diumenge, 17 de novembre del 2013

22. Amiga.

Al llegar a casa, todavía dolida, llorosa y enfadada, me decido a prepararme un baño para poder relajarme un poco. Aun así, metida dentro del agua caliente, rodeada de espuma y escuchando música instrumental oriental, mis pensamientos siguen dándole vueltas a todo lo ocurrido: “¿Qué le contaré mañana a Flo? Está muy pendiente de nuestra historia, pero a la vez aprecia muchísimo a Dani, y quizá si le meto en medio acaba siendo un problema para él… Pero no puedo engañarle… Y aunque quisiera, nunca caería, ya que adivina mis pensamientos y estado de ánimo solo con mirarme a los ojos… No sé qué puedo hacer… ” Cierro los ojos y meto la cabeza dentro del agua, intentando evitar así mis pensamientos, y al salir respiro hondo, apoyando la cabeza en la pared, todavía con los ojos cerrados, quedándome medio dormida.

- Su padre quiere que esté con ella, yo lo noto. – suelta Dani.
- ¿Pero qué dices? – grito de repente, mientras él sigue riendo e intentando hablar – Pero... ¡Pero que manipulador! – Flo rompe a reír con la escena, y se mira a Dani, buscando una aclaración.
- Su padre ayer me regaló una pulsera – contesta – A mí – recalca fuertemente – ¿Sí o no? – pregunta mirándome.
- Sí. – contesto enrojeciéndome. Flo se tapa la cara, viendo que esto va por mal camino, pero aun así con una gran sonrisa divertida.

- Se la quitó y me dijo 'Toma, esta pulsera para ti'. – sigue contando Dani – ¿Esto cuando se hace, tío? – mira a Flo, Flo se limita a reír y negar con la cabeza – Esto se hace cuando dices 'Ven aquí, coge a mi hija y llévatela donde quieras’, ¡tío!

Abro los ojos de golpe. La pulsera de mi padre… Sonrío. Todavía me acuerdo de ese día: Mi madre estaba emperrada con que llevara a Dani a casa, que quería conocerle. Decía que él me trataba mejor que Miki y que le gustaba más para mí. Mi padre no comentaba nada, siempre se miraba mal a mis amigos y mis novios, como todo padre protector con su hija... Un día conseguí convencer a Dani por venir, y a Miki por dejármelo llevar a casa... Fue una de las grandes peleas que tuvimos, pero dejé pasarla... En fin, cuando Dani llegó a casa estaba muy nervioso, yo bromeaba diciéndole que no tenía que impresionar a mis padres, que no tenía que parecer mi pareja perfecta, ya que iba como amigo, y él agachaba la cabeza en silencio con una pequeña sonrisa forzada… En esos momentos lo ignoraba, pero ahora sé que quizá eso le mataba por dentro… Mi madre, al verle llegar, se lanzó a darle dos besos y presentarse, en cambio mi padre le dio la mano cordialmente. Una vez en la mesa, Dani poco a poco se fue soltando, mostrando su gran sonrisa y personalidad, esa amabilidad que tanto le caracteriza… A mi madre le caía la baba, y más cuando se ponían a hablar de mí como si yo no estuviera presente y Dani me alagaba y me miraba con una gran sonrisa boba… Recuerdo que en un momento de la comida Dani apoyó su mano en la mía, hablando de no sé qué sección de TLJ y mi madre soltó en un pequeño susurro que hacíamos muy buena pareja… A la hora de irse, mi padre apartó a Dani de nosotras y le dio su pulsera, con una gran sonrisa y un apretón de manos. En ese momento no le di importancia… ¿Pero cómo pude ser tan sumamente tonta? ¿Cómo no podía darme cuenta entonces de lo que pasaba? Me lo tomaba todo a broma, me lo tomaba a guión, a una relación especial de amistad… Y mientras soportando gritos y peleas de Miki…

Me froto la cara con las manos, suspirando, y noto en mi piel como se me han arrugado éstas, así que decido salir y echarme a la cama, sin cenar, no tengo apetito de nada.

¿Qué habrá hecho  Dani con la pulsera de mi padre? Desde que se la regaló hace un par de años que no he vuelto a vérsela puesta… Igual la ha lanzado a la basura o… Rápidamente me levanto de la cama y busco el móvil dentro de mi bolso, con una pequeña esperanza de ver un mensaje o una llamada… Pero nada, Dani tiene el orgullo demasiado alto… Gracias a Dios que yo no soy tan cabezona como él… Cuando quiero.

Dani… ¿Sabes de qué me he dado cuenta? Que estábamos mucho mejor cuando éramos amigos que cuando empezamos a tontear/salir. ¿Te acuerdas de todas esas tardes en Madrid? ¿De todos los momentos que vivimos en ‘Alcalá 518’, nuestra segunda casa? ¿Te acuerdas de la pulsera que te regaló mi padre?... ¿Cómo hemos dejado que todo acabe así? ¿No te das cuenta que todo fue a peor después de la cena de ‘Guasap’?... Quizá nos precipitamos con nuestros sentimientos… Quizá nuestro destino es ser solo amigos…

Suspiro. Espero abrirle los ojos así… No siento lo que digo, pero necesito que se acuerde de todo lo que vivimos antes de empezar esta absurda relación llena de peleas, lágrimas y mentiras… Necesito que recapacite sobre lo que ha pasado…

Vuelvo a meterme en la cama, tapándome y abrazando al cojín, dispuesta a dormirme, cuando de repente suena el móvil. Un mensaje.

