dilluns, 23 de febrer del 2015

44. Vamos a pasear.

Al despertar, Dani está energético y contento. Prepara el desayuno, arregla la habitación, se ducha… todo con una gran sonrisa y una vitalidad que ya conozco en él. Siempre que se comporta así es porque ha pasado algo, algo bueno, algo que le alegra.

-Vamos, abuela, que eres muy lenta – dice empujándome para que vaya a ducharme.
-Ai Dani, hijo, yo hasta después de comer no tengo que ir a trabajar, déjame – me quejo.
-Pero bueno, ¿es que piensas quedarte toda la mañana encerrada en casa?
-Hombre, por supuesto – ríe – Tengo una semana ajetreada y ya que tengo una mañana para mí…
-Has tenido un fin de semana entero para ti – replica – En tu pueblo, tranquila, en el sofá, con la perra…
-Y con el perro – digo cortándole. Suelta una carcajada y me besa agarrándome la cara.
-Exacto – sonríe pícaro de oreja a oreja – Venga, va, vamos a pasear por Madrid.
-¿Pero eres tonto? – digo apartándome de él, a lo que él responde con una mala cara – Dani, no podemos pasear juntos, ya sabes lo que pasa. Y no queremos que pase. – resopla y me suelta, dando un paso hacia atrás.
-¿Y por qué no queremos que pase? Ya llevamos un tiempo juntos, somos felices así. ¿Por qué esconderlo?
-¿Y por qué no? – replico rápida, cruzándome de brazos.
-Vale – vuelve a resoplar, girándose y cogiendo su chaqueta – pues ya nos veremos luego.
-Pero, ¿dónde vas? – digo preocupada siguiéndole hacia la puerta.
-A pasear – contesta antes de salir y pegar un portazo.

Me quedo ahí plantada oyendo como baja por las escaleras y se va sin darme ninguna explicación. No entiendo lo que acaba de pasar. No es la primera vez que hablamos de esto, de esconderlo, de que nos dejen tranquilos… ¿Por qué vuelve a insistir? Agacho la cabeza entristecida y me dirijo a la habitación para cambiarme de ropa e ir a comprar algo para comer, ya que la nevera no está muy llena. Al llegar, veo un cajón de Dani abierto, raro en él, que es el señor del orden y la perfección. Me asomo para ver qué hay y veo una gorra, unas gafas de sol y una bufanda. Me siento en la cama con la bufanda en la mano, me suena muchísimo… Y entonces lo recuerdo.

-Hola, encantado, soy Dani Martínez – dijo Dani tendiéndome la mano.
-¿Eres tonto? – contesté lo más borde posible.
-¿Anna? – dijo absolutamente alucinado.
-No, Isabel Pantoja – solté, esquivándole y dirigiéndome a mi camerino.
-Pero bueno – empezó a reír como un desesperado – ¿dónde vas así? ¡Flo, Flo! – empezó a gritar hacia la puerta de Flo – Mira, ven, ¡corre! – me giré para echarle una mirada enfurecida y entré en mi camerino, ignorándole.
-¿Qué pasa? – dijo Flo al salir.
-Ven corre – escuché como venían hacia mi camerino, así que abrí la puerta para esperarlos con los brazos cruzados – mira, ¡mira! – rompieron a reír los dos y yo agaché la cabeza, enfurecida, esperando a que acabaran.
-¿Ya? – dije irónica.
-Pero bueno, Annita, ¿qué haces así? – preguntó Flo.
-Tengo frío, estoy resfriada y pretendo prevenir una gripe – dije contundentemente borde. Dani no paraba de reír.
-Ah bueno, así me gusta, que mires por tu trabajo. Dani, no te rías, que es más profesional que tú. – le dio un golpe en el brazo, él se tapó la boca y afirmó con la cabeza.
-Bueno, Simon, ahora te traigo una mantita, ¿eh? No vaya a ser que te resfríes más, que igual esa bufanda no te tapa lo suficiente – volvió a reír a carcajada limpia y Flo no pudo aguantarse más.
-Vete a la mierda.

Cerré la puerta de golpe y no volví a dirigirle la palabra en todo el día, excepto cuando el guion me lo exigía... Estaba realmente dolida. Pero ahora la cuestión no es esa… La cuestión es… ¿Qué hace él con mi bufanda? Cómo puede ser que la tenga si no me la puse nunca más, encima por su culpa… ¿Y si…? Sí, debe ser eso. Sonrío, me ducho y me visto con un chándal, las gafas, la gorra y mi bufanda y me voy en busca de Dani.

