dimarts, 30 de setembre del 2014

42. Para siempre.


Narra Dani

Anna está radiando felicidad, comiendo rápido, aunque saboreando cada mordisco que da. Tiene ganas de enseñarme lo que tiene preparado para mí, y la verdad es que estoy nervioso. No he podido pasar por alto el hecho de que vaya en camisón y ropa interior sexy, con la que está cenando, y que se haya hecho una coleta bien alta, ahora mojada, cuando ella prefiere ir con moño casero. Es increíble como, de un día a otro, podemos pelearnos y odiarnos a volvernos a querer y hacer como si no hubiese pasado nada, ilusionados y felices como el primer día. Aunque todo esto es mejor que el primer día, si cabe. Todos sus besos, todos sus abrazos, todos sus momentos e intimidades compartidas conmigo las guardo como un tesoro en mi corazón. Jamás habrá otra mujer que me haga sentir como ella lo hace. Es única y especial, de todas las maneras posibles.

 -¿Por qué sonríes? – dice Anna cortando mis pensamientos.
-Oh, por nada  – digo quitándole importancia, sonrojado.
-Uuuuuui… No me fio de esa sonrisilla traviesa y tímida… ¿En qué pensabas? – dice todavía más intrigada.
-En… Los giros que tiene la vida – levanta las cejas y aprieta los labios, bajándolos levemente como símbolo de sorpresa – y en lo caprichoso que es el destino.
-Vaya… – dice totalmente alucinada – Sí que te afecta la pizza. Te pone tontito. – dice riendo, tomándose a broma lo que le digo.
-Es en serio, Anna. – me mira intrigada – ¿Cuánto hace que nos conocemos? – sonríe agachando la cabeza, supongo que ya sabe a qué me refería – Unos… 5 años, ¿no? – afirma con la cabeza – ¿Y cuánto llevamos juntos? – Me mira seria, quizá intentando pensar en todo lo ocurrido – No desde esta “última vez”, sino desde el primer día, desde que empezó todo. Olvidando discusiones y peleas y separaciones inútiles. ¿Cuánto? 9 meses – está seria, escuchándome, pensando y analizando lo que ya sabe que voy a decir, lo que intuye, lo que ella misma piensa, quiera o no – Y sin embargo, durante todo ese tiempo… Antes de estos meses…
-Lo sé, Dani – me corta – Siempre has estado allí y nunca lo he querido ver. ¿Es eso? – dice sin apartar la mirada de mí, soltándolo de golpe, seria y contundente.
-Sí. – agacha la cabeza, a lo que sonrío – 9 meses… Aunque 6 de estos… – Anna levanta la cabeza nuevamente.
-Por favor Dani, déjalo estar. Vamos a acabar haciéndonos daño.
-No, no, daño no. Solo digo que… En realidad… Estar, lo que se dice estar, si lo paras a pensar bien… Solo hemos estado 3 meses juntos… Y así así.
-¿A qué viene todo esto? – dice alterada del todo, levantándose de la silla – ¿A qué viene remover el pasado de esta manera? Me estás haciendo pensar en cosas que ya tenía olvidadas, que no quería recordar.
-Pero yo sí, Anna. Me has preguntado en qué pensaba y era eso.
-¿Y por qué sonreías? ¿Eh? – me ataca – ¿A caso es gracioso para ti?
-No, por supuesto que no – digo tranquilo, levantándome de la silla y acercándome a ella, cogiéndola por los brazos para tranquilizarla. Ella agacha la cabeza y se cruza de brazos. – Pensaba en cómo puede ser que te quiera tanto. En que solo mirarte sepa que eres la mujer de mi vida y que no cambiaría nada de lo ocurrido. – me mira emocionada y sonrojada – Bueno, obviamente sí cambiaría cosas… – sonríe, pensando lo mismo que yo – Sí… Esos 6 meses nos hicieron mucho daño… Y fue todo culpa mía… – levanta su mirada entristecida y rodea mi cuello con sus brazos, apretándose a mí. Suelto una risa – 3 meses… Lo paras a pensar y es pura mierda  – se separa de mí dándome un golpe en el pecho y gritando su típico “¡oye!” – Pero si es verdad, cariño – repito, a lo que ella se estremece – ¿Qué son 3 meses de mierda en todos estos 9 tan ajetreados?
-Mejor 3 que nada… – dice con la cabecita agachada, sin apartar sus manos de mi cuello.
-Pues en eso pensaba… En lo feliz que me has hecho en ese tiempo, en lo que me ha cambiado la vida, en lo que he deseado todo esto… – digo acariciándole la espalda – Eres la única capaz de hacerme así de feliz, Simon. – sus ojos deslumbran felicidad, emoción y melancolía por todo lo que le debe haber pasado por la cabeza, y rápidamente funde nuestros labios en un cálido y sentido beso – Umh… A esto me refería… Solo tú sabes así de bien – y le respondo con un beso más largo, más pasional, más nuestro. – ¿Por qué será que después de un enfado me gustes todavía más?
-Será que te das cuenta de lo que puedes perder… – contesta después de meditar.
-¿Tú sientes lo mismo? – digo alejándome un poco de ella, para buscar en su mirada la respuesta.
-Sí – contesta emocionada – Dani, siento cosas muy fuertes hacia ti, y lo siento si he tardado en darme cuenta o si he hecho que esta relación haya ido mal por cualquier bobada… Ahora más que nunca siento que eres tú el único en mi vida. Y quiero que seas tú para siempre. – tiene sus manos apoyadas en mi pecho, y un destello de luz ilumina su mirada. Está a punto de llorar, y yo siento mil y una cosas a la vez. Después de tantos años, de tantos altibajos, de tantos sentimientos. Esto es real, para siempre.
-Te quiero, Anna. Te quiero más que a nada en esta vida – la beso rápidamente, apretándome fuertemente contra ella y mordiendo delicadamente la comisura de sus labios.

-Y yo a ti – dice mientras separamos nuestros labios para coger un poco de aire, pero rápidamente vuelve a besarme,  y dirige nuestros pasos al sofá-cama que tiene abierto. Se tumba en él y empieza a besarme dulcemente, sin prisa, saboreando cada parte de mí. Sigo su ritmo colocándome bien encima suyo, cogiendo sus manos y colocándolas a cada lado de su cuerpo, apretándolas, deseoso de su cuerpo. Levanta la cabeza para que pueda adentrarme en su cuello, bajando hacia sus hombros, besando y mordiendo poco a poco todo lo que voy recorriendo. Se deshace de una mano para poder acariciarme el pelo, enredando sus dedos entre este y agarrándome con fuerza cuando le doy pequeños mordisquitos. Nuestros suspiros se sincronizan, nuestros corazones laten al mismo tiempo y nuestro deseo va creciendo poco a poco. Aun así, no adelantamos el ritmo, está siendo bonito, lento y dulce, y ella está cada vez más excitada. Tiene la piel erizada y cuando abre los ojos para mirarme noto en ellos la felicidad y el deseo. Tampoco quiero correr, tenerla así me basta, me sobra con besarla y sentirla mía. Y ella es mía, para siempre, como siempre.

dijous, 28 d’agost del 2014

41. Eres una egoísta

 Estoy abrazada al cuerpo desnudo de Dani, escuchando su corazón latir, notando sus manos acariciando mis brazos y sus labios dándome suaves besos en la cabeza. Me incorporo para besarle, pero su móvil empieza a vibrar y a sonar y hace que los dos demos un pequeño bote.

