dilluns, 23 de febrer del 2015

44. Vamos a pasear.

Al despertar, Dani está energético y contento. Prepara el desayuno, arregla la habitación, se ducha… todo con una gran sonrisa y una vitalidad que ya conozco en él. Siempre que se comporta así es porque ha pasado algo, algo bueno, algo que le alegra.

-Vamos, abuela, que eres muy lenta – dice empujándome para que vaya a ducharme.
-Ai Dani, hijo, yo hasta después de comer no tengo que ir a trabajar, déjame – me quejo.
-Pero bueno, ¿es que piensas quedarte toda la mañana encerrada en casa?
-Hombre, por supuesto – ríe – Tengo una semana ajetreada y ya que tengo una mañana para mí…
-Has tenido un fin de semana entero para ti – replica – En tu pueblo, tranquila, en el sofá, con la perra…
-Y con el perro – digo cortándole. Suelta una carcajada y me besa agarrándome la cara.
-Exacto – sonríe pícaro de oreja a oreja – Venga, va, vamos a pasear por Madrid.
-¿Pero eres tonto? – digo apartándome de él, a lo que él responde con una mala cara – Dani, no podemos pasear juntos, ya sabes lo que pasa. Y no queremos que pase. – resopla y me suelta, dando un paso hacia atrás.
-¿Y por qué no queremos que pase? Ya llevamos un tiempo juntos, somos felices así. ¿Por qué esconderlo?
-¿Y por qué no? – replico rápida, cruzándome de brazos.
-Vale – vuelve a resoplar, girándose y cogiendo su chaqueta – pues ya nos veremos luego.
-Pero, ¿dónde vas? – digo preocupada siguiéndole hacia la puerta.
-A pasear – contesta antes de salir y pegar un portazo.

Me quedo ahí plantada oyendo como baja por las escaleras y se va sin darme ninguna explicación. No entiendo lo que acaba de pasar. No es la primera vez que hablamos de esto, de esconderlo, de que nos dejen tranquilos… ¿Por qué vuelve a insistir? Agacho la cabeza entristecida y me dirijo a la habitación para cambiarme de ropa e ir a comprar algo para comer, ya que la nevera no está muy llena. Al llegar, veo un cajón de Dani abierto, raro en él, que es el señor del orden y la perfección. Me asomo para ver qué hay y veo una gorra, unas gafas de sol y una bufanda. Me siento en la cama con la bufanda en la mano, me suena muchísimo… Y entonces lo recuerdo.

-Hola, encantado, soy Dani Martínez – dijo Dani tendiéndome la mano.
-¿Eres tonto? – contesté lo más borde posible.
-¿Anna? – dijo absolutamente alucinado.
-No, Isabel Pantoja – solté, esquivándole y dirigiéndome a mi camerino.
-Pero bueno – empezó a reír como un desesperado – ¿dónde vas así? ¡Flo, Flo! – empezó a gritar hacia la puerta de Flo – Mira, ven, ¡corre! – me giré para echarle una mirada enfurecida y entré en mi camerino, ignorándole.
-¿Qué pasa? – dijo Flo al salir.
-Ven corre – escuché como venían hacia mi camerino, así que abrí la puerta para esperarlos con los brazos cruzados – mira, ¡mira! – rompieron a reír los dos y yo agaché la cabeza, enfurecida, esperando a que acabaran.
-¿Ya? – dije irónica.
-Pero bueno, Annita, ¿qué haces así? – preguntó Flo.
-Tengo frío, estoy resfriada y pretendo prevenir una gripe – dije contundentemente borde. Dani no paraba de reír.
-Ah bueno, así me gusta, que mires por tu trabajo. Dani, no te rías, que es más profesional que tú. – le dio un golpe en el brazo, él se tapó la boca y afirmó con la cabeza.
-Bueno, Simon, ahora te traigo una mantita, ¿eh? No vaya a ser que te resfríes más, que igual esa bufanda no te tapa lo suficiente – volvió a reír a carcajada limpia y Flo no pudo aguantarse más.
-Vete a la mierda.

Cerré la puerta de golpe y no volví a dirigirle la palabra en todo el día, excepto cuando el guion me lo exigía... Estaba realmente dolida. Pero ahora la cuestión no es esa… La cuestión es… ¿Qué hace él con mi bufanda? Cómo puede ser que la tenga si no me la puse nunca más, encima por su culpa… ¿Y si…? Sí, debe ser eso. Sonrío, me ducho y me visto con un chándal, las gafas, la gorra y mi bufanda y me voy en busca de Dani.

Me cuesta llegar al parque puesto a que la última vez que estuve aquí todavía no sé cómo lo hice, pero recordaba calles y tiendas y al final lo he conseguido. Empiezo a buscar entre la gente: hay quien corre, quien pasea al perro, abuelos que dan una vuelta… Pero poca gente. Normal, siendo un lunes a las 11 de la mañana. Voy adentrándome por este lugar tan precioso como solitario y llego al banco donde me lo encontré… Y ahí está. Sentado mirando el bonito y gran paisaje de Madrid a nuestros pies.

 -Y después me llamas a mi abuela – digo sentándome a su lado, mirando al frente.
-Porque tú ahora mismo sacarías lana y te pondrías a tejer – sonríe – Eso nos diferencia. Yo contemplo lo que veo.
-Yo también lo contemplo, tejiendo no podría – ríe tímido y me mira. Ladeo la cabeza y le sonrío, aunque no pueda verme por la grande bufanda que llevo.
-¿Has rebuscado entre mis cosas? – dice divertido.
-No creo que te hayas dejado el cajón abierto a posta… – digo girándome otra vez – ¿De dónde lo has sacado?
-De tu casa, lo encontré el sábado y no pude evitar requisártelo – dice intentando reprimir una risa.
-Ríete… Pero creo que esto es una
-Solución – dice cortándome y mirándome de nuevo, haciendo que ladee la cabeza para perderme en sus ojos ilusionados.
-Exacto… – sonrío tímida – ¿No era mejor explicármelo a parte de montarme el numerito?
-Quería contártelo… – agacha la cabeza – pero la situación ha podido conmigo…
-Dani… – susurro acariciándole la cara.
-No, estoy bien –sonríe – Si tengo que salir a pasear agarrado de la mano de Isabel Pantoja lo haré.
-No están las cosas ahora como para que me compares con ella – reímos.
-Bueno, yo también me taparé para que no me reconozcan. ¿Qué te parece?
-Que este parque es estupendo para venir a pasar ratitos libres que tengamos – sonrío.
-Lo sé – sonríe conmigo y me baja la bufanda para verme los labios. Dirige su mirada hacia mis ojos y los vuelve a bajar. Con todo el tiempo que llevamos juntos y no me acostumbro a esto, a sus ojos cerca de mí, a su sonrisa pícara y deseosa, a sus dedos acariciando mi cara… Me pongo roja y se da cuenta, volviéndome a acariciar la mejilla – Te quiero tanto… – susurra. Me quedo callada, cortada, y esta vez soy yo quien le acaricia a él la barba de dos días que lleva. Se acerca lentamente a mí y funde nuestros labios en un largo y sentido beso. Al separarse suspiro, feliz.
-Me has asustado antes… – susurro a pocos centímetros de él.
-¿Por el portazo? – ríe – Ya te lo dije, no pienso volver a perderte, Anna. – y vuelve a besarme. Le rodeo el cuello con los brazos y le acaricio el pelo, saboreando sus labios. Él me abraza fuerte por la espalda, evitando que me escape, sonriendo y besándome sin parar. Al separarnos, nos quedamos callados mirándonos fijamente, sonriendo. – ¿Vamos a pasear? – afirmo con la cabeza y me levanto, cogiéndole de la mano, entrelazando nuestros dedos y empezando a caminar por los caminitos del parque. – Me hace tan feliz esto, Anna – dice apretándome la mano.
-Y a mí, de verdad – sonrío mirándole – A veces siento que nuestra relación no va a ningún sitio, siempre escondidos, siempre corriendo de un lado a otro… Al menos así…
-Sí… – contesta como si leyera mis pensamientos – Aunque sea a escondidas igual, aunque parezcamos unos fugitivos escondidos detrás de las bufandas y las gorras… Estar así me reconforta.
-¿Qué pasará en verano? – digo parándome y mirándole preocupada, aunque divertida.
-Pues que pasaremos mucho calor con todo este ropaje – rompe a reír y me lleva de la cintura hacia a él para besarme de nuevo, abrazados, sin que nos importe nada ni nadie.