Me cuesta llegar al parque puesto a que la última vez que estuve aquí todavía no sé cómo lo hice, pero recordaba calles y tiendas y al final lo he conseguido. Empiezo a buscar entre la gente: hay quien corre, quien pasea al perro, abuelos que dan una vuelta… Pero poca gente. Normal, siendo un lunes a las 11 de la mañana. Voy adentrándome por este lugar tan precioso como solitario y llego al banco donde me lo encontré… Y ahí está. Sentado mirando el bonito y gran paisaje de Madrid a nuestros pies.

 -Y después me llamas a mi abuela – digo sentándome a su lado, mirando al frente.
-Porque tú ahora mismo sacarías lana y te pondrías a tejer – sonríe – Eso nos diferencia. Yo contemplo lo que veo.
-Yo también lo contemplo, tejiendo no podría – ríe tímido y me mira. Ladeo la cabeza y le sonrío, aunque no pueda verme por la grande bufanda que llevo.
-¿Has rebuscado entre mis cosas? – dice divertido.
-No creo que te hayas dejado el cajón abierto a posta… – digo girándome otra vez – ¿De dónde lo has sacado?
-De tu casa, lo encontré el sábado y no pude evitar requisártelo – dice intentando reprimir una risa.
-Ríete… Pero creo que esto es una
-Solución – dice cortándome y mirándome de nuevo, haciendo que ladee la cabeza para perderme en sus ojos ilusionados.
-Exacto… – sonrío tímida – ¿No era mejor explicármelo a parte de montarme el numerito?
-Quería contártelo… – agacha la cabeza – pero la situación ha podido conmigo…
-Dani… – susurro acariciándole la cara.
-No, estoy bien –sonríe – Si tengo que salir a pasear agarrado de la mano de Isabel Pantoja lo haré.
-No están las cosas ahora como para que me compares con ella – reímos.
-Bueno, yo también me taparé para que no me reconozcan. ¿Qué te parece?
-Que este parque es estupendo para venir a pasar ratitos libres que tengamos – sonrío.
-Lo sé – sonríe conmigo y me baja la bufanda para verme los labios. Dirige su mirada hacia mis ojos y los vuelve a bajar. Con todo el tiempo que llevamos juntos y no me acostumbro a esto, a sus ojos cerca de mí, a su sonrisa pícara y deseosa, a sus dedos acariciando mi cara… Me pongo roja y se da cuenta, volviéndome a acariciar la mejilla – Te quiero tanto… – susurra. Me quedo callada, cortada, y esta vez soy yo quien le acaricia a él la barba de dos días que lleva. Se acerca lentamente a mí y funde nuestros labios en un largo y sentido beso. Al separarse suspiro, feliz.
-Me has asustado antes… – susurro a pocos centímetros de él.
-¿Por el portazo? – ríe – Ya te lo dije, no pienso volver a perderte, Anna. – y vuelve a besarme. Le rodeo el cuello con los brazos y le acaricio el pelo, saboreando sus labios. Él me abraza fuerte por la espalda, evitando que me escape, sonriendo y besándome sin parar. Al separarnos, nos quedamos callados mirándonos fijamente, sonriendo. – ¿Vamos a pasear? – afirmo con la cabeza y me levanto, cogiéndole de la mano, entrelazando nuestros dedos y empezando a caminar por los caminitos del parque. – Me hace tan feliz esto, Anna – dice apretándome la mano.
-Y a mí, de verdad – sonrío mirándole – A veces siento que nuestra relación no va a ningún sitio, siempre escondidos, siempre corriendo de un lado a otro… Al menos así…
-Sí… – contesta como si leyera mis pensamientos – Aunque sea a escondidas igual, aunque parezcamos unos fugitivos escondidos detrás de las bufandas y las gorras… Estar así me reconforta.
-¿Qué pasará en verano? – digo parándome y mirándole preocupada, aunque divertida.
-Pues que pasaremos mucho calor con todo este ropaje – rompe a reír y me lleva de la cintura hacia a él para besarme de nuevo, abrazados, sin que nos importe nada ni nadie.