Yo en todo momento te quise, Simon. Antes y después de salir, desde el momento en que te conocí. La única que nunca ha querido aceptar sus sentimientos has sido tú. Tú y tu manía de querer alejarte de mí y cambiarme por otros que no se merecen tu sonrisa. Si vas a ser más feliz siendo solo mi amiga, que así sea. Buenas noches, amiga.

Y con ello adjunta una foto… La pulsera de mi padre, en el primer cajón de la mesita de su habitación, dentro de una cajita… Definitivamente, soy imbécil.   

dimarts, 5 de novembre del 2013

21. ¿Algo más?

 Me quedo quieta, atónita, mirando el móvil. Ni tan siquiera me ha dejado hablar, explicarle el malentendido, disculparme… ¡No me ha dejado abrir la boca! Lanzo el móvil contra el sillón bruscamente, suelto un chillido de rabia e impotencia y me siento en el de al lado, tapándome la cara con las manos, apoyando los brazos encima de la mesa. Las chicas de maquillaje, que estaban de camino, se acercan rápido preocupadas preguntándome qué me pasa, pero no las contesto, estoy intentando reprimir las lágrimas.

- ¿Te ha llamado Dani? –  pregunta Flo, que se sienta en el sillón al que he lanzado el móvil, recogiéndolo.
- Sí. – contesto todavía sin apartar las manos.
- ¿Estás bien? – susurra acariciándome la espalda, acercándose lentamente a mí, preocupado.
- No. – suelto un pequeño sollozo – Perdón – susurro como puedo – enseguida se me pasa, padre. – no le veo, pero puedo notar como esboza una pequeña sonrisa y me abraza cariñosamente, besándome la cabeza. Al hacerlo no puedo aguantar más y rompo a llorar, pero en seguida levanto la cabeza  – No – digo secándome las lágrimas – No voy a llorar más. – Miro a Flo – Tengo que presentar un programa, es mi responsabilidad. – Flo sonríe al verme así y me lo agradece con la mirada – Chicas – digo girándome hacia ellas – ponerme guapa.
- Más guapa. – contesta Flo besándome la mejilla. Le sonrío, me devuelve la sonrisa y se va.

“Vamos, Anna, tú puedes. Mantén la mente en blanco hasta que acabe el programa”.

Y así lo hago. No vuelvo a pensar en Dani hasta que no me subo al coche de camino a casa… Y por él cambio la ruta de mi destino: otra vez voy en su busca, a su casa. Otra vez tengo que ser yo la que va a disculparse, la que va a rogarle perdón, la que le llora quieta en la puerta…

Al llegar a su casa, subo directamente hacia su piso, con pase firme y acelerado. Estoy dolida y cabreada, y lo único que quiero es echarle en cara todo lo que me ha hecho. Pero cuando llego a su puerta, algo dentro en mí se quiebra y hace que vuelva a sentir ganas de llorar. Pero sé que soy fuerte, y sobretodo cabezona, y no voy a dejar que Dani vuelva a pisar mi orgullo. Cojo aire, me armo de valor y toco el timbre.

- Anna… – dice Dani al verme. No parece sorprendido, es más, parece que esperara que viniera. Tiene esa típica pose de creído, dolido y enfadado, la misma que pone en cada discusión. Se cruza de brazos y me mira intrigado, esperando una disculpa.
- No – digo contundente al ver su gesto – no he venido a disculparme.
- ¿Cómo? – dice Dani sorprendido por mis palabras.
- ¿Qué esperabas? ¿Que viniera aquí llorando y rogándote perdón? – se queda callado y arquea una ceja, pensativo, afirmando mi pregunta. – Pues estás muy equivocado. – esboza una pequeña sonrisa chulesca – Estoy harta, Dani, harta. Tanto tiempo detrás de mí, tanto tiempo haciéndote la víctima, tanto tiempo esperando este momento para que ahora, a la mínima que hay una confusión, te me tires encima de esta manera.
- ¿Confusión? – dice irónicamente.
- Déjame hablar. – le corto – Desde que estamos juntos que todo han sido discusiones y peleas por parte de los dos. A ti quizá te importará una mierda, pero yo tengo un trabajo de cara al público y no puedo estar así, porque a mí me duele lo que está pasando. – a Dani le duelen estas palabras, se lo noto en la mirada, quizá no tendría que habérselo dicho así, pero es como me ha salido – Yo confié en ti, siempre he confiado en ti. Dejé pasar por alto que la semana antes de estar conmigo te enrollaras con esa tal morena, incluso que ayer cuando te llamé me colgaras sin darme una explicación. Ni tan siquiera te la he pedido. Y tú, después de haber discutido y aclarado lo de Marc, te me echas encima por verme en una puta revista que sabes que se inventan la mitad de las cosas. – frunce el ceño, sin creerme, y levanta la mirada hacia el techo, negando mis palabras con la cabeza. – El chico con el que salgo en la revista no es Marc, sino Luís, un compañero de TCMS. – Dani vuelve a mirarme, otra vez chulesco.
- Anda, este es nuevo. – dice sarcásticamente. Aprieto los puños con fuerza, fulminándolo con la mirada.
- Sí, y tú eres un imbécil. – Dani suelta una pequeña risa y agacha la cabeza.
- ¿Algo más? – dice levantando la mirada. Me quedo en silencio, mirándole, apretando todavía más los puños, clavándome las uñas en la palma de la mano, aguantándome las ganas de llorar de la rabia y partirle la cara.