Estamos un par de horitas ahí, paseando, hablando, riendo… Pero él había quedado con Flo para comer, así que nuestra felicidad se disuelve para volver al trabajo. Yo voy a casa a comer y a prepararme para ir a El Hormiguero y vuelve mi preocupación. ¿Qué querrá Flo? ¿Por qué quiere verme a solas para cenar? Los nervios van aumentando a medida que pasan las horas y no logro concentrarme en mi sección, en los ensayos, y Pablo me lo echa en cara. Él no sabe nada de lo de Dani, así que me excuso diciendo que no me encuentro muy bien… Pero bueno, durante la grabación estoy como siempre, suelta y divertida, así que no me vuelve a reñir y me felicita por haberlo hecho “lo mejor posible”. Al acabar, voy rápido al camerino, me cambio y salgo corriendo para ver a Flo… Que ahí está, dentro de su coche, esperando a que salga. Al verle, voy corriendo hacia él, que sale del coche y me espera con los brazos abiertos, sabiendo que iba a tirarme a su cuello para abrazarle.

-¡Flo! – grito entre sus brazos.
-¡Annita! – dice imitando mi tono. Bueno, por lo menos sé que está contento.
-Que ganas tenía de verte – digo después de darle dos besos.
-Y yo a ti, hace demasiado que no nos vemos.
-Lo sé, lo siento.
-No pasa nada, tonta, sé que es por trabajo. Estoy muy orgulloso de ti. – y me besa nuevamente en la mejilla. Sonrío y me pongo roja, siempre me trata tan bien, tan cariñoso, tan fraternal. – venga, vamos a cenar, que tenemos muchas cosas de qué hablar.
-¿Me tengo que preocupar? – digo ya preocupada. Su carcajada me hace entender que no, así que me relajo y subo al coche. Enciende el motor, pone un CD y arranca. El silencio se apodera del coche y los nervios invaden mi barriga. ¿Qué querrá decirme? 

divendres, 20 de febrer del 2015

43. Ya no sabría vivir sin ti.

Los días van pasando y nuestro amor es más fuerte. Anna tiene mil proyectos y está feliz de verse así, envuelta entre tanto trabajo. Dice que quiere aprovechar ahora que la quieren hasta que se acabe su popularidad… La tonta no se da cuenta que la quieren por lo que hace, no por quien es o por si es o no popular.
Vivimos juntos, en su piso, y muchos fines de semana nos escapamos a Mollet para ver series tumbados en el sofá tapados con la manta. Ya no nos peleamos, nada nos separa: acabé el rodaje en Aída, donde estuve con muchas mujeres, incluida Cristina, y no se puso celosa. Entendió que es cosa del trabajo y que yo solo la quiero a ella. Eso afianzó todavía más nuestra relación. Parece que llevemos años juntos y se podría decir que solo han pasado meses. Unos meses tranquilos, felices, deseados. Quien nos lo iba a decir en TLJ que acabaríamos así, como una pareja formal, viviendo juntos y yendo de un lado para otro…

Por mi parte, vuelvo a tener proyectos. Después del final inesperado de Aída y de mi gira con MQNEB, Flo ha vuelto a contactar conmigo. Quiere volver a la televisión, en un programa de humor puro, para llenar de felicidad las casas de la gente en estos tiempos tan difíciles. Es imposible decirle que no a un gran artista como él, y todavía más cuando es tu mejor amigo. Se lo comenté a Anna, pero está atada a Atresmedia y el proyecto de Flo es en Mediaset, así que será imposible verla con nosotros, pero aun así está contenta e ilusionada. También tenemos pensado hacer un show los dos, contando nuestras batallitas y recordando los viejos tiempos, girando por toda España, acercando la risa a la gente. 

-Esto es maravilloso, Dani – me decía Anna – volver a revivir los momentos de TLJ, donde todo surgió, donde todo cambió… Y no hablo solo de nuestra relación, sino de la amistad de todos. Me parece un proyecto precioso. Me encantaría poder acompañaros…
-Hazlo, Anna. Ven con nosotros de gira.
-Olvidas que yo no soy cómica. – dijo entre risas.
-¿Y qué? Eres tontaca, como nosotros. Solo tienes que venir, hacer tu papel, seguir el guión. Lo hacías en pantalla, ¿por qué no ahora?
-Porque las cosas han cambiado – se puso seria – Yo ahora estoy con otros proyectos, cosas distintas. No puedo volver al pasado, volver a iniciar lo que ya viví. Me hace muy feliz por vosotros, pero no puedo dejar lo que ya tengo aquí atado para ir de ciudad en ciudad haciendo algo que no es lo mío.
-Los fans estarían contentos de verte con nosotros, de verte conmigo.
-Eso sería lo peor. Volverían los rumores, las peleas, las historias… Ya tuvimos bastante, ¿no crees? Prefiero verlo de lejos, saber qué vais a hacer, apoyaros en las sombras – se puso a reír con esa carcajada suya característica.
-Está bien, pero a Flo no le va a gustar tu respuesta – dije intentando hacerla cambiar de opinión.
-Mi padre me apoya en todo lo que pienso – contestó burlona – Deberías empezar a hacerlo tú también – me cogió las mejillas cariñosamente y me besó, sonriendo al apartarse – Confío en vosotros, sé que saldrá todo perfecto.

Yo también la apoyo en todo, por mucho que no lo quiera ver. Lo que pasa es que sigue resentida conmigo por una pequeña discusión que tuvimos un día que fui al rodaje de TCMS mini. La vi abrazándose con Lucho, el supuesto novio que tuvo después de dejarlo conmigo y me enfurecí…


-Daniel, te estoy diciendo que no hay nada entre nosotros, ¿se puede saber por qué te pones así?
-¿Cómo quieres que me ponga? Te veo abrazándote con él tan cariñosa después de saber que estuvisteis a punto de liaros cuando nosotros lo dejamos y…
-¡Y dale! – me cortó – ¡Que no pasó nada! ¿Te echo en cara yo lo de Cristina? ¿Lo hago? ¡Te recuerdo que yo os pillé besándoos!
-Me besó ella – bajé el tono, dándome cuenta que ella tenía razón – Anna, lo siento, te lo he dicho mil veces, soy un capullo celoso que no quiere verte con nadie más.
-Pues esto es un problema, porque trabajo rodeada de señores. ¿Qué hago? ¿no hablo con ninguno? – seguía a la defensiva.
-No… Perdóname.
-Vete al hotel, ya lo hablaremos cuando vuelva.

Pero no lo volvimos a hablar. Le preparé una magnífica cena (del chino), le pedí disculpas en todos los idiomas y con todas las excusas e hicimos el amor de la manera más romántica posible, zanjando así un tema del que nunca volvimos a hablar… Y creo que fue la última discusión que tuvimos. Hubo celos, sí, pero siempre en silencio. No quería volverla a perder. Y parece que lo he conseguido.

