dimarts, 5 de novembre del 2013

21. ¿Algo más?

 Me quedo quieta, atónita, mirando el móvil. Ni tan siquiera me ha dejado hablar, explicarle el malentendido, disculparme… ¡No me ha dejado abrir la boca! Lanzo el móvil contra el sillón bruscamente, suelto un chillido de rabia e impotencia y me siento en el de al lado, tapándome la cara con las manos, apoyando los brazos encima de la mesa. Las chicas de maquillaje, que estaban de camino, se acercan rápido preocupadas preguntándome qué me pasa, pero no las contesto, estoy intentando reprimir las lágrimas.

- ¿Te ha llamado Dani? –  pregunta Flo, que se sienta en el sillón al que he lanzado el móvil, recogiéndolo.
- Sí. – contesto todavía sin apartar las manos.
- ¿Estás bien? – susurra acariciándome la espalda, acercándose lentamente a mí, preocupado.
- No. – suelto un pequeño sollozo – Perdón – susurro como puedo – enseguida se me pasa, padre. – no le veo, pero puedo notar como esboza una pequeña sonrisa y me abraza cariñosamente, besándome la cabeza. Al hacerlo no puedo aguantar más y rompo a llorar, pero en seguida levanto la cabeza  – No – digo secándome las lágrimas – No voy a llorar más. – Miro a Flo – Tengo que presentar un programa, es mi responsabilidad. – Flo sonríe al verme así y me lo agradece con la mirada – Chicas – digo girándome hacia ellas – ponerme guapa.
- Más guapa. – contesta Flo besándome la mejilla. Le sonrío, me devuelve la sonrisa y se va.

“Vamos, Anna, tú puedes. Mantén la mente en blanco hasta que acabe el programa”.

Y así lo hago. No vuelvo a pensar en Dani hasta que no me subo al coche de camino a casa… Y por él cambio la ruta de mi destino: otra vez voy en su busca, a su casa. Otra vez tengo que ser yo la que va a disculparse, la que va a rogarle perdón, la que le llora quieta en la puerta…

Al llegar a su casa, subo directamente hacia su piso, con pase firme y acelerado. Estoy dolida y cabreada, y lo único que quiero es echarle en cara todo lo que me ha hecho. Pero cuando llego a su puerta, algo dentro en mí se quiebra y hace que vuelva a sentir ganas de llorar. Pero sé que soy fuerte, y sobretodo cabezona, y no voy a dejar que Dani vuelva a pisar mi orgullo. Cojo aire, me armo de valor y toco el timbre.

- Anna… – dice Dani al verme. No parece sorprendido, es más, parece que esperara que viniera. Tiene esa típica pose de creído, dolido y enfadado, la misma que pone en cada discusión. Se cruza de brazos y me mira intrigado, esperando una disculpa.
- No – digo contundente al ver su gesto – no he venido a disculparme.
- ¿Cómo? – dice Dani sorprendido por mis palabras.
- ¿Qué esperabas? ¿Que viniera aquí llorando y rogándote perdón? – se queda callado y arquea una ceja, pensativo, afirmando mi pregunta. – Pues estás muy equivocado. – esboza una pequeña sonrisa chulesca – Estoy harta, Dani, harta. Tanto tiempo detrás de mí, tanto tiempo haciéndote la víctima, tanto tiempo esperando este momento para que ahora, a la mínima que hay una confusión, te me tires encima de esta manera.
- ¿Confusión? – dice irónicamente.
- Déjame hablar. – le corto – Desde que estamos juntos que todo han sido discusiones y peleas por parte de los dos. A ti quizá te importará una mierda, pero yo tengo un trabajo de cara al público y no puedo estar así, porque a mí me duele lo que está pasando. – a Dani le duelen estas palabras, se lo noto en la mirada, quizá no tendría que habérselo dicho así, pero es como me ha salido – Yo confié en ti, siempre he confiado en ti. Dejé pasar por alto que la semana antes de estar conmigo te enrollaras con esa tal morena, incluso que ayer cuando te llamé me colgaras sin darme una explicación. Ni tan siquiera te la he pedido. Y tú, después de haber discutido y aclarado lo de Marc, te me echas encima por verme en una puta revista que sabes que se inventan la mitad de las cosas. – frunce el ceño, sin creerme, y levanta la mirada hacia el techo, negando mis palabras con la cabeza. – El chico con el que salgo en la revista no es Marc, sino Luís, un compañero de TCMS. – Dani vuelve a mirarme, otra vez chulesco.
- Anda, este es nuevo. – dice sarcásticamente. Aprieto los puños con fuerza, fulminándolo con la mirada.
- Sí, y tú eres un imbécil. – Dani suelta una pequeña risa y agacha la cabeza.
- ¿Algo más? – dice levantando la mirada. Me quedo en silencio, mirándole, apretando todavía más los puños, clavándome las uñas en la palma de la mano, aguantándome las ganas de llorar de la rabia y partirle la cara.

- Sí: Vete a la mierda. – me giro sin esperar una respuesta ni una reacción y bajo rápidamente las escaleras, tropezándome en las últimas de ellas, rompiendo a llorar y saliendo corriendo hacia mi coche. En este, me apoyo en el volante, cruzada de brazos, y me desahogo del todo, sacando todo lo que tengo dentro. Nunca me hubiese imaginado que Dani pudiera hacerme este daño, tanto daño… 

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