Los días van
pasando y nuestro amor es más fuerte. Anna tiene mil proyectos y está feliz de
verse así, envuelta entre tanto trabajo. Dice que quiere aprovechar ahora que
la quieren hasta que se acabe su popularidad… La tonta no se da cuenta que la
quieren por lo que hace, no por quien es o por si es o no popular.
Vivimos juntos,
en su piso, y muchos fines de semana nos escapamos a Mollet para ver series
tumbados en el sofá tapados con la manta. Ya no nos peleamos, nada nos separa:
acabé el rodaje en Aída, donde estuve con muchas mujeres, incluida Cristina, y
no se puso celosa. Entendió que es cosa del trabajo y que yo solo la quiero a
ella. Eso afianzó todavía más nuestra relación. Parece que llevemos años juntos
y se podría decir que solo han pasado meses. Unos meses tranquilos, felices,
deseados. Quien nos lo iba a decir en TLJ que acabaríamos así, como una pareja
formal, viviendo juntos y yendo de un lado para otro…
Por mi parte,
vuelvo a tener proyectos. Después del final inesperado de Aída y de mi gira con
MQNEB, Flo ha vuelto a contactar conmigo. Quiere volver a la televisión, en un
programa de humor puro, para llenar de felicidad las casas de la gente en estos
tiempos tan difíciles. Es imposible decirle que no a un gran artista como él, y
todavía más cuando es tu mejor amigo. Se lo comenté a Anna, pero está atada a
Atresmedia y el proyecto de Flo es en Mediaset, así que será imposible verla
con nosotros, pero aun así está contenta e ilusionada. También tenemos pensado
hacer un show los dos, contando nuestras batallitas y recordando los viejos
tiempos, girando por toda España, acercando la risa a la gente.
-Esto es
maravilloso, Dani – me decía Anna – volver a revivir los momentos de TLJ, donde
todo surgió, donde todo cambió… Y no hablo solo de nuestra relación, sino de la
amistad de todos. Me parece un proyecto precioso. Me encantaría poder
acompañaros…
-Hazlo, Anna. Ven
con nosotros de gira.
-Olvidas que yo
no soy cómica. – dijo entre risas.
-¿Y qué? Eres
tontaca, como nosotros. Solo tienes que venir, hacer tu papel, seguir el guión.
Lo hacías en pantalla, ¿por qué no ahora?
-Porque las cosas
han cambiado – se puso seria – Yo ahora estoy con otros proyectos, cosas
distintas. No puedo volver al pasado, volver a iniciar lo que ya viví. Me hace
muy feliz por vosotros, pero no puedo dejar lo que ya tengo aquí atado para ir
de ciudad en ciudad haciendo algo que no es lo mío.
-Los fans
estarían contentos de verte con nosotros, de verte conmigo.
-Eso sería lo
peor. Volverían los rumores, las peleas, las historias… Ya tuvimos bastante,
¿no crees? Prefiero verlo de lejos, saber qué vais a hacer, apoyaros en las
sombras – se puso a reír con esa carcajada suya característica.
-Está bien, pero
a Flo no le va a gustar tu respuesta – dije intentando hacerla cambiar de opinión.
-Mi padre me
apoya en todo lo que pienso – contestó burlona – Deberías empezar a hacerlo tú
también – me cogió las mejillas cariñosamente y me besó, sonriendo al apartarse
– Confío en vosotros, sé que saldrá todo perfecto.
Yo también la
apoyo en todo, por mucho que no lo quiera ver. Lo que pasa es que sigue
resentida conmigo por una pequeña discusión que tuvimos un día que fui al
rodaje de TCMS mini. La vi abrazándose con Lucho, el supuesto novio que tuvo
después de dejarlo conmigo y me enfurecí…
-Daniel, te estoy
diciendo que no hay nada entre nosotros, ¿se puede saber por qué te pones así?
-¿Cómo quieres
que me ponga? Te veo abrazándote con él tan cariñosa después de saber que
estuvisteis a punto de liaros cuando nosotros lo dejamos y…
-¡Y dale! – me
cortó – ¡Que no pasó nada! ¿Te echo en cara yo lo de Cristina? ¿Lo hago? ¡Te
recuerdo que yo os pillé besándoos!