-¡Dani! – me llama Anna desde la habitación – Cada domingo lo mismo, hijo. Venga, prepara la maleta que nos volvemos para Madrid.
-Oye, pues la verdad es que Mollet me gusta bastante, ¿eh? – digo de camino a sus reproches – es tranquilo, silencioso… No nos ha dado nunca ningún problema. Me gusta, me gusta – digo cogiendo la maleta y empezando a llenarla de ropa.
-Y no querías venir… – dice con una sonrisa – si ya te lo dije, que aquí ni prensa, ni agobios, ni nada. Solos tú y yo – Rym, su perra, salta encima de la cama y empieza a ladrad, como si la hubiese entendido – y tú, preciosa, ¡y tú! – dice abrazándola y dándole besos. La tiene demasiado mimada, pero la verdad es que es una buena perra. Hace caso en todo, no ensucia, no molesta… Un cielo. Y como si hubiese leído mis pensamientos, otra vez, se lanza sobre de mi para lamerme la cara – Oye, te adora, ¿eh? Desde el primer día, además… ¡A ver si se habrá enamorado de ti! Rym, al papa no, ¿eh? – dice riendo y apartándola de mí.
-Normal, como no se va a enamorar de mi… Ha sido hasta más rápida que tú… – Anna hace una mueca y me acerco a ella – Pero a ti no te cambiaria nunca por nadie – la cojo por la cintura y la acerco a mí para besarla. Sonríe y me sigue el beso, enredando sus dedos en mi pelo.
-Más te vale – dice separándose y volviendo a la faena.
-Ya no sabría vivir sin ti – digo continuando con lo mío, hablando sin mirarla – Ya me he acostumbrado a tus ronquidos, a tus patadas, a tus horas del cigarro, a tu lista de reproducción de la ducha, a tus cantes siguiéndola, a tus madrugones para sacar a Rym, a tus cenas light, a tus atracones al pan bimbo con nocilla, a tu hora de la siesta… – Sonrío – y a tus abrazos, a tus besos, a tus gritos, tus gemidos… – levanto la vista para mirarla y la veo concentrada en mis labios, con los ojos llorosos – ¿Qué? – digo preocupado. Se lanza sobre mí, abrazándome con fuerza, con los brazos rodeando mi cuello, besando mi mejilla. La rodeo con mis brazos y la aprieto por la espalda hacia mí, con una gran sonrisa. – ¿Te he emocionado? ¿Es eso? –Afirma con la cabeza y suelto una carcajada tímida. – Para una vez que muestro mis sentimientos…
-Sí, podrías hacerlo más – dice todavía pegada a mí.
-Si vas a reaccionar así voy a tener que pensarlo en serio. – suelta una risita y me besa, después de mirarme fijamente a los ojos – Eres preciosa – le digo al separarnos de nuevo.
-Y tú un fantasma – vuelve a ponerse dura, no le gusta mostrarse débil – venga, acaba la maleta y vámonos, que como perdamos el avión…
-¿Qué habría de malo?
-Pues que no podríamos volver hasta mañana. – sigo sin verle lo malo, se da cuenta y hace un suspiro – Mañana tengo sección en El Hormiguero, y tengo que ensayar. Y tú también tienes cosas por hacer.
-Bueno pero a Flo no le viene de un día.
-Sí, sí le viene. Venga, no seas tonto.

Cuando le entra una cosa en la cabeza no hay quien le haga cambiar de opinión, así que mi intento fallido de quedarnos un día más en su pueblo se destruye del todo. Cuando acabamos de arreglarlo todo, cogemos un taxi y nos vamos para el aeropuerto.

Narra Anna

Una vez en casa, en Madrid, me pongo a preparar la cena y Dani llamo a Flo para concretar la cita de mañana.

-Anna, dice Flo que te pongas – dice pasándome el teléfono.
-¡Padre! – digo contenta.
-¡Annita! –contesta Flo – Oye, ¿mañana a las cuatro qué haces?
-Pues ensayar, estaré toda la tarde en el plató. ¿Por?
-Oh, claro… No, para que te vinieras con nosotros.
-Ah… Lo siento, tengo trabajo… – me duele de verdad no poder verle. Siempre que tienen planes para mí nunca puedo ir y no hay nada que me duela más.
-¿Y el martes por la mañana trabajas?
-Pues me parece que no tengo nada. ¿Quieres ir a desayunar conmigo? – grito emocionada.
-No, no. Lo digo para salir a cenar mañana, así si se alarga no pasa nada – ríe.
-Oh, bueno, vale. Yo salgo a las 10 de allí. ¿Se lo comento a Dani?
-No – me corta antes que diga nada más – no le digas nada. – me quedo extrañada y miro a Dani, que estaba en el comedor viendo la tele, ignorando nuestra conversación – Quiero quedar a solas contigo, para hablar. Si está él no nos dejará tranquilos – vuelve a reír.
-Ah, vale, entiendo – digo fingiendo entenderlo todo, pero no comprendo nada. ¿Flo evitando a Dani? No me cuadra. Si se pasa el día llamándole para quedar y salir por ahí, que parece que no pueda vivir sin él…
-Pues mañana te paso a buscar por el plató, ¿vale? Así saludo a la gentucilla de allí. Invéntate alguna excusa para Dani, no le digas que vas conmigo.
-¿Cómo? – eso me deja todavía más helada. Una cosa es no dejarle venir para estar solas, y la otra es mentirle por toda la cara. En ese momento Dani se levanta y vuelve a la cocina.
-Bueno que, ¿vamos terminando? ¡Que estoy pagando yo! – grita cerca del teléfono para que Flo le oiga, quien se pone a reír.
-Cabroncete, ¿qué te pasa? ¿ya se te ha pegado el catalanismo de Anna o qué? – contesta Flo divertido.
-¡Oye! Vete a la mierda – grito mientras Dani me quita el teléfono.
-Venga, abuelo, a dormir que ya son horas. Hasta mañana. – y cuelga – ¿qué quería? – dice intrigado.
-Oh, nada, hablar un rato. Hace mucho que no nos vemos – miento. Intento sonreír para que me crea, pero hace una pequeña mueca. Me conoce demasiado.
-¿Simon…? – dice con una sonrisa pícara.
-Que no quería nada, ¡pesado! – digo dándole un golpe en el pecho entre risas – Venga, prepara la mesa que esto ya está. – me acerca a él con una mano en la espalda y con la otra me coge de la mejilla y me besa dulcemente.
-Voy – y se va hacia el comedor sin preguntar nada más.

Me quedo quieta en la cocina, espiándole, pensando en las palabras de Flo, intrigada. ¿Qué querrá decirme? Me entra un nudo en el estómago y Dani viene a buscar los platos y la cena, así que vuelvo a sonreír como si nada pasara y le sigo hacia el comedor, donde ya tiene parada la mesa y me espera con una gran sonrisa, feliz. Bueno, sea lo que sea lo que tenga que decirme, no creo que sea nada malo, sino él no estaría así…
  

dimarts, 30 de setembre del 2014

42. Para siempre.


Narra Dani

Anna está radiando felicidad, comiendo rápido, aunque saboreando cada mordisco que da. Tiene ganas de enseñarme lo que tiene preparado para mí, y la verdad es que estoy nervioso. No he podido pasar por alto el hecho de que vaya en camisón y ropa interior sexy, con la que está cenando, y que se haya hecho una coleta bien alta, ahora mojada, cuando ella prefiere ir con moño casero. Es increíble como, de un día a otro, podemos pelearnos y odiarnos a volvernos a querer y hacer como si no hubiese pasado nada, ilusionados y felices como el primer día. Aunque todo esto es mejor que el primer día, si cabe. Todos sus besos, todos sus abrazos, todos sus momentos e intimidades compartidas conmigo las guardo como un tesoro en mi corazón. Jamás habrá otra mujer que me haga sentir como ella lo hace. Es única y especial, de todas las maneras posibles.