Estamos un par de horitas ahí, paseando, hablando, riendo… Pero él había quedado con Flo para comer, así que nuestra felicidad se disuelve para volver al trabajo. Yo voy a casa a comer y a prepararme para ir a El Hormiguero y vuelve mi preocupación. ¿Qué querrá Flo? ¿Por qué quiere verme a solas para cenar? Los nervios van aumentando a medida que pasan las horas y no logro concentrarme en mi sección, en los ensayos, y Pablo me lo echa en cara. Él no sabe nada de lo de Dani, así que me excuso diciendo que no me encuentro muy bien… Pero bueno, durante la grabación estoy como siempre, suelta y divertida, así que no me vuelve a reñir y me felicita por haberlo hecho “lo mejor posible”. Al acabar, voy rápido al camerino, me cambio y salgo corriendo para ver a Flo… Que ahí está, dentro de su coche, esperando a que salga. Al verle, voy corriendo hacia él, que sale del coche y me espera con los brazos abiertos, sabiendo que iba a tirarme a su cuello para abrazarle.

-¡Flo! – grito entre sus brazos.
-¡Annita! – dice imitando mi tono. Bueno, por lo menos sé que está contento.
-Que ganas tenía de verte – digo después de darle dos besos.
-Y yo a ti, hace demasiado que no nos vemos.
-Lo sé, lo siento.
-No pasa nada, tonta, sé que es por trabajo. Estoy muy orgulloso de ti. – y me besa nuevamente en la mejilla. Sonrío y me pongo roja, siempre me trata tan bien, tan cariñoso, tan fraternal. – venga, vamos a cenar, que tenemos muchas cosas de qué hablar.
-¿Me tengo que preocupar? – digo ya preocupada. Su carcajada me hace entender que no, así que me relajo y subo al coche. Enciende el motor, pone un CD y arranca. El silencio se apodera del coche y los nervios invaden mi barriga. ¿Qué querrá decirme? 

divendres, 20 de febrer del 2015

43. Ya no sabría vivir sin ti.

Los días van pasando y nuestro amor es más fuerte. Anna tiene mil proyectos y está feliz de verse así, envuelta entre tanto trabajo. Dice que quiere aprovechar ahora que la quieren hasta que se acabe su popularidad… La tonta no se da cuenta que la quieren por lo que hace, no por quien es o por si es o no popular.
Vivimos juntos, en su piso, y muchos fines de semana nos escapamos a Mollet para ver series tumbados en el sofá tapados con la manta. Ya no nos peleamos, nada nos separa: acabé el rodaje en Aída, donde estuve con muchas mujeres, incluida Cristina, y no se puso celosa. Entendió que es cosa del trabajo y que yo solo la quiero a ella. Eso afianzó todavía más nuestra relación. Parece que llevemos años juntos y se podría decir que solo han pasado meses. Unos meses tranquilos, felices, deseados. Quien nos lo iba a decir en TLJ que acabaríamos así, como una pareja formal, viviendo juntos y yendo de un lado para otro…

Por mi parte, vuelvo a tener proyectos. Después del final inesperado de Aída y de mi gira con MQNEB, Flo ha vuelto a contactar conmigo. Quiere volver a la televisión, en un programa de humor puro, para llenar de felicidad las casas de la gente en estos tiempos tan difíciles. Es imposible decirle que no a un gran artista como él, y todavía más cuando es tu mejor amigo. Se lo comenté a Anna, pero está atada a Atresmedia y el proyecto de Flo es en Mediaset, así que será imposible verla con nosotros, pero aun así está contenta e ilusionada. También tenemos pensado hacer un show los dos, contando nuestras batallitas y recordando los viejos tiempos, girando por toda España, acercando la risa a la gente. 

-Esto es maravilloso, Dani – me decía Anna – volver a revivir los momentos de TLJ, donde todo surgió, donde todo cambió… Y no hablo solo de nuestra relación, sino de la amistad de todos. Me parece un proyecto precioso. Me encantaría poder acompañaros…
-Hazlo, Anna. Ven con nosotros de gira.
-Olvidas que yo no soy cómica. – dijo entre risas.
-¿Y qué? Eres tontaca, como nosotros. Solo tienes que venir, hacer tu papel, seguir el guión. Lo hacías en pantalla, ¿por qué no ahora?
-Porque las cosas han cambiado – se puso seria – Yo ahora estoy con otros proyectos, cosas distintas. No puedo volver al pasado, volver a iniciar lo que ya viví. Me hace muy feliz por vosotros, pero no puedo dejar lo que ya tengo aquí atado para ir de ciudad en ciudad haciendo algo que no es lo mío.
-Los fans estarían contentos de verte con nosotros, de verte conmigo.
-Eso sería lo peor. Volverían los rumores, las peleas, las historias… Ya tuvimos bastante, ¿no crees? Prefiero verlo de lejos, saber qué vais a hacer, apoyaros en las sombras – se puso a reír con esa carcajada suya característica.
-Está bien, pero a Flo no le va a gustar tu respuesta – dije intentando hacerla cambiar de opinión.
-Mi padre me apoya en todo lo que pienso – contestó burlona – Deberías empezar a hacerlo tú también – me cogió las mejillas cariñosamente y me besó, sonriendo al apartarse – Confío en vosotros, sé que saldrá todo perfecto.