-Me besó ella –
bajé el tono, dándome cuenta que ella tenía razón – Anna, lo siento, te lo he
dicho mil veces, soy un capullo celoso que no quiere verte con nadie más.
-Pues esto es un
problema, porque trabajo rodeada de señores. ¿Qué hago? ¿no hablo con ninguno? –
seguía a la defensiva.
-No… Perdóname.
-Vete al hotel,
ya lo hablaremos cuando vuelva.
Pero no lo
volvimos a hablar. Le preparé una magnífica cena (del chino), le pedí disculpas
en todos los idiomas y con todas las excusas e hicimos el amor de la manera más
romántica posible, zanjando así un tema del que nunca volvimos a hablar… Y creo
que fue la última discusión que tuvimos. Hubo celos, sí, pero siempre en
silencio. No quería volverla a perder. Y parece que lo he conseguido.
-¡Dani! – me llama
Anna desde la habitación – Cada domingo lo mismo, hijo. Venga, prepara la maleta
que nos volvemos para Madrid.
-Oye, pues la
verdad es que Mollet me gusta bastante, ¿eh? – digo de camino a sus reproches –
es tranquilo, silencioso… No nos ha dado nunca ningún problema. Me gusta, me
gusta – digo cogiendo la maleta y empezando a llenarla de ropa.
-Y no querías
venir… – dice con una sonrisa – si ya te lo dije, que aquí ni prensa, ni agobios,
ni nada. Solos tú y yo – Rym, su perra, salta encima de la cama y empieza a
ladrad, como si la hubiese entendido – y tú, preciosa, ¡y tú! – dice abrazándola
y dándole besos. La tiene demasiado mimada, pero la verdad es que es una buena
perra. Hace caso en todo, no ensucia, no molesta… Un cielo. Y como si hubiese leído
mis pensamientos, otra vez, se lanza sobre de mi para lamerme la cara – Oye, te
adora, ¿eh? Desde el primer día, además… ¡A ver si se habrá enamorado de ti! Rym,
al papa no, ¿eh? – dice riendo y apartándola de mí.
-Normal, como no
se va a enamorar de mi… Ha sido hasta más rápida que tú… – Anna hace una mueca
y me acerco a ella – Pero a ti no te cambiaria nunca por nadie – la cojo por la
cintura y la acerco a mí para besarla. Sonríe y me sigue el beso, enredando sus
dedos en mi pelo.
-Más te vale –
dice separándose y volviendo a la faena.
-Ya no sabría vivir sin ti – digo continuando con lo
mío, hablando sin mirarla – Ya me he acostumbrado a tus ronquidos, a tus
patadas, a tus horas del cigarro, a tu lista de reproducción de la ducha, a tus
cantes siguiéndola, a tus madrugones para sacar a Rym, a tus cenas light, a tus
atracones al pan bimbo con nocilla, a tu hora de la siesta… – Sonrío – y a tus
abrazos, a tus besos, a tus gritos, tus gemidos… – levanto la vista para
mirarla y la veo concentrada en mis labios, con los ojos llorosos – ¿Qué? –
digo preocupado. Se lanza sobre mí, abrazándome con fuerza, con los brazos
rodeando mi cuello, besando mi mejilla. La rodeo con mis brazos y la aprieto
por la espalda hacia mí, con una gran sonrisa. – ¿Te he emocionado? ¿Es eso? –Afirma
con la cabeza y suelto una carcajada tímida. – Para una vez
que muestro mis sentimientos…
-Sí, podrías
hacerlo más – dice todavía pegada a mí.
-Si vas a
reaccionar así voy a tener que pensarlo en serio. – suelta una risita y me
besa, después de mirarme fijamente a los ojos – Eres preciosa – le digo al
separarnos de nuevo.
-Y tú un fantasma
– vuelve a ponerse dura, no le gusta mostrarse débil – venga, acaba la maleta y
vámonos, que como perdamos el avión…
-¿Qué habría de
malo?