 -¿Por qué sonríes? – dice Anna cortando mis pensamientos.
-Oh, por nada  – digo quitándole importancia, sonrojado.
-Uuuuuui… No me fio de esa sonrisilla traviesa y tímida… ¿En qué pensabas? – dice todavía más intrigada.
-En… Los giros que tiene la vida – levanta las cejas y aprieta los labios, bajándolos levemente como símbolo de sorpresa – y en lo caprichoso que es el destino.
-Vaya… – dice totalmente alucinada – Sí que te afecta la pizza. Te pone tontito. – dice riendo, tomándose a broma lo que le digo.
-Es en serio, Anna. – me mira intrigada – ¿Cuánto hace que nos conocemos? – sonríe agachando la cabeza, supongo que ya sabe a qué me refería – Unos… 5 años, ¿no? – afirma con la cabeza – ¿Y cuánto llevamos juntos? – Me mira seria, quizá intentando pensar en todo lo ocurrido – No desde esta “última vez”, sino desde el primer día, desde que empezó todo. Olvidando discusiones y peleas y separaciones inútiles. ¿Cuánto? 9 meses – está seria, escuchándome, pensando y analizando lo que ya sabe que voy a decir, lo que intuye, lo que ella misma piensa, quiera o no – Y sin embargo, durante todo ese tiempo… Antes de estos meses…
-Lo sé, Dani – me corta – Siempre has estado allí y nunca lo he querido ver. ¿Es eso? – dice sin apartar la mirada de mí, soltándolo de golpe, seria y contundente.
-Sí. – agacha la cabeza, a lo que sonrío – 9 meses… Aunque 6 de estos… – Anna levanta la cabeza nuevamente.
-Por favor Dani, déjalo estar. Vamos a acabar haciéndonos daño.
-No, no, daño no. Solo digo que… En realidad… Estar, lo que se dice estar, si lo paras a pensar bien… Solo hemos estado 3 meses juntos… Y así así.
-¿A qué viene todo esto? – dice alterada del todo, levantándose de la silla – ¿A qué viene remover el pasado de esta manera? Me estás haciendo pensar en cosas que ya tenía olvidadas, que no quería recordar.
-Pero yo sí, Anna. Me has preguntado en qué pensaba y era eso.
-¿Y por qué sonreías? ¿Eh? – me ataca – ¿A caso es gracioso para ti?
-No, por supuesto que no – digo tranquilo, levantándome de la silla y acercándome a ella, cogiéndola por los brazos para tranquilizarla. Ella agacha la cabeza y se cruza de brazos. – Pensaba en cómo puede ser que te quiera tanto. En que solo mirarte sepa que eres la mujer de mi vida y que no cambiaría nada de lo ocurrido. – me mira emocionada y sonrojada – Bueno, obviamente sí cambiaría cosas… – sonríe, pensando lo mismo que yo – Sí… Esos 6 meses nos hicieron mucho daño… Y fue todo culpa mía… – levanta su mirada entristecida y rodea mi cuello con sus brazos, apretándose a mí. Suelto una risa – 3 meses… Lo paras a pensar y es pura mierda  – se separa de mí dándome un golpe en el pecho y gritando su típico “¡oye!” – Pero si es verdad, cariño – repito, a lo que ella se estremece – ¿Qué son 3 meses de mierda en todos estos 9 tan ajetreados?
-Mejor 3 que nada… – dice con la cabecita agachada, sin apartar sus manos de mi cuello.
-Pues en eso pensaba… En lo feliz que me has hecho en ese tiempo, en lo que me ha cambiado la vida, en lo que he deseado todo esto… – digo acariciándole la espalda – Eres la única capaz de hacerme así de feliz, Simon. – sus ojos deslumbran felicidad, emoción y melancolía por todo lo que le debe haber pasado por la cabeza, y rápidamente funde nuestros labios en un cálido y sentido beso – Umh… A esto me refería… Solo tú sabes así de bien – y le respondo con un beso más largo, más pasional, más nuestro. – ¿Por qué será que después de un enfado me gustes todavía más?
-Será que te das cuenta de lo que puedes perder… – contesta después de meditar.
-¿Tú sientes lo mismo? – digo alejándome un poco de ella, para buscar en su mirada la respuesta.
-Sí – contesta emocionada – Dani, siento cosas muy fuertes hacia ti, y lo siento si he tardado en darme cuenta o si he hecho que esta relación haya ido mal por cualquier bobada… Ahora más que nunca siento que eres tú el único en mi vida. Y quiero que seas tú para siempre. – tiene sus manos apoyadas en mi pecho, y un destello de luz ilumina su mirada. Está a punto de llorar, y yo siento mil y una cosas a la vez. Después de tantos años, de tantos altibajos, de tantos sentimientos. Esto es real, para siempre.
-Te quiero, Anna. Te quiero más que a nada en esta vida – la beso rápidamente, apretándome fuertemente contra ella y mordiendo delicadamente la comisura de sus labios.

-Y yo a ti – dice mientras separamos nuestros labios para coger un poco de aire, pero rápidamente vuelve a besarme,  y dirige nuestros pasos al sofá-cama que tiene abierto. Se tumba en él y empieza a besarme dulcemente, sin prisa, saboreando cada parte de mí. Sigo su ritmo colocándome bien encima suyo, cogiendo sus manos y colocándolas a cada lado de su cuerpo, apretándolas, deseoso de su cuerpo. Levanta la cabeza para que pueda adentrarme en su cuello, bajando hacia sus hombros, besando y mordiendo poco a poco todo lo que voy recorriendo. Se deshace de una mano para poder acariciarme el pelo, enredando sus dedos entre este y agarrándome con fuerza cuando le doy pequeños mordisquitos. Nuestros suspiros se sincronizan, nuestros corazones laten al mismo tiempo y nuestro deseo va creciendo poco a poco. Aun así, no adelantamos el ritmo, está siendo bonito, lento y dulce, y ella está cada vez más excitada. Tiene la piel erizada y cuando abre los ojos para mirarme noto en ellos la felicidad y el deseo. Tampoco quiero correr, tenerla así me basta, me sobra con besarla y sentirla mía. Y ella es mía, para siempre, como siempre.

dijous, 28 d’agost del 2014

41. Eres una egoísta

 Estoy abrazada al cuerpo desnudo de Dani, escuchando su corazón latir, notando sus manos acariciando mis brazos y sus labios dándome suaves besos en la cabeza. Me incorporo para besarle, pero su móvil empieza a vibrar y a sonar y hace que los dos demos un pequeño bote.

- ¡Mierda! – grita Dani al coger el móvil del suelo – ¿Sí? Sí, sí, lo siento, se me ha pasado la hora. Sí, sí, ahora mismo voy. Mierda, mierda, mierda – va diciendo mientras se levanta de la cama y empieza a buscar la ropa.
- ¿Qué pasa? – digo preocupada sentándome.
- Pues que tengo que grabar, joder, que no me acordaba. – me tapo la boca con la mano y rápido me levanto para vestirme – Estando contigo me olvido del mundo y de mí – dice rompiendo a reír. Me quedo mirándole con una gran sonrisa, me acerco a él, le cojo su dulce carita y le beso.
- Que vaya bien mi amor, pórtate bien. – se queda callado, mirándome con media sonrisa y una ceja levantada. Suelta una pequeña carcajada y me coge de las manos.
- Míranos, parecemos un viejo matrimonio… – suelto una pequeña carcajada y dejo que me bese como despedida. – Nos vemos después. Te quiero. – se gira y sale corriendo de casa.

Voy al sofá y me siento soltando un grande suspiro. ¿Le tocará grabar otra vez con ella? El corazón me da un vuelco y me estremezco. No quiero que esté con ella, no quiero que se vuelvan a hablar, y menos a besar, y sé que eso es lo que va a acabar pasando, porque al fin y al cabo es lo que toca como guion… Aprieto los dientes con fuerza y me muerdo el dedo índice, nerviosa, pensativa… Sí, la voy a llamar.

Suena el contestador, me ha colgado, pero no voy a desistir.