Yo también la apoyo en todo, por mucho que no lo quiera ver. Lo que pasa es que sigue resentida conmigo por una pequeña discusión que tuvimos un día que fui al rodaje de TCMS mini. La vi abrazándose con Lucho, el supuesto novio que tuvo después de dejarlo conmigo y me enfurecí…


-Daniel, te estoy diciendo que no hay nada entre nosotros, ¿se puede saber por qué te pones así?
-¿Cómo quieres que me ponga? Te veo abrazándote con él tan cariñosa después de saber que estuvisteis a punto de liaros cuando nosotros lo dejamos y…
-¡Y dale! – me cortó – ¡Que no pasó nada! ¿Te echo en cara yo lo de Cristina? ¿Lo hago? ¡Te recuerdo que yo os pillé besándoos!
-Me besó ella – bajé el tono, dándome cuenta que ella tenía razón – Anna, lo siento, te lo he dicho mil veces, soy un capullo celoso que no quiere verte con nadie más.
-Pues esto es un problema, porque trabajo rodeada de señores. ¿Qué hago? ¿no hablo con ninguno? – seguía a la defensiva.
-No… Perdóname.
-Vete al hotel, ya lo hablaremos cuando vuelva.

Pero no lo volvimos a hablar. Le preparé una magnífica cena (del chino), le pedí disculpas en todos los idiomas y con todas las excusas e hicimos el amor de la manera más romántica posible, zanjando así un tema del que nunca volvimos a hablar… Y creo que fue la última discusión que tuvimos. Hubo celos, sí, pero siempre en silencio. No quería volverla a perder. Y parece que lo he conseguido.

-¡Dani! – me llama Anna desde la habitación – Cada domingo lo mismo, hijo. Venga, prepara la maleta que nos volvemos para Madrid.
-Oye, pues la verdad es que Mollet me gusta bastante, ¿eh? – digo de camino a sus reproches – es tranquilo, silencioso… No nos ha dado nunca ningún problema. Me gusta, me gusta – digo cogiendo la maleta y empezando a llenarla de ropa.
-Y no querías venir… – dice con una sonrisa – si ya te lo dije, que aquí ni prensa, ni agobios, ni nada. Solos tú y yo – Rym, su perra, salta encima de la cama y empieza a ladrad, como si la hubiese entendido – y tú, preciosa, ¡y tú! – dice abrazándola y dándole besos. La tiene demasiado mimada, pero la verdad es que es una buena perra. Hace caso en todo, no ensucia, no molesta… Un cielo. Y como si hubiese leído mis pensamientos, otra vez, se lanza sobre de mi para lamerme la cara – Oye, te adora, ¿eh? Desde el primer día, además… ¡A ver si se habrá enamorado de ti! Rym, al papa no, ¿eh? – dice riendo y apartándola de mí.
-Normal, como no se va a enamorar de mi… Ha sido hasta más rápida que tú… – Anna hace una mueca y me acerco a ella – Pero a ti no te cambiaria nunca por nadie – la cojo por la cintura y la acerco a mí para besarla. Sonríe y me sigue el beso, enredando sus dedos en mi pelo.
-Más te vale – dice separándose y volviendo a la faena.
-Ya no sabría vivir sin ti – digo continuando con lo mío, hablando sin mirarla – Ya me he acostumbrado a tus ronquidos, a tus patadas, a tus horas del cigarro, a tu lista de reproducción de la ducha, a tus cantes siguiéndola, a tus madrugones para sacar a Rym, a tus cenas light, a tus atracones al pan bimbo con nocilla, a tu hora de la siesta… – Sonrío – y a tus abrazos, a tus besos, a tus gritos, tus gemidos… – levanto la vista para mirarla y la veo concentrada en mis labios, con los ojos llorosos – ¿Qué? – digo preocupado. Se lanza sobre mí, abrazándome con fuerza, con los brazos rodeando mi cuello, besando mi mejilla. La rodeo con mis brazos y la aprieto por la espalda hacia mí, con una gran sonrisa. – ¿Te he emocionado? ¿Es eso? –Afirma con la cabeza y suelto una carcajada tímida. – Para una vez que muestro mis sentimientos…
-Sí, podrías hacerlo más – dice todavía pegada a mí.
-Si vas a reaccionar así voy a tener que pensarlo en serio. – suelta una risita y me besa, después de mirarme fijamente a los ojos – Eres preciosa – le digo al separarnos de nuevo.
-Y tú un fantasma – vuelve a ponerse dura, no le gusta mostrarse débil – venga, acaba la maleta y vámonos, que como perdamos el avión…
-¿Qué habría de malo?
-Pues que no podríamos volver hasta mañana. – sigo sin verle lo malo, se da cuenta y hace un suspiro – Mañana tengo sección en El Hormiguero, y tengo que ensayar. Y tú también tienes cosas por hacer.
-Bueno pero a Flo no le viene de un día.
-Sí, sí le viene. Venga, no seas tonto.