-Pues que no
podríamos volver hasta mañana. – sigo sin verle lo malo, se da cuenta y hace un
suspiro – Mañana tengo sección en El Hormiguero, y tengo que ensayar. Y tú también
tienes cosas por hacer.
-Bueno pero a Flo
no le viene de un día.
-Sí, sí le viene.
Venga, no seas tonto.
Cuando le entra
una cosa en la cabeza no hay quien le haga cambiar de opinión, así que mi
intento fallido de quedarnos un día más en su pueblo se destruye del todo. Cuando
acabamos de arreglarlo todo, cogemos un taxi y nos vamos para el aeropuerto.
Narra Anna
Una vez en casa,
en Madrid, me pongo a preparar la cena y Dani llamo a Flo para concretar la
cita de mañana.
-Anna, dice Flo
que te pongas – dice pasándome el teléfono.
-¡Padre! – digo
contenta.
-¡Annita! –contesta
Flo – Oye, ¿mañana a las cuatro qué haces?
-Pues ensayar,
estaré toda la tarde en el plató. ¿Por?
-Oh, claro… No,
para que te vinieras con nosotros.
-Ah… Lo siento,
tengo trabajo… – me duele de verdad no poder verle. Siempre que tienen planes
para mí nunca puedo ir y no hay nada que me duela más.
-¿Y el martes por
la mañana trabajas?
-Pues me parece
que no tengo nada. ¿Quieres ir a desayunar conmigo? – grito emocionada.
-No, no. Lo digo
para salir a cenar mañana, así si se alarga no pasa nada – ríe.
-Oh, bueno, vale.
Yo salgo a las 10 de allí. ¿Se lo comento a Dani?
-No – me corta
antes que diga nada más – no le digas nada. – me quedo extrañada y miro a Dani,
que estaba en el comedor viendo la tele, ignorando nuestra conversación –
Quiero quedar a solas contigo, para hablar. Si está él no nos dejará tranquilos
– vuelve a reír.
-Ah, vale,
entiendo – digo fingiendo entenderlo todo, pero no comprendo nada. ¿Flo
evitando a Dani? No me cuadra. Si se pasa el día llamándole para quedar y salir
por ahí, que parece que no pueda vivir sin él…
-Pues mañana te
paso a buscar por el plató, ¿vale? Así saludo a la gentucilla de allí. Invéntate
alguna excusa para Dani, no le digas que vas conmigo.
-¿Cómo? – eso me
deja todavía más helada. Una cosa es no dejarle venir para estar solas, y la
otra es mentirle por toda la cara. En ese momento Dani se levanta y vuelve a la
cocina.
-Bueno que,
¿vamos terminando? ¡Que estoy pagando yo! – grita cerca del teléfono para que
Flo le oiga, quien se pone a reír.
-Cabroncete, ¿qué
te pasa? ¿ya se te ha pegado el catalanismo de Anna o qué? – contesta Flo
divertido.
-¡Oye! Vete a la
mierda – grito mientras Dani me quita el teléfono.
-Venga, abuelo, a
dormir que ya son horas. Hasta mañana. – y cuelga – ¿qué quería? – dice
intrigado.
-Oh, nada, hablar
un rato. Hace mucho que no nos vemos – miento. Intento sonreír para que me crea,
pero hace una pequeña mueca. Me conoce demasiado.
-¿Simon…? – dice
con una sonrisa pícara.
-Que no quería
nada, ¡pesado! – digo dándole un golpe en el pecho entre risas – Venga, prepara
la mesa que esto ya está. – me acerca a él con una mano en la espalda y con la
otra me coge de la mejilla y me besa dulcemente.
-Voy – y se va
hacia el comedor sin preguntar nada más.
Me quedo quieta
en la cocina, espiándole, pensando en las palabras de Flo, intrigada. ¿Qué
querrá decirme? Me entra un nudo en el estómago y Dani viene a buscar los
platos y la cena, así que vuelvo a sonreír como si nada pasara y le sigo hacia el
comedor, donde ya tiene parada la mesa y me espera con una gran sonrisa, feliz.
Bueno, sea lo que sea lo que tenga que decirme, no creo que sea nada malo, sino
él no estaría así…
enamorada de tu historia de principio a fin , se echaban de menos los capítulos :)
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