- ¿Qué quieres? – dice a la cuarta vez de llamarla.
- Puedes hacer todo cuanto esté en tu mano para llevártelo de mi lado, pero jamás harás que deje de sentir eso por mí. Acéptalo de una vez, Cristina – digo chulesca – siempre he sido la única mujer en su vida.
- Sí, pero no la única entre sus piernas – me corta de la misma manera – Y eso es lo que acaban deseando, una mujer en su cama, y allí estaré yo cuando tu faltes, que lo harás, cuando te canses de él.
- Si claro, chata, ya te lo pasaré. – voy a colgar pero escucho su irritante voz y vuelvo a ponerme el móvil en la oreja.
- Nunca has estado más de un mes con él, nunca has estado un año viviendo a su lado. No sabes qué manías tiene, qué cosas repite, qué come, qué mira, qué hace. No sabes nada de él, Anna. Yo lo aguanté todo, lo soporté todo. Me llevó de viaje, me llevó de vacaciones, me hizo sentir siempre como una princesa… Pero porque yo siempre le traté como a un rey. Cosa que tú jamás llegarás a hacer porque eres una hipócrita y una egoísta. Y cuando se canse de ti, o tú de él, volverá a mí llorando, porque solo yo sé cómo tratarlo. – me quedo callada, no soy capaz de contestar. Oigo como suelta una pequeña carcajada maléfica al otro lado del teléfono y prosigue – Que te lo pases bien esta tarde tejiendo, Anna, me voy a plató, a grabar con Dani nuestras escenas de amor. – Y cuelga. Caigo sentada al sofá, derrotada por todo, analizando todo lo que me ha echado en cara. Y entonces me planteo la idea de presentarme allí y cortarles el rollo, exigir que no graven eso, que se cambie la actriz, o las secuencias o todo. Pero me doy cuenta que no soy nadie para hacer eso y que así solo conseguiría empeorar las cosas, así que me trago mi orgullo y mi dolor y salgo a dar un paseo por Madrid para poder airearme.


Llega la hora de cenar y lo tengo todo preparado: velitas, música, pizzas y el sofá-cama abierto. Llevo puesto un camisón blanco que transparenta mi ropa interior negra y en el pelo una cola de caballo bien alta, como a Dani le gusta. Éste llega media hora después de tenerlo todo listo, y al abrir la puerta del comedor, se queda petrificado.

-¿Qué es todo esto, Simon? – dice con la boca abierta y una sonrisa dibujada en ella.
-¡Tacháaaaaan! – digo abriendo los brazos – ¿Te gusta?
-¿Que si me gusta? – ríe – Por favor, Anna, ¡me encanta! – y se lanza a mis brazos, levantándome del suelo y dándome una vuelta en el aire. – Que sorpresa, cariño, era lo que necesitaba. – me besa los labios y le miro sonriente y feliz. Creo que es la primera vez que me llama “cariño”, que lo hace sin pensar, que le sale del corazón. Él también se da cuenta y se sonroja un poco, dejándome en el suelo. – Me ducho y cenamos, ¿sí?
-Y si… – susurro cogiéndole el cuello de la camisa – Nos duchamos… ¿Y cenamos? – levanto la mirada y le veo coger aire, sonriente, excitado. Lo suelta de golpe y afirma con la cabeza, cogiéndome de la mano y llevándome al cuarto de baño. Empieza a besarme, a abrazarse a mi cuerpo, a acariciar todo lo que es suyo: mi espalda, mi trasero, mis piernas. No se deja un solo centímetro, no me separa de él, no deja de morderme. Cada vez más deseoso de mí, cada vez más deprisa. Me quita el camisón y se aferra con los dientes en mi cuello y con las manos en mi cadera, dejándome poco espacio para empezar a quitarle la camisa y desabrocharle los pantalones. Una vez desnudos, entra en la ducha y enciende el agua, mojándome con agua fría, divertido de escuchar mis gritos y mis reproches. Empieza a salir más calentita y deja la manguerita en el reposadero de la pared y se abraza a mí, para que nos dé a los dos. Sonrío tímida y excitada por la situación y le agarro la cara para besarle nuevamente, sintiendo como, bajo de esa estropeada y vieja ducha, me hace suya, una vez más, de la manera más especial y dulce, todo lo que la situación lo permite. – Tendremos que calentar la pizza en el microondas, ¿no? – dice divertido mientras se seca.
- Hombre, ya que estamos la ponemos en el horno, que quedará más tierna y más buena.
- Tú sí que eres tierna… – y vuelve a abrazarme por la espalda, besándome el cuello, acariciando mi barriga.
- Vamos Dani, tenemos que reponer fuerzas – digo riendo intentando escapar de sus brazos.
- Vamos a comer como cerdos, que lo quemaremos en un momento. – me coge de la mano y me lleva al comedor, me sienta en la mesa y él mismo prepara los entrantes y calienta la cena. Cuando lo tiene todo listo, empezamos a comer, y solo entonces me atrevo a preguntar por la tarde de grabación. 
- ¿Cómo ha ido? – digo intentando no prestarle mucha importancia.
- Bueno… Bien, dentro de lo que cabe…  – contesta mordiendo un trozo de queso, evitando mi mirada. – Dos besitos tontos, mucho diálogo. – lo dice deprisa, como si así lograra hacer que me resbalara.
- Ah bueno, mientras hayan sido tontos…  – suena demasiado a reproche así que finjo una risita.
- Cuando veas el capítulo verás que no es nada del otro mundo  – intenta defenderse.
- No pienso ver ese capítulo  – amenazo cortante.
- ¿No? ¿Ni siquiera por mí? – dice ofendido.
- No quiero hacerme daño. – intento disculparme.
- No, no, claro. – sigue comiendo  – Lo he evitado, Anna, he hecho que sean lo más rápido posible para que se vea en cámara y evitar que ella pueda aprovecharse. – clava sus ojos en mi  – Haciendo eso me juego mi trabajo, ¿sabes? – agacho la mirada dolida y suspiro.
- Lo siento, Dani, sé cuanto te esfuerzas y admiras estar allí… Pero no me pidas que vea eso.
- ¿Eso? – da un golpe en la mesa.
- El beso, Dani. Tú siempre eres un placer para mis ojos. – la respuesta no acaba de convencerle y acaba todo lo que tiene en el plato antes de continuar hablando.
- Sabes que te quiero, ¿no? – dice sin apartar su mirada de mí. Le contesto con una sonrisa tímida y un gran sonrojo de cara. – ¿Sabes, también, que venir a vivir contigo es lo que más me ha hecho feliz en estos últimos años? – me muerdo el labio inferior y afirmo con la cabeza  – Bien, pues también quiero que sepas que en esta serie, la cual, como sabes, me llena de orgullo formar parte, interpreto a un “vividor follador” – dice imitando la voz de Amador, algo que me hace reír pero a la vez pensar  – Vas a verme ligar y besar a muchas mujeres, incluida Cristina, pero no quiero que pienses ni un segundo en que he disfrutado haciéndolo, que lo he aprovechado, o que he dejado de pensar en ti para hacerlo. – su mirada está desafiante, serena, intentando convencerme de lo que dice. – Eres mi musa, estás siempre presente en mi cabeza, y cuando tengo que declararme o acercarme a cualquier chica, pienso que eres tú. – sonrío  – Así no me siento ningún traidor.
- Eres actor  – contesto cogiéndole la mano que tenía temblorosa encima de la mesa  – Jamás voy a pensar que seas un traidor por hacer bien tu trabajo. Pero entiende que es a ella a quien no quiero ver. Aun así lo haré por ti, cerraré los ojos cuando ella salga y pondré la tele en silencio. ¿Trato? – sonríe de oreja a oreja y afirma con la cabeza. – Anda, vamos, que me queda la última sorpresa. 

divendres, 8 d’agost del 2014

40. El más cursi

Narra Anna


El timbre suena una y otra vez, cada vez más corto, cada vez más apresurado y repetido. Me levanto de la cama, enfadada y decidida a echarle de casa, y todavía más después de este comportamiento. ¿Quién se cree que es para aporrear así la puerta y gastarme el timbre? Ando con paso decidido hacia la puerta y la abro de golpe, con rabia, expresando en la cara todo lo que siento, mi enfado y mi orgullo repleto de odio. Dani está detrás de la puerta, con una mano apoyada en la pared y la otra a punto de volver a tocar el timbre. 