- ¡Mierda! – grita Dani al coger el móvil del suelo – ¿Sí? Sí, sí, lo siento, se me ha pasado la hora. Sí, sí, ahora mismo voy. Mierda, mierda, mierda – va diciendo mientras se levanta de la cama y empieza a buscar la ropa.
- ¿Qué pasa? – digo preocupada sentándome.
- Pues que tengo que grabar, joder, que no me acordaba. – me tapo la boca con la mano y rápido me levanto para vestirme – Estando contigo me olvido del mundo y de mí – dice rompiendo a reír. Me quedo mirándole con una gran sonrisa, me acerco a él, le cojo su dulce carita y le beso.
- Que vaya bien mi amor, pórtate bien. – se queda callado, mirándome con media sonrisa y una ceja levantada. Suelta una pequeña carcajada y me coge de las manos.
- Míranos, parecemos un viejo matrimonio… – suelto una pequeña carcajada y dejo que me bese como despedida. – Nos vemos después. Te quiero. – se gira y sale corriendo de casa.

Voy al sofá y me siento soltando un grande suspiro. ¿Le tocará grabar otra vez con ella? El corazón me da un vuelco y me estremezco. No quiero que esté con ella, no quiero que se vuelvan a hablar, y menos a besar, y sé que eso es lo que va a acabar pasando, porque al fin y al cabo es lo que toca como guion… Aprieto los dientes con fuerza y me muerdo el dedo índice, nerviosa, pensativa… Sí, la voy a llamar.

Suena el contestador, me ha colgado, pero no voy a desistir.

- ¿Qué quieres? – dice a la cuarta vez de llamarla.
- Puedes hacer todo cuanto esté en tu mano para llevártelo de mi lado, pero jamás harás que deje de sentir eso por mí. Acéptalo de una vez, Cristina – digo chulesca – siempre he sido la única mujer en su vida.
- Sí, pero no la única entre sus piernas – me corta de la misma manera – Y eso es lo que acaban deseando, una mujer en su cama, y allí estaré yo cuando tu faltes, que lo harás, cuando te canses de él.
- Si claro, chata, ya te lo pasaré. – voy a colgar pero escucho su irritante voz y vuelvo a ponerme el móvil en la oreja.
- Nunca has estado más de un mes con él, nunca has estado un año viviendo a su lado. No sabes qué manías tiene, qué cosas repite, qué come, qué mira, qué hace. No sabes nada de él, Anna. Yo lo aguanté todo, lo soporté todo. Me llevó de viaje, me llevó de vacaciones, me hizo sentir siempre como una princesa… Pero porque yo siempre le traté como a un rey. Cosa que tú jamás llegarás a hacer porque eres una hipócrita y una egoísta. Y cuando se canse de ti, o tú de él, volverá a mí llorando, porque solo yo sé cómo tratarlo. – me quedo callada, no soy capaz de contestar. Oigo como suelta una pequeña carcajada maléfica al otro lado del teléfono y prosigue – Que te lo pases bien esta tarde tejiendo, Anna, me voy a plató, a grabar con Dani nuestras escenas de amor. – Y cuelga. Caigo sentada al sofá, derrotada por todo, analizando todo lo que me ha echado en cara. Y entonces me planteo la idea de presentarme allí y cortarles el rollo, exigir que no graven eso, que se cambie la actriz, o las secuencias o todo. Pero me doy cuenta que no soy nadie para hacer eso y que así solo conseguiría empeorar las cosas, así que me trago mi orgullo y mi dolor y salgo a dar un paseo por Madrid para poder airearme.


Llega la hora de cenar y lo tengo todo preparado: velitas, música, pizzas y el sofá-cama abierto. Llevo puesto un camisón blanco que transparenta mi ropa interior negra y en el pelo una cola de caballo bien alta, como a Dani le gusta. Éste llega media hora después de tenerlo todo listo, y al abrir la puerta del comedor, se queda petrificado.

-¿Qué es todo esto, Simon? – dice con la boca abierta y una sonrisa dibujada en ella.
-¡Tacháaaaaan! – digo abriendo los brazos – ¿Te gusta?
-¿Que si me gusta? – ríe – Por favor, Anna, ¡me encanta! – y se lanza a mis brazos, levantándome del suelo y dándome una vuelta en el aire. – Que sorpresa, cariño, era lo que necesitaba. – me besa los labios y le miro sonriente y feliz. Creo que es la primera vez que me llama “cariño”, que lo hace sin pensar, que le sale del corazón. Él también se da cuenta y se sonroja un poco, dejándome en el suelo. – Me ducho y cenamos, ¿sí?
-Y si… – susurro cogiéndole el cuello de la camisa – Nos duchamos… ¿Y cenamos? – levanto la mirada y le veo coger aire, sonriente, excitado. Lo suelta de golpe y afirma con la cabeza, cogiéndome de la mano y llevándome al cuarto de baño. Empieza a besarme, a abrazarse a mi cuerpo, a acariciar todo lo que es suyo: mi espalda, mi trasero, mis piernas. No se deja un solo centímetro, no me separa de él, no deja de morderme. Cada vez más deseoso de mí, cada vez más deprisa. Me quita el camisón y se aferra con los dientes en mi cuello y con las manos en mi cadera, dejándome poco espacio para empezar a quitarle la camisa y desabrocharle los pantalones. Una vez desnudos, entra en la ducha y enciende el agua, mojándome con agua fría, divertido de escuchar mis gritos y mis reproches. Empieza a salir más calentita y deja la manguerita en el reposadero de la pared y se abraza a mí, para que nos dé a los dos. Sonrío tímida y excitada por la situación y le agarro la cara para besarle nuevamente, sintiendo como, bajo de esa estropeada y vieja ducha, me hace suya, una vez más, de la manera más especial y dulce, todo lo que la situación lo permite. – Tendremos que calentar la pizza en el microondas, ¿no? – dice divertido mientras se seca.
- Hombre, ya que estamos la ponemos en el horno, que quedará más tierna y más buena.
- Tú sí que eres tierna… – y vuelve a abrazarme por la espalda, besándome el cuello, acariciando mi barriga.
- Vamos Dani, tenemos que reponer fuerzas – digo riendo intentando escapar de sus brazos.
- Vamos a comer como cerdos, que lo quemaremos en un momento. – me coge de la mano y me lleva al comedor, me sienta en la mesa y él mismo prepara los entrantes y calienta la cena. Cuando lo tiene todo listo, empezamos a comer, y solo entonces me atrevo a preguntar por la tarde de grabación. 
- ¿Cómo ha ido? – digo intentando no prestarle mucha importancia.
- Bueno… Bien, dentro de lo que cabe…  – contesta mordiendo un trozo de queso, evitando mi mirada. – Dos besitos tontos, mucho diálogo. – lo dice deprisa, como si así lograra hacer que me resbalara.
- Ah bueno, mientras hayan sido tontos…  – suena demasiado a reproche así que finjo una risita.
- Cuando veas el capítulo verás que no es nada del otro mundo  – intenta defenderse.
- No pienso ver ese capítulo  – amenazo cortante.
- ¿No? ¿Ni siquiera por mí? – dice ofendido.
- No quiero hacerme daño. – intento disculparme.
- No, no, claro. – sigue comiendo  – Lo he evitado, Anna, he hecho que sean lo más rápido posible para que se vea en cámara y evitar que ella pueda aprovecharse. – clava sus ojos en mi  – Haciendo eso me juego mi trabajo, ¿sabes? – agacho la mirada dolida y suspiro.
- Lo siento, Dani, sé cuanto te esfuerzas y admiras estar allí… Pero no me pidas que vea eso.
- ¿Eso? – da un golpe en la mesa.
- El beso, Dani. Tú siempre eres un placer para mis ojos. – la respuesta no acaba de convencerle y acaba todo lo que tiene en el plato antes de continuar hablando.
- Sabes que te quiero, ¿no? – dice sin apartar su mirada de mí. Le contesto con una sonrisa tímida y un gran sonrojo de cara. – ¿Sabes, también, que venir a vivir contigo es lo que más me ha hecho feliz en estos últimos años? – me muerdo el labio inferior y afirmo con la cabeza  – Bien, pues también quiero que sepas que en esta serie, la cual, como sabes, me llena de orgullo formar parte, interpreto a un “vividor follador” – dice imitando la voz de Amador, algo que me hace reír pero a la vez pensar  – Vas a verme ligar y besar a muchas mujeres, incluida Cristina, pero no quiero que pienses ni un segundo en que he disfrutado haciéndolo, que lo he aprovechado, o que he dejado de pensar en ti para hacerlo. – su mirada está desafiante, serena, intentando convencerme de lo que dice. – Eres mi musa, estás siempre presente en mi cabeza, y cuando tengo que declararme o acercarme a cualquier chica, pienso que eres tú. – sonrío  – Así no me siento ningún traidor.
- Eres actor  – contesto cogiéndole la mano que tenía temblorosa encima de la mesa  – Jamás voy a pensar que seas un traidor por hacer bien tu trabajo. Pero entiende que es a ella a quien no quiero ver. Aun así lo haré por ti, cerraré los ojos cuando ella salga y pondré la tele en silencio. ¿Trato? – sonríe de oreja a oreja y afirma con la cabeza. – Anda, vamos, que me queda la última sorpresa. 