Cuando le entra una cosa en la cabeza no hay quien le haga cambiar de opinión, así que mi intento fallido de quedarnos un día más en su pueblo se destruye del todo. Cuando acabamos de arreglarlo todo, cogemos un taxi y nos vamos para el aeropuerto.

Narra Anna

Una vez en casa, en Madrid, me pongo a preparar la cena y Dani llamo a Flo para concretar la cita de mañana.

-Anna, dice Flo que te pongas – dice pasándome el teléfono.
-¡Padre! – digo contenta.
-¡Annita! –contesta Flo – Oye, ¿mañana a las cuatro qué haces?
-Pues ensayar, estaré toda la tarde en el plató. ¿Por?
-Oh, claro… No, para que te vinieras con nosotros.
-Ah… Lo siento, tengo trabajo… – me duele de verdad no poder verle. Siempre que tienen planes para mí nunca puedo ir y no hay nada que me duela más.
-¿Y el martes por la mañana trabajas?
-Pues me parece que no tengo nada. ¿Quieres ir a desayunar conmigo? – grito emocionada.
-No, no. Lo digo para salir a cenar mañana, así si se alarga no pasa nada – ríe.
-Oh, bueno, vale. Yo salgo a las 10 de allí. ¿Se lo comento a Dani?
-No – me corta antes que diga nada más – no le digas nada. – me quedo extrañada y miro a Dani, que estaba en el comedor viendo la tele, ignorando nuestra conversación – Quiero quedar a solas contigo, para hablar. Si está él no nos dejará tranquilos – vuelve a reír.
-Ah, vale, entiendo – digo fingiendo entenderlo todo, pero no comprendo nada. ¿Flo evitando a Dani? No me cuadra. Si se pasa el día llamándole para quedar y salir por ahí, que parece que no pueda vivir sin él…
-Pues mañana te paso a buscar por el plató, ¿vale? Así saludo a la gentucilla de allí. Invéntate alguna excusa para Dani, no le digas que vas conmigo.
-¿Cómo? – eso me deja todavía más helada. Una cosa es no dejarle venir para estar solas, y la otra es mentirle por toda la cara. En ese momento Dani se levanta y vuelve a la cocina.
-Bueno que, ¿vamos terminando? ¡Que estoy pagando yo! – grita cerca del teléfono para que Flo le oiga, quien se pone a reír.
-Cabroncete, ¿qué te pasa? ¿ya se te ha pegado el catalanismo de Anna o qué? – contesta Flo divertido.
-¡Oye! Vete a la mierda – grito mientras Dani me quita el teléfono.
-Venga, abuelo, a dormir que ya son horas. Hasta mañana. – y cuelga – ¿qué quería? – dice intrigado.
-Oh, nada, hablar un rato. Hace mucho que no nos vemos – miento. Intento sonreír para que me crea, pero hace una pequeña mueca. Me conoce demasiado.
-¿Simon…? – dice con una sonrisa pícara.
-Que no quería nada, ¡pesado! – digo dándole un golpe en el pecho entre risas – Venga, prepara la mesa que esto ya está. – me acerca a él con una mano en la espalda y con la otra me coge de la mejilla y me besa dulcemente.
-Voy – y se va hacia el comedor sin preguntar nada más.

Me quedo quieta en la cocina, espiándole, pensando en las palabras de Flo, intrigada. ¿Qué querrá decirme? Me entra un nudo en el estómago y Dani viene a buscar los platos y la cena, así que vuelvo a sonreír como si nada pasara y le sigo hacia el comedor, donde ya tiene parada la mesa y me espera con una gran sonrisa, feliz. Bueno, sea lo que sea lo que tenga que decirme, no creo que sea nada malo, sino él no estaría así…