- Como vuelvas a tocar el timbre te corto la puta mano. – amenazo de la manera más seca posible. Dani sonríe al verme y se lanza sobre mí, cogiéndome con fuerza el rostro y besándome una y otra vez, con besos cortos, como picotadas de pájaro. Le intento apartar, empujándole por el pecho, pero no hay manera, se me resiste.
- Te quiero, te quiero – dice entre beso y beso. Acaba haciéndome reír, y al escucharme, me suelta, por fin. – Te quiero – vuelve a decir ahora mirándome a los ojos y con su más sincera sonrisa.
- ¿A qué viene todo esto? – digo separándome de él y cruzándome de brazos, para que vea que sigo enfadada.
- Lo que has visto no ha significado absolutamente nada para mí, Anna, y quiero que lo sepas. – me pongo seria al recordar el beso que se ha dado con Cris y agacho la cabeza – No quiero que se arruine lo nuestro, no ahora que he venido a vivir aquí y que por fin hemos dado el paso. – levanta la mirada y me sonríe – Que por ti renuncio a todo, Anna. Renuncio a mis amigos, a salir, a Madrid... Que contigo me voy a Mollet o donde haga falta, a criar treinta gatos, o cabras, que aprendo a tejer para poder hacerte una bufanda en invierno sentados en el sofá viendo tu película favorita. – vuelve a cogerme del rostro y me seca una lágrima que cae tímida por mi mejilla, acercándose a mí – Que lo eres todo para mí, Anna, y te lo demostraré de mil maneras diferentes. – me besa dulcemente y se separa, esperando una resuesta.
- No quiero que renuncies a nada, amor – consigo decir – Cuando he llegado a casa y he visto tus cosas me he dado cuenta del paso que habíamos dado, de lo que significa para nosotros, y me he dado cuenta de que te quiero más de lo que pensaba. Es por eso que me ha dolido verte con ella, porque con ella tienes más recuerdos, más momentos vividos, más amor compartido… Y siguen rodando en mi cabeza los reproches que me soltó… Y yo no quiero hacerte infeliz, Dani. Quiero verte reír, quiero verte disfrutar de tu trabajo, quiero verte llegar a lo más alto… Porque lo conseguirás, tienes el talento para hacerlo. – sonríe y me besa de nuevo, pero me aparto – ¿Estás seguro que quieres que sea yo quien te acompañe en todo esto? ¿Estás seguro que saldrá bien, después de todo? 
- Me da igual si sale mal. – me corta – Prefiero un minuto contigo a una vida sin ti. Y si al final esto no sale bien, por lo menos tendré el recuerdo de haber vivido contigo, de haber compartido al fin mi vida contigo. Y si es por “momentos” por lo que estás preocupada, tranquila, que crearemos nuestros propios recuerdos, cada uno más especial que el último. – cojo todo el aire que la poca distancia me permite y me lanzo a sus brazos, sonriendo y besándole una y otra vez. Dani me levanta del suelo, cogiéndome por debajo del trasero, y rodeo con mis piernas su cuerpo para que pueda andar. Se dirige como puede hacia el dormitorio y me deja caer sobre la cama. 
- Me has convencido de la manera más cursi posible – digo entre risas mientras se quita la camiseta.
- Tú me haces ser cursi… Con lo macho que yo era – dice lanzándose sobre de la cama y poniéndose encima de mí. Se separa un momento de mi cuerpo y me mira a los ojos – Te quiero – repite nuevamente. Sonrío y le cojo de la cara, besándole dulcemente, le empujo y me pongo encima.
- Déjame hacer a mí, que estás tan arrepentido que te sale la vena moñas. – abre la boca completamente sorprendido y suelta una gran carcajada.

Empiezo a besarle, cada vez más deprisa, cada vez más deseosa de su cuerpo. Me quito la ropa, apartando sus manos, llevando el control de la situación. Ríe divertido y excitado al verme así, así que se deja hacer. Pone sus manos detrás del cuello y se relaja, soltando tímidamente gemidos que no puede reprimir y estremeciéndose cada vez que le beso y le acaricio. Recorro cada parte de su cuerpo, es mío, absolutamente mío, y eso me gusta todavía más. Cada palabra que me ha dedicado, por cursilada de película que haya sido, me ha llegado al corazón y me ha hecho entender muchas cosas, pero sobretodo me ha hecho darme cuenta del chico al que tengo y de cuanto tengo que cuidarlo para que nunca se vaya de mi lado. No quiero ver como cualquier lagarta me lo levanta. Ya le tengo enamorado, ahora solo me hace falta hacerle el más feliz en la cama y jamás volverá a besar a otra mujer.


dijous, 7 d’agost del 2014

39. Estoy bien jodido

Salgo corriendo detrás de Anna, gritando su nombre e intentando alcanzarla, pero dos técnicos del equipo me paran y me comunican que tenemos que seguir grabando. Miro por encima de sus hombros el paradero de Anna, pero ya no alcanzo verla y agacho la mirada. La he cagado pero bien.

- Dani… – escucho la voz de Cristina detrás de mí, pero no me atrevo a girarme. No puedo volver a mirarla.
- Chicos, ¿podemos hacer mis escenas con David y Melani? – les pregunto flojito.
- La verdad es que… – contesta uno con el mismo tono – tendríamos que seguir con las de Cris. ¿Hay algún problema? – me quedo callado con la mirada en el suelo. No puedo parar de pensar en Anna, en el beso, en lo que siento…
- Sí. No puedo. – contesto mirándole de nuevo a los ojos. Se queda un poco intrigado y sorprendido, pero no me contesta, ladea los hombros y se dirige hacia plató. Sigo sus pasos, ignorando los toques en la espalda de Cris.
- Dani por favor, tenemos que hablar – va diciendo ella sin dejar de seguirme. 

Cuando llego a plató, me siento junto a Paco y Canco, escuchando sus bromas y sus tonterías. Intento meterme en la conversación, aparentar normalidad y tranquilidad y logro conseguirlo. Cris, por su parte, se sienta en la mesa de al lado, de espaldas a mí, y se lo agradezco.

La mañana pasa lenta y duramente. Consigo grabar dejando mis problemas a un lado, pero cada vez que hay descansos me sumerjo en mil pensamientos, cada cual más doloroso. Aprovecho la hora de comer para escaparme a casa y poder darme una ducha fría e intentar hacer la siesta, pero desafortunadamente el sonido irritador del timbre no cesa.