divendres, 8 d’agost del 2014

40. El más cursi

Narra Anna


El timbre suena una y otra vez, cada vez más corto, cada vez más apresurado y repetido. Me levanto de la cama, enfadada y decidida a echarle de casa, y todavía más después de este comportamiento. ¿Quién se cree que es para aporrear así la puerta y gastarme el timbre? Ando con paso decidido hacia la puerta y la abro de golpe, con rabia, expresando en la cara todo lo que siento, mi enfado y mi orgullo repleto de odio. Dani está detrás de la puerta, con una mano apoyada en la pared y la otra a punto de volver a tocar el timbre. 

- Como vuelvas a tocar el timbre te corto la puta mano. – amenazo de la manera más seca posible. Dani sonríe al verme y se lanza sobre mí, cogiéndome con fuerza el rostro y besándome una y otra vez, con besos cortos, como picotadas de pájaro. Le intento apartar, empujándole por el pecho, pero no hay manera, se me resiste.
- Te quiero, te quiero – dice entre beso y beso. Acaba haciéndome reír, y al escucharme, me suelta, por fin. – Te quiero – vuelve a decir ahora mirándome a los ojos y con su más sincera sonrisa.
- ¿A qué viene todo esto? – digo separándome de él y cruzándome de brazos, para que vea que sigo enfadada.
- Lo que has visto no ha significado absolutamente nada para mí, Anna, y quiero que lo sepas. – me pongo seria al recordar el beso que se ha dado con Cris y agacho la cabeza – No quiero que se arruine lo nuestro, no ahora que he venido a vivir aquí y que por fin hemos dado el paso. – levanta la mirada y me sonríe – Que por ti renuncio a todo, Anna. Renuncio a mis amigos, a salir, a Madrid... Que contigo me voy a Mollet o donde haga falta, a criar treinta gatos, o cabras, que aprendo a tejer para poder hacerte una bufanda en invierno sentados en el sofá viendo tu película favorita. – vuelve a cogerme del rostro y me seca una lágrima que cae tímida por mi mejilla, acercándose a mí – Que lo eres todo para mí, Anna, y te lo demostraré de mil maneras diferentes. – me besa dulcemente y se separa, esperando una resuesta.
- No quiero que renuncies a nada, amor – consigo decir – Cuando he llegado a casa y he visto tus cosas me he dado cuenta del paso que habíamos dado, de lo que significa para nosotros, y me he dado cuenta de que te quiero más de lo que pensaba. Es por eso que me ha dolido verte con ella, porque con ella tienes más recuerdos, más momentos vividos, más amor compartido… Y siguen rodando en mi cabeza los reproches que me soltó… Y yo no quiero hacerte infeliz, Dani. Quiero verte reír, quiero verte disfrutar de tu trabajo, quiero verte llegar a lo más alto… Porque lo conseguirás, tienes el talento para hacerlo. – sonríe y me besa de nuevo, pero me aparto – ¿Estás seguro que quieres que sea yo quien te acompañe en todo esto? ¿Estás seguro que saldrá bien, después de todo? 
- Me da igual si sale mal. – me corta – Prefiero un minuto contigo a una vida sin ti. Y si al final esto no sale bien, por lo menos tendré el recuerdo de haber vivido contigo, de haber compartido al fin mi vida contigo. Y si es por “momentos” por lo que estás preocupada, tranquila, que crearemos nuestros propios recuerdos, cada uno más especial que el último. – cojo todo el aire que la poca distancia me permite y me lanzo a sus brazos, sonriendo y besándole una y otra vez. Dani me levanta del suelo, cogiéndome por debajo del trasero, y rodeo con mis piernas su cuerpo para que pueda andar. Se dirige como puede hacia el dormitorio y me deja caer sobre la cama. 
- Me has convencido de la manera más cursi posible – digo entre risas mientras se quita la camiseta.
- Tú me haces ser cursi… Con lo macho que yo era – dice lanzándose sobre de la cama y poniéndose encima de mí. Se separa un momento de mi cuerpo y me mira a los ojos – Te quiero – repite nuevamente. Sonrío y le cojo de la cara, besándole dulcemente, le empujo y me pongo encima.
- Déjame hacer a mí, que estás tan arrepentido que te sale la vena moñas. – abre la boca completamente sorprendido y suelta una gran carcajada.

