postura a la que estaba al principio. Levanta la
mirada, esta vez todavía más dolida, nuevamente húmeda, y finge una sonrisa.
- Infinito elevado
a infinito… – susurra soltando una lágrima y agachando la cabeza.
- Y no se puede
más – digo inconscientemente. Levanta la cabeza y sonríe de oreja a oreja, de
corazón, y suelta un pequeño suspiro. Y, sin darme cuenta, sin pensar, sin ser
yo quien dirige a mi cuerpo, subo las manos de sus hombros hacia su rostro,
cogiéndolo suavemente, y me acerco veloz hacia sus labios, apretándolos a los
míos, volcándome entero sobre ella. No se resiste, cae tumbada al sofá y separa
las piernas para que me ponga cómodo, apretándome por mi espalda, abrazándose a
mí. Entreabro nuestras bocas, recorro cada milímetro de sus labios, le beso y
muerdo el cuello, juego con su camiseta hasta que logro sacársela… Y solo
entonces vuelvo a mirarla a los ojos. Me quedo sentado sobre mis rodillas y
empiezo a hiperventilar. Cristina se levanta rápido y me coge la cara,
besándome de nuevo, intentando tumbarme. Pero la aparto y me levanto del sofá. –
No puedo, Cris, no puedo. – y me pongo las manos en la cara – Joder, ¡joder!
¿¡Qué estoy haciendo!? – grito una y otra vez, pegándole una patada a la mesa. –
Vete por favor – le digo todavía con el tono alzado, ordenándole. Cris se queda
mirándome, pidiéndome que no, pero me resisto a su estúpida y sensual dulzura. –
¡Vete! No quiero hacerte más daño – la riño – ¿No ves que no estoy enamorado de
ti? ¡Tú misma lo has dicho! No me hagas ser más cabrón de lo que ya he sido. –
la ataco con todos mis pensamientos, lo que siento más adentro. Con todo lo que
odio de mí. Le grito todo lo que sé que no quiere escuchar, pero que es verdad.
Y vuelvo a verla llorar, y vuelvo a girarme y ponerme una mano en la cara,
maldiciendo lo que acaba de pasar. Escucho un puertazo y vuelvo a pegarle a la
pobre mesa que nada ha hecho.
- Que sepas que me
das pena – me ataca Cris, dándome un buen susto porque pensaba que ya se había
ido – ¿Piensas ir toda la vida detrás de ella? ¿Corriendo de un lado a otro para
arreglar sus enfados? ¿Dejando de vivir y de sentir solo por ella? ¿Por esa
estúpida que solo te hace daño? – cada vez alza más la voz, cada vez ataca más
y más a Anna y con cada argumento me hace cabrear más. – Algún día te darás
cuenta de todo lo que has perdido por no abrir los ojos y darte cuenta de la
realidad. Y el día que te deje tirado para siempre yo ya no estaré allí para
calmar tus penas. – esta vez sí, se da la vuelta y sale de casa, pegando un
portazo mayor.
¿Qué he perdido
por estar con Anna? ¿Qué he dejado de lado por ella? ¿Cuánto tiempo de mi vida
he malgastado?... Y así, solo en el salón, empiezo a pensar en todos y cada uno
de los momentos que he pasado con ella, desde que me enamoré hasta que la tuve por
fin en la cama, entre mis brazos, abrazada a mi cuerpo, sintiéndola sola y
absolutamente mía… ¿Y qué no daría por volverlo a hacer? Estoy bien jodido,
estoy enamorado hasta las trancas, como jamás me ha pasado… Y lucharé cada
minuto de mi vida por ella.
Y con ese último
pensamiento, me levanto del sofá y me dirijo corriendo a su casa.
Genial como siempre������
ResponElimina