- ¿Qué quieres? – pregunto de la manera más seca posible, aguantando la mirada desafiante a Cristina.
- ¿No crees que tenemos que hablar sobre lo que ha pasado?
- No quiero hablarlo – digo cortante.
- Ignorar los problemas no da la solución – dice cruzándose de brazos. Me la quedo mirando con una ceja levantada y resoplo.
- Habla. – digo poniéndome de la misma manera. Se queda callada mirándome incrédula y con su típica cara de asco.
- Bien… – consigue decir después de coger aire – ¿Me dejas pasar, por lo menos? – me aparto de la puerta y aparto el brazo de ella, señalándole el comedor, que ya bien conoce, dándole paso. Afirma con la cabeza como modo de gratitud y pasa al salón, sentándose en el sofá y mirándome nuevamente, con su cara de niña buena y delicada. No puedo aguantarle la mirada y, al sentarme, paso a mirar a mis manos, entrelazadas y nerviosas, apoyadas en mi barriga. – Dani, lo siento por haberte besado, no quería confundirte. – empieza – La situación ha podido conmigo, con mi deseo y mis sentimientos, pero yo en ningún momento he querido hacerte daño o estropear tu relación… Yo solo quiero que seas feliz. – cada vez su voz suena más dulce y más sincera, y con su última frase, acaricia mis manos temblorosas y se acerca un poco más a mí – Hacía tiempo que no te veía, y al hacerlo, y de esta forma… – dice susurrando, casi arrepintiéndose de haberlo provocado ella misma – Lo siento, de verdad – por primera vez desde que estamos así, la miro a los ojos, buscando en ellos la verdad. Me encuentro con sus ojos húmedos, clavados en los míos, pidiéndome perdón de corazón. Siento un pinchazo en el pecho y vuelvo a bajar la mirada, hacia mis manos, ahora protegidas por las suyas. Les doy la vuelta y toco lentamente sus manos, que se levantan vergonzosas al notar mis dedos en sus palmas. Vuelvo a mirarla y la veo sonriendo, con la mirada fija en nuestras manos, y al notar mi mirada, clava sus ojos en los míos. – Éramos tan felices… – susurra – siempre he querido esto, tu felicidad. – entrelaza sus dedos con los míos y se acerca un poco – No me arrepiento de haberlo hecho, de haber hablado con varios representantes para conseguir este papel, para conseguir volverte a ver, para volverte a besar… – va diciendo cada vez más sensual, más serena, más ella. No puedo contestar, ni tan siquiera sé si respiro. No puedo apartar mi mirada de sus ojos, de sus labios que se acercan poco a poco, con esa sonrisa, con esos dientes perfectos que me encantaba notar clavados en mi cuello… – Todo lo que un día te dije lo sentí de corazón, Dani, por mucho que tú nunca sintieras lo mismo. Por mucho que tú me utilizaras y amaras a otra mujer. – esta vez su voz suena más dura, reprochante y dolida. Suelto un suspiro y la miro arrepentido, soltando mis manos de las suyas y poniéndolas en sus hombros, para alejarla. 
- Cristina, lo siento… – consigo decir cogiendo un poco de aire. Ella agacha la cabeza y se echa hacia atrás, volviendo a la postura a la que estaba al principio. Levanta la mirada, esta vez todavía más dolida, nuevamente húmeda, y finge una sonrisa.
- Infinito elevado a infinito… – susurra soltando una lágrima y agachando la cabeza.
- Y no se puede más – digo inconscientemente. Levanta la cabeza y sonríe de oreja a oreja, de corazón, y suelta un pequeño suspiro. Y, sin darme cuenta, sin pensar, sin ser yo quien dirige a mi cuerpo, subo las manos de sus hombros hacia su rostro, cogiéndolo suavemente, y me acerco veloz hacia sus labios, apretándolos a los míos, volcándome entero sobre ella. No se resiste, cae tumbada al sofá y separa las piernas para que me ponga cómodo, apretándome por mi espalda, abrazándose a mí. Entreabro nuestras bocas, recorro cada milímetro de sus labios, le beso y muerdo el cuello, juego con su camiseta hasta que logro sacársela… Y solo entonces vuelvo a mirarla a los ojos. Me quedo sentado sobre mis rodillas y empiezo a hiperventilar. Cristina se levanta rápido y me coge la cara, besándome de nuevo, intentando tumbarme. Pero la aparto y me levanto del sofá. – No puedo, Cris, no puedo. – y me pongo las manos en la cara – Joder, ¡joder! ¿¡Qué estoy haciendo!? – grito una y otra vez, pegándole una patada a la mesa. – Vete por favor – le digo todavía con el tono alzado, ordenándole. Cris se queda mirándome, pidiéndome que no, pero me resisto a su estúpida y sensual dulzura. – ¡Vete! No quiero hacerte más daño – la riño – ¿No ves que no estoy enamorado de ti? ¡Tú misma lo has dicho! No me hagas ser más cabrón de lo que ya he sido. – la ataco con todos mis pensamientos, lo que siento más adentro. Con todo lo que odio de mí. Le grito todo lo que sé que no quiere escuchar, pero que es verdad. Y vuelvo a verla llorar, y vuelvo a girarme y ponerme una mano en la cara, maldiciendo lo que acaba de pasar. Escucho un puertazo y vuelvo a pegarle a la pobre mesa que nada ha hecho. 
- Que sepas que me das pena – me ataca Cris, dándome un buen susto porque pensaba que ya se había ido – ¿Piensas ir toda la vida detrás de ella? ¿Corriendo de un lado a otro para arreglar sus enfados? ¿Dejando de vivir y de sentir solo por ella? ¿Por esa estúpida que solo te hace daño? – cada vez alza más la voz, cada vez ataca más y más a Anna y con cada argumento me hace cabrear más. – Algún día te darás cuenta de todo lo que has perdido por no abrir los ojos y darte cuenta de la realidad. Y el día que te deje tirado para siempre yo ya no estaré allí para calmar tus penas. – esta vez sí, se da la vuelta y sale de casa, pegando un portazo mayor.


¿Qué he perdido por estar con Anna? ¿Qué he dejado de lado por ella? ¿Cuánto tiempo de mi vida he malgastado?... Y así, solo en el salón, empiezo a pensar en todos y cada uno de los momentos que he pasado con ella, desde que me enamoré hasta que la tuve por fin en la cama, entre mis brazos, abrazada a mi cuerpo, sintiéndola sola y absolutamente mía… ¿Y qué no daría por volverlo a hacer? Estoy bien jodido, estoy enamorado hasta las trancas, como jamás me ha pasado… Y lucharé cada minuto de mi vida por ella.

Y con ese último pensamiento, me levanto del sofá y me dirijo corriendo a su casa. 

diumenge, 23 de març del 2014

38. ¡Acción!

 Una vez maquillados y vestidos, en mi caso disfrazado, nos dirigimos nuevamente a plató. Anna, aunque está nerviosa y enfadada, observa cómo los demás hacen su trabajo: mira atónita cómo los cámaras siguen a los personajes, y como estos dan rienda suelta a una conversación que acaban de aprenderse en un momento en sus respectivos camerinos… Ella y yo hemos estado probando los míos con Cristina, para hacernos a la idea y poder controlar la situación, pudiendo así evitar que ella se exceda demasiado.

- Vamos, Dani, aprovechamos que estamos grabando en casa  de Luisma para hacer tu secuencia con Cristina. ¿Cómo van esas orejas?
- Bien, bien – digo entre risas, recordando como Anna se descojonaba al verme e imaginar a Cristina con una de ellas. – ¿Y mi acompañante? – digo con una sonrisa fingida.
- Aquí. – me giro y veo llegar a Cristina, con un vestido bastante provocador y su característica sonrisa malvada. Dirijo la mirada hacia Anna y asiente con la cabeza, mandándome su apoyo. Le devuelvo el gesto y sigo a Cris hacia nuestra posición. “Vamos, Dani, como lo hemos ensayado” pienso cerrando los ojos con fuerza e inspirando fuertemente.

- ¿Preparados? – grita el director – ¡Acción!

‘Marta’ llega a casa de Luisma dispuesta a acostarse con ‘Simón’, pero tengo muy claro que no voy a dejar que me bese ni me toque. ¿Quería guerra? La va a tener. Aprovechando que en el guion tengo que evitarla, juego al máximo con ello: Primero, cuando intenta quitarme un gorro de lana que llevo para taparme las orejas, susurrándome sensualmente y acercándose a mí, le voy picando los brazos y apartándolos de su camino, con fuerza y desprecio, echando mi cuerpo hacia atrás. Cris me mira mal, e incluso creo que se pica más de lo que pide el personaje, pero no cedo. Después de declararme a ella, sufriendo a cada palabra, notando la mirada fija de Anna en nosotros y viendo la expresión de Cristina, en el momento en el que me intenta rodear el cuello para besarme, me echo para atrás de golpe, cogiéndole del brazo e yéndome a apagar la luz. Vengativa, me coge de la mano y va acercándome a ella, con su voz sensual, respondiendo a la pregunta de la ropa interior. Y entonces llega el momento en el que nos tenemos que enrollar. Tal y como había ensayado con Anna, la abrazo y me echo encima suyo, poniendo mi cabeza entre su cuello, haciendo ver que la beso, para que así ella no pueda besarme.