- Sí: Vete a la mierda. – me giro sin esperar una respuesta ni una reacción y bajo rápidamente las escaleras, tropezándome en las últimas de ellas, rompiendo a llorar y saliendo corriendo hacia mi coche. En este, me apoyo en el volante, cruzada de brazos, y me desahogo del todo, sacando todo lo que tengo dentro. Nunca me hubiese imaginado que Dani pudiera hacerme este daño, tanto daño… 

diumenge, 3 de novembre del 2013

20. No quiero saber nada.

Estoy al borde de un ataque de histeria, a punto de gritar, de soltarlo todo, de caerme desmayada por lo que ha pasado. Flo se da cuenta y corre a abrazarme, solo para protegerme, para tranquilizarme. Adriana no entiende muy bien lo que pasa, así que se va por donde ha venido, y lo agradezco, la verdad es que no acabo de llevarme bien con ella…

- Tranquilízate, Anna, estás temblando.
- Tengo miedo… – susurro.
- No tienes por qué tenerlo – susurra acariciándome la cabeza – Dani va a creerte.

¿Creerme? ¿Después de la que me montó cuando escuchó lo del supuesto Marc? ¿Después de no cogerme el teléfono, de pasar de mí, de no dar ni una señal de vida? ¿Después de no contarme lo que le pasa? Rompo a llorar y me abrazo fuerte a Flo, que resopla.

- Te avisé, Anna – dice contundente Flo. – Por eso no quería que tuvieses nada con Dani… – Susurra. Me separo de él y le miro llorosa.
- ¿Qué? – Agacha la cabeza y niega con la cabeza.
- Sabía que todo esto traería consecuencias… Mírate, llevas días llorando, distraída, y tienes que presentar un programa. ¿Cómo lo harás hoy? – nunca me había hablado así, tan borde, tan enfadado… Eso me duele más que cualquier cosa que pueda hacerme Dani o una puta revista del corazón.
- Tú… Me animaste a estar con Dani… – susurro con la cabeza agachada. Se queda callado y vuelve a resoplar. Levanto la cabeza lentamente y le miro, secándome las lágrimas. Flo levanta la mirada y me mira tiernamente, esboza una pequeña sonrisa y susurra “Hacíais tan buena pareja que era inevitable no echarte a sus brazos”. Suelto una pequeña carcajada y vuelvo a abrazarle.
- Todo irá bien, ya verás… Y sino hablo yo con él, ¿sí?  – afirmo con la cabeza y me suelto. – Y ahora ve a maquillaje, a ver qué pueden hacer contigo.

Sonrío tímidamente, agacho la cabeza y me dirijo hacia allí, inmersa en mis pensamientos: ¿Cómo pueden ser así los paparazzi? ¿Cómo pueden inventarse de esta manera las noticias? Y si esto lo ve ese tal Marc, ¿qué pensará? ¿Y Lucho? Quizá debería llamarle… Pero entonces suena mi teléfono. Me quedo quieta, lo saco intrigada y veo la foto de Dani en él. Dani me está llamando… El corazón empieza a latirme más deprisa de lo normal, nervioso, asustado, inquieto.

- Hola…  – susurro.
- Hola. – Está mucho más seco y borde que en la llamada anterior.
- ¿Qué tal? – intento parecer tranquila, como si no pasara nada, pero solo me sale un hilillo de voz que delata el mal cuerpo que tengo con esta situación.
- Oh, genial, sin duda. – dice en tono sarcástico  – Nada mejor que despertarse y ver WA de tus amigos con fotos de la Cuore. – Mierda.
- Dani, yo…
- No. – me corta  – Ya hablamos de esto, ya te pregunté por Marc, ya me enfadé, ya me desilusioné, ya sentí que me habías estado engañando. Pero te creí, decidí creerte y seguir como si no hubiese pasado nada, porque te quiero, te quiero como no he querido a otra antes... Ahora ya no sé qué sentir.
- Dani…  Déjame que…

- No, Anna. Si una cosa tengo clara es que no pienso pasar por esto otra vez. No quiero que vuelvas a engañarme, no quiero volver a escuchar mil escusas ni historias. No quiero saber nada. – Silencio. Miro la pantalla del móvil, con los ojos llorosos, y me doy cuenta que ha colgado.