Empiezo a besarle, cada vez más deprisa, cada vez más deseosa de su cuerpo. Me quito la ropa, apartando sus manos, llevando el control de la situación. Ríe divertido y excitado al verme así, así que se deja hacer. Pone sus manos detrás del cuello y se relaja, soltando tímidamente gemidos que no puede reprimir y estremeciéndose cada vez que le beso y le acaricio. Recorro cada parte de su cuerpo, es mío, absolutamente mío, y eso me gusta todavía más. Cada palabra que me ha dedicado, por cursilada de película que haya sido, me ha llegado al corazón y me ha hecho entender muchas cosas, pero sobretodo me ha hecho darme cuenta del chico al que tengo y de cuanto tengo que cuidarlo para que nunca se vaya de mi lado. No quiero ver como cualquier lagarta me lo levanta. Ya le tengo enamorado, ahora solo me hace falta hacerle el más feliz en la cama y jamás volverá a besar a otra mujer.


dijous, 7 d’agost del 2014

39. Estoy bien jodido

Salgo corriendo detrás de Anna, gritando su nombre e intentando alcanzarla, pero dos técnicos del equipo me paran y me comunican que tenemos que seguir grabando. Miro por encima de sus hombros el paradero de Anna, pero ya no alcanzo verla y agacho la mirada. La he cagado pero bien.

- Dani… – escucho la voz de Cristina detrás de mí, pero no me atrevo a girarme. No puedo volver a mirarla.
- Chicos, ¿podemos hacer mis escenas con David y Melani? – les pregunto flojito.
- La verdad es que… – contesta uno con el mismo tono – tendríamos que seguir con las de Cris. ¿Hay algún problema? – me quedo callado con la mirada en el suelo. No puedo parar de pensar en Anna, en el beso, en lo que siento…
- Sí. No puedo. – contesto mirándole de nuevo a los ojos. Se queda un poco intrigado y sorprendido, pero no me contesta, ladea los hombros y se dirige hacia plató. Sigo sus pasos, ignorando los toques en la espalda de Cris.
- Dani por favor, tenemos que hablar – va diciendo ella sin dejar de seguirme. 

Cuando llego a plató, me siento junto a Paco y Canco, escuchando sus bromas y sus tonterías. Intento meterme en la conversación, aparentar normalidad y tranquilidad y logro conseguirlo. Cris, por su parte, se sienta en la mesa de al lado, de espaldas a mí, y se lo agradezco.

La mañana pasa lenta y duramente. Consigo grabar dejando mis problemas a un lado, pero cada vez que hay descansos me sumerjo en mil pensamientos, cada cual más doloroso. Aprovecho la hora de comer para escaparme a casa y poder darme una ducha fría e intentar hacer la siesta, pero desafortunadamente el sonido irritador del timbre no cesa.


- ¿Qué quieres? – pregunto de la manera más seca posible, aguantando la mirada desafiante a Cristina.
- ¿No crees que tenemos que hablar sobre lo que ha pasado?
- No quiero hablarlo – digo cortante.
- Ignorar los problemas no da la solución – dice cruzándose de brazos. Me la quedo mirando con una ceja levantada y resoplo.
- Habla. – digo poniéndome de la misma manera. Se queda callada mirándome incrédula y con su típica cara de asco.
- Bien… – consigue decir después de coger aire – ¿Me dejas pasar, por lo menos? – me aparto de la puerta y aparto el brazo de ella, señalándole el comedor, que ya bien conoce, dándole paso. Afirma con la cabeza como modo de gratitud y pasa al salón, sentándose en el sofá y mirándome nuevamente, con su cara de niña buena y delicada. No puedo aguantarle la mirada y, al sentarme, paso a mirar a mis manos, entrelazadas y nerviosas, apoyadas en mi barriga. – Dani, lo siento por haberte besado, no quería confundirte. – empieza – La situación ha podido conmigo, con mi deseo y mis sentimientos, pero yo en ningún momento he querido hacerte daño o estropear tu relación… Yo solo quiero que seas feliz. – cada vez su voz suena más dulce y más sincera, y con su última frase, acaricia mis manos temblorosas y se acerca un poco más a mí – Hacía tiempo que no te veía, y al hacerlo, y de esta forma… – dice susurrando, casi arrepintiéndose de haberlo provocado ella misma – Lo siento, de verdad – por primera vez desde que estamos así, la miro a los ojos, buscando en ellos la verdad. Me encuentro con sus ojos húmedos, clavados en los míos, pidiéndome perdón de corazón. Siento un pinchazo en el pecho y vuelvo a bajar la mirada, hacia mis manos, ahora protegidas por las suyas. Les doy la vuelta y toco lentamente sus manos, que se levantan vergonzosas al notar mis dedos en sus palmas. Vuelvo a mirarla y la veo sonriendo, con la mirada fija en nuestras manos, y al notar mi mirada, clava sus ojos en los míos. – Éramos tan felices… – susurra – siempre he querido esto, tu felicidad. – entrelaza sus dedos con los míos y se acerca un poco – No me arrepiento de haberlo hecho, de haber hablado con varios representantes para conseguir este papel, para conseguir volverte a ver, para volverte a besar… – va diciendo cada vez más sensual, más serena, más ella. No puedo contestar, ni tan siquiera sé si respiro. No puedo apartar mi mirada de sus ojos, de sus labios que se acercan poco a poco, con esa sonrisa, con esos dientes perfectos que me encantaba notar clavados en mi cuello… – Todo lo que un día te dije lo sentí de corazón, Dani, por mucho que tú nunca sintieras lo mismo. Por mucho que tú me utilizaras y amaras a otra mujer. – esta vez su voz suena más dura, reprochante y dolida. Suelto un suspiro y la miro arrepentido, soltando mis manos de las suyas y poniéndolas en sus hombros, para alejarla. 
- Cristina, lo siento… – consigo decir cogiendo un poco de aire. Ella agacha la cabeza y se echa hacia atrás, volviendo a la postura a la que estaba al principio. Levanta la mirada, esta vez todavía más dolida, nuevamente húmeda, y finge una sonrisa.
- Infinito elevado a infinito… – susurra soltando una lágrima y agachando la cabeza.
- Y no se puede más – digo inconscientemente. Levanta la cabeza y sonríe de oreja a oreja, de corazón, y suelta un pequeño suspiro. Y, sin darme cuenta, sin pensar, sin ser yo quien dirige a mi cuerpo, subo las manos de sus hombros hacia su rostro, cogiéndolo suavemente, y me acerco veloz hacia sus labios, apretándolos a los míos, volcándome entero sobre ella. No se resiste, cae tumbada al sofá y separa las piernas para que me ponga cómodo, apretándome por mi espalda, abrazándose a mí. Entreabro nuestras bocas, recorro cada milímetro de sus labios, le beso y muerdo el cuello, juego con su camiseta hasta que logro sacársela… Y solo entonces vuelvo a mirarla a los ojos. Me quedo sentado sobre mis rodillas y empiezo a hiperventilar. Cristina se levanta rápido y me coge la cara, besándome de nuevo, intentando tumbarme. Pero la aparto y me levanto del sofá. – No puedo, Cris, no puedo. – y me pongo las manos en la cara – Joder, ¡joder! ¿¡Qué estoy haciendo!? – grito una y otra vez, pegándole una patada a la mesa. – Vete por favor – le digo todavía con el tono alzado, ordenándole. Cris se queda mirándome, pidiéndome que no, pero me resisto a su estúpida y sensual dulzura. – ¡Vete! No quiero hacerte más daño – la riño – ¿No ves que no estoy enamorado de ti? ¡Tú misma lo has dicho! No me hagas ser más cabrón de lo que ya he sido. – la ataco con todos mis pensamientos, lo que siento más adentro. Con todo lo que odio de mí. Le grito todo lo que sé que no quiere escuchar, pero que es verdad. Y vuelvo a verla llorar, y vuelvo a girarme y ponerme una mano en la cara, maldiciendo lo que acaba de pasar. Escucho un puertazo y vuelvo a pegarle a la pobre mesa que nada ha hecho. 
- Que sepas que me das pena – me ataca Cris, dándome un buen susto porque pensaba que ya se había ido – ¿Piensas ir toda la vida detrás de ella? ¿Corriendo de un lado a otro para arreglar sus enfados? ¿Dejando de vivir y de sentir solo por ella? ¿Por esa estúpida que solo te hace daño? – cada vez alza más la voz, cada vez ataca más y más a Anna y con cada argumento me hace cabrear más. – Algún día te darás cuenta de todo lo que has perdido por no abrir los ojos y darte cuenta de la realidad. Y el día que te deje tirado para siempre yo ya no estaré allí para calmar tus penas. – esta vez sí, se da la vuelta y sale de casa, pegando un portazo mayor.