- ¿Pero qué haces? – grita enfadada, sacando lo que llevaba callando hasta ahora.
- ¡Corten! – sigue el director – ¿Pero qué pasa, Cris? ¡Estaba quedando bien! – sonrío al escuchar eso y veo como Anna también lo hace.
- ¿Pero no se supone que deberíamos besarnos?
- ¿Pues qué estaba haciendo? Besarte el cuello. Da lo mismo, Cris.
- No, pero…
- No tenemos tiempo – dice cortándola – preparados que repetimos… 

Volvemos a repetir la escena a partir de que cierro la luz y vuelvo a hacer lo mismo, riendo sin querer al acercarme a su cuello. Cris no intenta besarme, ni cogerme, simplemente me acaricia un poco el torso… Pero nada más, rápidamente hace ver que se le enreda la pulsera en mi oreja. Me quedo un poco atónito al ver eso, pero sigo la escena con cuidado para no tener que repetir. Cristina se hace la dolida demasiado bien, como si de verdad estuviese a punto de echarse a llorar, y no sé por qué, siento una inmensa pena y ganas de pararlo todo para poderle preguntar qué le pasa. No me gusta verla así, y no sabía que podía sentir esto en momentos como este. Por suerte, solo tengo dos frases por decir y la escena se acaba rápido. Al grito de “corten” del director, Cristina se va corriendo hacia los camerinos. Los demás nos quedamos de pie, inquietos y sorprendidos, sin saber qué le pasa ni qué hacer. Me acerco a Anna, pero mis ojos no se separan del camino hacia los camerinos, de ver si Cris vuelve o está por allí cerca. Un par de chicos van detrás de ella, preocupados por lo que le haya pasado, y yo siento necesidad de ir.


-¿Dani? – me giro asustado y miro a Anna, que está mirándome con los ojos enfurecidos – ¿Me estás escuchando?
-¿Eh? – lee en mi rostro que no y se cruza de brazos – Lo siento, es que… – y vuelvo a mirar hacia los pasillos.
-¿Qué quieres? ¿Ir detrás de ella? ¿Hacer lo que está deseando que hagas? Que ha montado este numerito a posta, Daniel. – dice cada vez con un tono más seco y borde. La miro sorprendido y dolido, no me gusta que emplee este tono conmigo, y menos en esta  situación. El corazón me pide con fuerzas que vaya a buscarla y, aunque sé que Anna en el fondo tiene razón, no puedo evitar apretar los puños con fuerza y resoplar, contestándole:
-Espérame aquí. – me giro y empiezo a correr hacia los camerinos, sin mirar atrás, no quiero ni imaginarme la cara de Anna en este momento. A lo lejos, veo a los dos chicos que han ido tras de Cristina, volviendo del camerino de los invitados – ¿Habéis visto a Cris?
-Está encerrada en el camerino, – me contesta uno – y no nos quiere abrir… Quizá contigo cede. – trago saliva y miro hacia la puerta, por encima de sus cabezas.
-Gracias. – me dirijo hacia allí a paso lento, nervioso y preocupado. Al llegar, llamo a la puerta con los nudillos. – Cris… Soy Dani… – digo al ver que no contesta.
-Vete. – contesta desde dentro.
-Por favor, abre. – digo apoyando la cabeza en la puerta, para que me escuche mejor.
-¿Qué quieres? – puedo notar su voz quebrada y no me es difícil adivinar que está llorando.
-Saber qué te pasa… – contesto intentando abrir la puerta.
-¿Ahora te preocupas por mí, después de cómo me has tratado? – noto su voz más cercana, así que me echo para atrás.
-Abre y lo hablamos mejor… – digo más fuerte, esperando a que lo haga. No pasa ni un segundo que oigo el seguro abrirse. Sabía que estaba a punto de abrir, pero que no lo haría hasta que no se lo pidiese. Al abrir la puerta, veo como las lágrimas se han llevado parte del maquillaje de los ojos y noto así que no es teatro lo que está haciendo. Eso me hace sentir todavía más peor de cómo me sentía, y entro sin pedir permiso, dejando la puerta un dedo abierta. – ¿Qué te pasa? –  repito, cogiéndola suavemente por los brazos.
-¿Cómo puedes ser tan cínico? –  dice echándose para atrás, evitando mis manos. –  ¿Pero tú que te piensas, que yo no tengo sentimientos? ¿Qué puedes hacer y decir lo que te da la gana sin que a mí me importe lo más mínimo? – sus palabras van clavándose sobre mi persona una tras otra, y cada vez me duelen más sus ataques.
-¿Qué he hecho? – pregunto inocente.
-¿Qué? – pregunta dolida y con una risa irónica. – Es increíble que no te des cuenta por ti mismo de lo que causas a tu alrededor… Podrías pensar un poquito en los demás antes de hacerlo solo por ti, ¿no crees? – sigo mirándola sin saber qué responder y ella niega con la cabeza – ¿Qué era yo para ti, Dani? – pregunta poniéndose seria – Dime, ¿Qué fui para ti? – se queda en frente de mí con los brazos a los lados, esperando una respuesta. Estoy totalmente perdido y no soy capaz de articular palabra, ¿a qué viene volver al pasado? – ¿Solo fui un estúpido juego? ¿Una puerta de escape a tu frustración por no tener a Anna? ¿Un puto pasatiempo? – cada vez va alzando más la voz y a la vez se le vuelve a quebrar, dejando ir de nuevo lágrimas por su rostro.
-Esto ya lo hablamos – consigo decir cómo puedo – No sé a qué viene esto ahora.
-¿A qué viene? A que me has jodido la vida, a que me has machacado el corazón como has querido y yo, sin embargo, sigo enamorada de ti. Como el primer día, como cuando no trabajábamos juntos y quedábamos a escondidas del mundo. Cuando me llevabas de viaje sin importarte que nos vieran pasear de la mano. A que toda la felicidad que me aportaste desvaneció al reencontrarte con ella y dejarte engañar por su falso amor. – estoy completamente blanco y aturdido, las historias vividas con Cris van pasando una detrás de otra por mi mente mientras ella llora desconsolada gritándome llena de dolor. – Y cuando por cosas del destino, nos vuelven a juntar – oigo de nuevo al volver al mundo – vas y la traes a plató, dejándome en evidencia delante de todo el mundo no solo con tus palabras, si no con tus gestos de desprecio y odio hacia mi persona, apartándome de ti a la fuerza, negándome besos pactados en guion y haciéndome sentir otra vez como un absurdo juguete.
-Yo no sabía que ibas a salir aquí – digo después de coger aire e intentar aparentar serenidad – ni que actuarías conmigo ni que nuestra trama iba a ser así. ¿Crees que si me hubiesen avisado la hubiese traído?
-¿Y qué hubiese cambiado si ella no estuviese aquí? – me ataca empezando a acercarse a mí, sin dejar de llorar.
-No lo sé – digo sin moverme del sitio, totalmente rígido y serio, clavando mi mirada en la suya.
-¿Me hubieses tratado así de mal? – dice serenándose y utilizando su dulce voz como arma, acabando de acercarse a mí y cogiéndome suavemente de las manos. Trago saliva y no soy capaz de mover un solo dedo. – ¿Te apartarías de mí si ella no estuviese aquí? – susurra cada vez a menos centímetros de mi rostro, enredando sus dedos entre los míos y poniéndose de puntillas. Su dulce aroma impacta sobre mi piel, haciendo que se me erice, y cierro los ojos sin darme cuenta, intentando buscar en mi una respuesta a lo que estoy sintiendo… Cris no tarda ni un segundo en presionar sus labios contra los míos, entreabriéndolos poco a poco, mordiendo mi labio inferior como tanto le gustaba hacerlo… Un fuerte portazo nos separa y hace que vuelva a la realidad, asustándome de lo que acaba de pasar, girándome para abrir la puerta y comprobar con mis propios ojos lo que más temía: Anna corriendo hacia la salida del plató. Nos ha pillado.