¿Qué he perdido por estar con Anna? ¿Qué he dejado de lado por ella? ¿Cuánto tiempo de mi vida he malgastado?... Y así, solo en el salón, empiezo a pensar en todos y cada uno de los momentos que he pasado con ella, desde que me enamoré hasta que la tuve por fin en la cama, entre mis brazos, abrazada a mi cuerpo, sintiéndola sola y absolutamente mía… ¿Y qué no daría por volverlo a hacer? Estoy bien jodido, estoy enamorado hasta las trancas, como jamás me ha pasado… Y lucharé cada minuto de mi vida por ella.

Y con ese último pensamiento, me levanto del sofá y me dirijo corriendo a su casa. 

diumenge, 23 de març del 2014

38. ¡Acción!

 Una vez maquillados y vestidos, en mi caso disfrazado, nos dirigimos nuevamente a plató. Anna, aunque está nerviosa y enfadada, observa cómo los demás hacen su trabajo: mira atónita cómo los cámaras siguen a los personajes, y como estos dan rienda suelta a una conversación que acaban de aprenderse en un momento en sus respectivos camerinos… Ella y yo hemos estado probando los míos con Cristina, para hacernos a la idea y poder controlar la situación, pudiendo así evitar que ella se exceda demasiado.

- Vamos, Dani, aprovechamos que estamos grabando en casa  de Luisma para hacer tu secuencia con Cristina. ¿Cómo van esas orejas?
- Bien, bien – digo entre risas, recordando como Anna se descojonaba al verme e imaginar a Cristina con una de ellas. – ¿Y mi acompañante? – digo con una sonrisa fingida.
- Aquí. – me giro y veo llegar a Cristina, con un vestido bastante provocador y su característica sonrisa malvada. Dirijo la mirada hacia Anna y asiente con la cabeza, mandándome su apoyo. Le devuelvo el gesto y sigo a Cris hacia nuestra posición. “Vamos, Dani, como lo hemos ensayado” pienso cerrando los ojos con fuerza e inspirando fuertemente.

- ¿Preparados? – grita el director – ¡Acción!

‘Marta’ llega a casa de Luisma dispuesta a acostarse con ‘Simón’, pero tengo muy claro que no voy a dejar que me bese ni me toque. ¿Quería guerra? La va a tener. Aprovechando que en el guion tengo que evitarla, juego al máximo con ello: Primero, cuando intenta quitarme un gorro de lana que llevo para taparme las orejas, susurrándome sensualmente y acercándose a mí, le voy picando los brazos y apartándolos de su camino, con fuerza y desprecio, echando mi cuerpo hacia atrás. Cris me mira mal, e incluso creo que se pica más de lo que pide el personaje, pero no cedo. Después de declararme a ella, sufriendo a cada palabra, notando la mirada fija de Anna en nosotros y viendo la expresión de Cristina, en el momento en el que me intenta rodear el cuello para besarme, me echo para atrás de golpe, cogiéndole del brazo e yéndome a apagar la luz. Vengativa, me coge de la mano y va acercándome a ella, con su voz sensual, respondiendo a la pregunta de la ropa interior. Y entonces llega el momento en el que nos tenemos que enrollar. Tal y como había ensayado con Anna, la abrazo y me echo encima suyo, poniendo mi cabeza entre su cuello, haciendo ver que la beso, para que así ella no pueda besarme.

- ¿Pero qué haces? – grita enfadada, sacando lo que llevaba callando hasta ahora.
- ¡Corten! – sigue el director – ¿Pero qué pasa, Cris? ¡Estaba quedando bien! – sonrío al escuchar eso y veo como Anna también lo hace.
- ¿Pero no se supone que deberíamos besarnos?
- ¿Pues qué estaba haciendo? Besarte el cuello. Da lo mismo, Cris.
- No, pero…
- No tenemos tiempo – dice cortándola – preparados que repetimos… 

Volvemos a repetir la escena a partir de que cierro la luz y vuelvo a hacer lo mismo, riendo sin querer al acercarme a su cuello. Cris no intenta besarme, ni cogerme, simplemente me acaricia un poco el torso… Pero nada más, rápidamente hace ver que se le enreda la pulsera en mi oreja. Me quedo un poco atónito al ver eso, pero sigo la escena con cuidado para no tener que repetir. Cristina se hace la dolida demasiado bien, como si de verdad estuviese a punto de echarse a llorar, y no sé por qué, siento una inmensa pena y ganas de pararlo todo para poderle preguntar qué le pasa. No me gusta verla así, y no sabía que podía sentir esto en momentos como este. Por suerte, solo tengo dos frases por decir y la escena se acaba rápido. Al grito de “corten” del director, Cristina se va corriendo hacia los camerinos. Los demás nos quedamos de pie, inquietos y sorprendidos, sin saber qué le pasa ni qué hacer. Me acerco a Anna, pero mis ojos no se separan del camino hacia los camerinos, de ver si Cris vuelve o está por allí cerca. Un par de chicos van detrás de ella, preocupados por lo que le haya pasado, y yo siento necesidad de ir.


-¿Dani? – me giro asustado y miro a Anna, que está mirándome con los ojos enfurecidos – ¿Me estás escuchando?
-¿Eh? – lee en mi rostro que no y se cruza de brazos – Lo siento, es que… – y vuelvo a mirar hacia los pasillos.
-¿Qué quieres? ¿Ir detrás de ella? ¿Hacer lo que está deseando que hagas? Que ha montado este numerito a posta, Daniel. – dice cada vez con un tono más seco y borde. La miro sorprendido y dolido, no me gusta que emplee este tono conmigo, y menos en esta  situación. El corazón me pide con fuerzas que vaya a buscarla y, aunque sé que Anna en el fondo tiene razón, no puedo evitar apretar los puños con fuerza y resoplar, contestándole:
-Espérame aquí. – me giro y empiezo a correr hacia los camerinos, sin mirar atrás, no quiero ni imaginarme la cara de Anna en este momento. A lo lejos, veo a los dos chicos que han ido tras de Cristina, volviendo del camerino de los invitados – ¿Habéis visto a Cris?
-Está encerrada en el camerino, – me contesta uno – y no nos quiere abrir… Quizá contigo cede. – trago saliva y miro hacia la puerta, por encima de sus cabezas.
-Gracias. – me dirijo hacia allí a paso lento, nervioso y preocupado. Al llegar, llamo a la puerta con los nudillos. – Cris… Soy Dani… – digo al ver que no contesta.
-Vete. – contesta desde dentro.
-Por favor, abre. – digo apoyando la cabeza en la puerta, para que me escuche mejor.
-¿Qué quieres? – puedo notar su voz quebrada y no me es difícil adivinar que está llorando.
-Saber qué te pasa… – contesto intentando abrir la puerta.
-¿Ahora te preocupas por mí, después de cómo me has tratado? – noto su voz más cercana, así que me echo para atrás.
-Abre y lo hablamos mejor… – digo más fuerte, esperando a que lo haga. No pasa ni un segundo que oigo el seguro abrirse. Sabía que estaba a punto de abrir, pero que no lo haría hasta que no se lo pidiese. Al abrir la puerta, veo como las lágrimas se han llevado parte del maquillaje de los ojos y noto así que no es teatro lo que está haciendo. Eso me hace sentir todavía más peor de cómo me sentía, y entro sin pedir permiso, dejando la puerta un dedo abierta. – ¿Qué te pasa? –  repito, cogiéndola suavemente por los brazos.
-¿Cómo puedes ser tan cínico? –  dice echándose para atrás, evitando mis manos. –  ¿Pero tú que te piensas, que yo no tengo sentimientos? ¿Qué puedes hacer y decir lo que te da la gana sin que a mí me importe lo más mínimo? – sus palabras van clavándose sobre mi persona una tras otra, y cada vez me duelen más sus ataques.
-¿Qué he hecho? – pregunto inocente.
-¿Qué? – pregunta dolida y con una risa irónica. – Es increíble que no te des cuenta por ti mismo de lo que causas a tu alrededor… Podrías pensar un poquito en los demás antes de hacerlo solo por ti, ¿no crees? – sigo mirándola sin saber qué responder y ella niega con la cabeza – ¿Qué era yo para ti, Dani? – pregunta poniéndose seria – Dime, ¿Qué fui para ti? – se queda en frente de mí con los brazos a los lados, esperando una respuesta. Estoy totalmente perdido y no soy capaz de articular palabra, ¿a qué viene volver al pasado? – ¿Solo fui un estúpido juego? ¿Una puerta de escape a tu frustración por no tener a Anna? ¿Un puto pasatiempo? – cada vez va alzando más la voz y a la vez se le vuelve a quebrar, dejando ir de nuevo lágrimas por su rostro.
-Esto ya lo hablamos – consigo decir cómo puedo – No sé a qué viene esto ahora.
-¿A qué viene? A que me has jodido la vida, a que me has machacado el corazón como has querido y yo, sin embargo, sigo enamorada de ti. Como el primer día, como cuando no trabajábamos juntos y quedábamos a escondidas del mundo. Cuando me llevabas de viaje sin importarte que nos vieran pasear de la mano. A que toda la felicidad que me aportaste desvaneció al reencontrarte con ella y dejarte engañar por su falso amor. – estoy completamente blanco y aturdido, las historias vividas con Cris van pasando una detrás de otra por mi mente mientras ella llora desconsolada gritándome llena de dolor. – Y cuando por cosas del destino, nos vuelven a juntar – oigo de nuevo al volver al mundo – vas y la traes a plató, dejándome en evidencia delante de todo el mundo no solo con tus palabras, si no con tus gestos de desprecio y odio hacia mi persona, apartándome de ti a la fuerza, negándome besos pactados en guion y haciéndome sentir otra vez como un absurdo juguete.
-Yo no sabía que ibas a salir aquí – digo después de coger aire e intentar aparentar serenidad – ni que actuarías conmigo ni que nuestra trama iba a ser así. ¿Crees que si me hubiesen avisado la hubiese traído?
-¿Y qué hubiese cambiado si ella no estuviese aquí? – me ataca empezando a acercarse a mí, sin dejar de llorar.
-No lo sé – digo sin moverme del sitio, totalmente rígido y serio, clavando mi mirada en la suya.
-¿Me hubieses tratado así de mal? – dice serenándose y utilizando su dulce voz como arma, acabando de acercarse a mí y cogiéndome suavemente de las manos. Trago saliva y no soy capaz de mover un solo dedo. – ¿Te apartarías de mí si ella no estuviese aquí? – susurra cada vez a menos centímetros de mi rostro, enredando sus dedos entre los míos y poniéndose de puntillas. Su dulce aroma impacta sobre mi piel, haciendo que se me erice, y cierro los ojos sin darme cuenta, intentando buscar en mi una respuesta a lo que estoy sintiendo… Cris no tarda ni un segundo en presionar sus labios contra los míos, entreabriéndolos poco a poco, mordiendo mi labio inferior como tanto le gustaba hacerlo… Un fuerte portazo nos separa y hace que vuelva a la realidad, asustándome de lo que acaba de pasar, girándome para abrir la puerta y comprobar con mis propios ojos lo que más temía: Anna corriendo hacia la salida del plató. Nos ha pillado. 

dijous, 6 de març del 2014

37. Confía en mí.

Narra Dani

Estamos todos sentados alrededor de la mesa. Anna está a mi lado, enfadada, intentando disimular, mientras que Cris está en frente de mí. Todos ignoran la situación, no saben lo que pasa, pero seguro que algo intuyen, porque la tensión es palpable.

-“Hola, ¿me pides un granizado? Que vengo con un calor…” – dice Marta, el personaje de Cristina.
-Aquí deberías besarla – Salta uno de los guionistas.
-¿Perdón? – contesto alterado, notando la mirada asustada de Anna en mi nuca. – Pero si la escena acaba hablando con Paz – digo leyendo el guion – La escena podría acabar así, con el “madalenas”.
-A ver, en teoría estás enamorado de ella… A tu novia la saludas con un beso, ¿no? – me explica. Miro disimuladamente a Anna y niega con la cabeza. – Sales de la “tetería”, la sonríes y la besas. No es tan difícil para un actor…
-Vamos, Dani – nos corta Cristina – No sería la primera vez. – Bromea con una risita, a lo que se añade el equipo.
-Ya, pero… No sé si eso a los fans les va a gustar. – me excuso, notando la mirada extrañada de los demás.
-Dani, vas a hacer lo que te digamos, que no estamos como para exigencias. – dice enfadado otro guionista. Me quedo callado y asiento con la cabeza, viendo de refilón como Cristina sonríe victoriosa y eso enfurece más a Anna.
-No sé a quién habrá sobornado – me susurra al oído – pero esto no acabará así.

-“Jonathan me deja la casa de su tío para zumbarme a Marta” – dice Simón al cabo de un rato. – ¿Qué? – decimos Anna y yo a la vez.
-¿Qué pasa ahora? – contesta el mismo guionista que antes.
-Que… Bueno… ¿Esto pasará de verdad? – digo un poco cortado.
-¿Cómo?
-Que… En fin…
-Que si va a haber escena de cama. – acaba Cristina por mí.
-Si dejaseis acabar de leer antes de comentar… Lo descubriríais.
-¿Pero sí o no? – preguntamos a la vez, ella más entusiasmada que yo.
-Un poco, vamos, seguid. – dice secamente. Vuelvo a mirar a Anna y suspira, apoyando la cabeza en su mano. Menudo día he escogido para que viniera a plató.

Vamos leyendo todos y resulta que Jonathan y Eugenia me tienden una trampa. Anna y yo nos tranquilizamos pensando que no van a haber más escenas de besos ni acercamientos, pero resulta que sí, que Marta va a por todas con Simón… Gracias a Dios que él la entretiene con “Noche de imitaciones” y demás para no tener que acercarse a ella… Creo que van a ser las secuencias más cómodas de gravar.

-A ver, que yo ya sé que todo esto es muy raro pero… – voy leyendo, asustándome a cada palabra – Pero que me gustas de verdad… – Trago saliva – Y que… Soy muy tímido. ¿Te importa que lo hagamos con las luces apagadas? – levanto la mirada y veo como se le dibuja a la cara una sonrisa a Cristina, que durante los otros momentos había estado de morros. Justo al contrario que Anna.
-Ah… Que era por eso… – sigue ella – No te preocupes, que lo hacemos como tú quieras. – Miro a Anna y ella me devuelve la mirada, totalmente rota.
-Bueno, – nos corta el primer guionista – aquí ella se avalanzará sobre ti y empezareis a enrollaros – el corazón me da un vuelco y Anna aprieta su mano en mi pierna – Pero se le quedará enganchada una pulsera en tu peluca – los dos le miramos con los ojos como platos – abrirá la luz y te descubrirá. Así que no haréis nada más que eso. – sonrío de oreja a oreja y miro a Anna, que no está convencida del todo.
-Bueno pero… – dice Cristina enfadada – La pulsera tarda en engancharse o…
-Como veáis, a vuestro gusto. – Sonríe victoriosa, y yo también. Puedo pararle los pies cuando sea necesario, si van a estar las luces apagadas tampoco se va a ver demasiado. Es lo que intento explicarle una y otra vez a Anna en mi camerino, una vez acabado el ensayo. Pero no hay manera, no quiere entenderlo.
-Si ella quiere comerte, te comerá – dice enfadada – Es ella quien tiene que enganchar la pulsera, no tú.
-Ya, pesada, pero si ella me intenta besar, yo puedo girar la cara o evitarla, ¿no ves que sin las luces no se va a notar?
-¿Y si se quejan los realizadores? Estaban un poquito bordes, hoy… – dice irónica.
-Tenemos demasiado trabajo acumulado… – intento excusarles – Ya verás, Anna, como no voy a dejar que me bese más que la primera vez. Y será un pico, no pienso ceder, cerraré los labios con fuerza.
-Como nuestro primer beso… – susurra con una sonrisa.
-¿Lo recuerdas? – sonrío también.
-Claro… Fue el peor beso de la historia, casi me clavabas los dientes… – ríe.
-Bueno, temía que si te besara con pasión cedieses y acabásemos rindiéndonos al amor que no querías aceptar delante de las cámaras. – digo acercándome a ella y cogiéndola por la cintura.
-Vaya, ya te lo tenías bien creído… – dice sonriendo y acercando sus labios a los míos.
-Sí… – susurro fundiendo nuestros labios en un tierno beso. Unos fuertes golpes en la puerta nos separan de golpe.
-¡Dani! ¿Estás listo? – Anna se esconde rápidamente detrás de un pequeño sofá, le habíamos dicho a todos que iba al baño.
-Sí, sí – contesto nervioso, abriendo la puerta, temiendo que la vieran. Es uno de los nuevos realizadores, un chico joven, muy entregado.
-Pues venga, que ya gravamos. – dice con una sonrisa.
-¿Qué secuencias tocan hoy? – al tener poco tiempo, las habían dividido en dos, dejando para mañana un poco más de la mitad.
-Tuyas con Cris… La de la “tetería” y en casa de Luisma.
-Joder… – susurro, oyendo como resopla Anna detrás del sofá.
-Lo ha pedido ella – se le escapa.
-¿Cómo? – digo atónito.
-Sí, dice que son las más fáciles y que así se prepara las demás en casa.
-Claro – resopla Anna. El chico levanta la vista y busca extrañado dentro del camerino, y carraspeo intentando desviar su atención.  
-Bueno, te esperan en maquillaje. Rápido. – se va y cierro la puerta, buscando la mirada de Anna, que sale de detrás del sofá totalmente enfurecida.
-Quiero saber ya a quien coño está sobornando.

-No lo sé – intento calmarla – pero por favor, no la líes y confía en mi… Es lo único que puedes hacer.

dilluns, 3 de març del 2014

36. ¿No os alegráis de verme?

Dani me despierta con dulces besos en la cara y el cuello, acariciándome de la misma manera. Me doy la vuelta y me abrazo a su cuerpo, besándole yo también, sonriendo de oreja a oreja.

-Buenos días… – dice antes de besarme los labios – ¿Preparada?
-¿Umh? – digo todavía endormecida.
-Aída… – susurra riendo y volviendo a besarme. Sonrío al recordarlo y le miro: está radiando felicidad… Le brillan los ojos, sonríe tontamente, me mira embobado… Tiene ganas de que les conozca, quizá de presumir que me tiene… Le cojo suavemente de la cara y le beso con toda la pasión que me sale, me llena el corazón verle así de feliz.



Salimos de casa y vamos hacia allí. Estoy temblando de los nervios, y Dani se da cuenta, así que apoya su mano derecha en mi pierna mientras conduce para calmarme. Hay algo dentro de mí que me dice que no va a ir bien… Y no sé por qué. 

Narra Dani

Llegamos a plató y cojo a Anna fuerte de la mano, para tranquilizarla. No ha parado de temblar, ni de dirigirme la palabra. No puedo entender cómo puede estar tan nerviosa, si a la mitad del equipo ya les conoce… Tengo miedo que no esté convencida del todo de hacer “público” lo nuestro, y eso me duele.

Vamos hacia los camerinos, para ir presentándole poco a poco a quien haga falta y de paso ver qué me toca hacer hoy, todavía no me han pasado el guión, así que será un poco caos todo… Desde que nos anunciaron que iban a cancelar la serie, hemos tenido que empezar a gravar de golpe y adelantar todo lo que se podía, así que muchas veces aprovechamos el mismo día para leer el guión entre todos y gravarlo directamente. 

Una vez allí, me encierro dentro con Anna.

-¿Estás bien? – le pregunto cogiéndole de la cara.
-Sí… Es solo que… No estoy segura…
-¿De qué? – el corazón me da un vuelco – ¿De hacerlo público? ¿De decirle a 4 amigos que están aquí que por fin eres mía? – sonríe y agacha la cabeza.
-No… Tengo miedo que no me acepten aquí, no pinto nada…
-¿Qué? – suelto una pequeña carcajada – Va, Anna, si la mitad de ellos han traído aquí a familiares para presumir de trabajo. De verdad,  no va a pasar nada, tranquila. No me gusta verte así… – levanta la cabeza y me pide perdón con la mirada. Sonrío y la beso como modo de respuesta.
-¡Dani! – entra un chico de producción y nos separamos de golpe – Uh, perdona, no sabía que estabas con alguien… – dice abriendo los ojos como platos al ver a Anna.
-No, tranquilo. ¿Qué pasa? – contesto poniéndome delante de Anna y de frente a él, para que no se sienta cohibida.
-No, nada, vengo a traerte el guión, vamos tarde.
-Ah, gracias. – lo cojo y le sonrío – Hoy toca un express, ¿no? – digo entre risas.
-Sí, sí… Tenemos bastante trabajo por delante… – vuelve a mirar a Anna y coge aire – Bueno… – vuelve a fijar sus ojos en mi al oírme carraspear – No tardes en venir, tenemos invitados…
-¿Sí? – digo sorprendido – ¿Quién? ¿Más deportistas?
-No del todo… – dice cortando mi risa – Ya les verás. – me sonríe y sale, cerrando la puerta. Me giro y veo a Anna asustada.
-¿Qué? – le cojo de las manos.
-Esto no me gusta, Dani…
-¿Por qué? ¿Por qué haya más gente? – No me contesta – Anna, no va a salir de aquí, ¿vale? Continúa siendo nuestro secreto. – intento calmarla, aunque no estoy del todo convencido. Anna asiente con la cabeza pero está igual que yo. – Va, vamos, verás como no pasa nada. – la cojo de la mano y la estiro, yendo para plató, donde siempre montan una mesa para sentarnos todos juntos para tomar el café y leer el capítulo. Anna va arrastrando los pies y me aprieta la mano, cual niña que no quiere andar más y hace enfadar a su padre tirándole del brazo.
-Dani, ¡máquina! – dice Paco León acercándose a nosotros y dándome un abrazo. – Hombre, Anna, ¿qué haces aquí? – le da dos besos y ella sonríe al verle. Supongo que al ver a alguien conocido la tranquiliza.
-Me ha pedido de rodillas que quería ver como se gravaba un capítulo aquí… Y la he traído. – contesto por su parte. Anna me sonríe agradecida y le devuelvo la sonrisa.
-Anda, que bien. Parece que hoy habrá un reencuentro entre movideros. – dice Paco riendo.
-¿Perdón? – suelta Anna, con la voz un poco entrecortada. Paco nos mira intrigado, y al ver nuestra reacción se da cuenta que no sabemos de lo que habla.
-¿No sabéis quien hay hoy invitada? – negamos los dos con la cabeza, y Anna me coge fuerte de la mano, apretándola con fuerza, temiendo justo lo mismo que yo.
-Cristina, vuestra compañera. – dice con una sonrisa – Ala, que sorpresa, ¿no? – me giro rápido para mirar a Anna y la veo completamente blanca, mirando al suelo, hiperventilando.
-Eh… – susurro intentando evitar que Paco se dé cuenta – Sí, ¡sí! ¡Menuda sorpresa! – intento sonreír como puedo y le doy unos golpecitos. – Pues nada, vamos a sentarnos, ¿no? – Me sonríe de vuelta y se dirige hacia la mesa, donde poco a poco van apareciendo todos los actores y demás. – Te juro que no lo sabía – le susurro a Anna, quedándome apartado de los demás – de verdad, Anna, lo siento. – No me contesta, sigue mirando al suelo – No me hagas esto, no me ignores. Todavía estás a tiempo de encerrarte en el camerino, solo te han visto dos o tres personas…
-El problema… – susurra como puede – no está en que me vean contigo – consigue decir – Si no en qué papel va a hacer ella. – fija su mirada en mí, está asustada y me transmite ese miedo. No había pensado en ello.
-Bueno, supongo que un cameo normal como el de todos… – intento calmarla, pero recuerdo el de Núria Roca y me quedo blanco.
-Me voy – susurra – No puedo verla, no puedo ver cómo te besa. – dice soltando mi mano y volviendo por donde hemos venido.
-Anna, ¡ven aquí! – corro detrás de ella, cogiéndola y parándola – Anna, espérate a que sepamos qué pasa, igual no hay ninguna trama conmigo y es por otra cosa. No te vayas, por favor. – me mira con los ojos entristecidos y apretando los puños.
-Te doy 10 minutos…
-¿Qué?
-Ves y pregúntalo, Dani. No pienso quedarme estando ella aquí.
-¿Estando quién? – levanto la vista y ahí está Cristina, detrás de Anna, con los brazos cruzados y la mirada desafiante. – ¿Qué pasa? ¿No os alegráis de verme? – sonríe victoriosa y esta vez soy yo quien aprieto las manos y los dientes de la rabia. Anna no se atreve a girarse, clava sus ojos en mi mirada y pone sus manos en mi pecho.
-Lo has pedido tú, ¿no? – digo enfrentándome a ella.
-¿Tantos contactos crees que tengo? – me quedo callado, mirándola furioso. Suelta una pequeña carcajada – Te mentiría, pero no soy como tú. – empieza a caminar hacia la mesa donde están los demás y se gira al pasar por mi lado – ¿Venís? ¿O piensas huir? – dice mirando a Anna. Anna clava sus ojos en Cristina y se separa de mí, acercándose a ella y encarándola.
-Me quedo, guapa. – dice sacando el genio que tiene, algo que siempre me ha puesto mucho.
-Perfecto – le contesta poniéndose recta también – Ya verás lo bien que sienta ver a tu novio besándose con otra. – se da la vuelta dándole con el pelo en la cara y se va. Anna aprieta los puños furiosa y me mira con la misma rabia. Estoy completamente blanco, no sé qué hacer, y cuando voy a intentar calmar a Anna me llaman para que me acerque a ellos… Tenemos que empezar…

dissabte, 22 de febrer del 2014

35. Nervios y recuerdos.

Dani está preparándome la comida en la cocina, adueñándose poco a poco de mi casa, con toda tranquilidad. Le miro sentada en el sofá, sonriendo como una tonta, absoluta y completamente feliz de verle allí, silbando y tarareando mientras va preparando los platos.

- Bueno, bueno, bueno… – dice saliendo de la cocina con los dos platos en las manos. – Aquí está la comida, ¡tachan! – dice colocándolas encima de la mesa, que también había preparado – ¿Qué te parece? – rompo a reír y me tapo la boca al ver que me mira mal. – ¿Qué tienes en contra de este romántico momento?
- ¿Qué tienen de romántico dos trozos de pollo a la plancha con patatas? – digo volviendo a reír y levantándome del sofá.
- ¡Encima que cuido tu dieta! – sigo riendo y le veo dolido, pero vuelvo a mirar al plato y vuelvo a reír – Mejor no voy a buscar la ensalada, ¿no? – dice medio susurrando.
- Tráela, tráela, que me voy a quedar con hambre… – digo serenándome y sentándome en la mesa. Vuelve con la ensalada y me quedo sorprendida. – ¿Tanta comida había en mi nevera?
- Qué, ¿ahora sí que lo flipas, no? – dice orgulloso. Es la ensalada más llena de cosas y preciosa de ver que he visto nunca. – ¡Pues ahora no te voy a dejar comer de esto! – dice al verme salivar, llevándoselo otra vez a la cocina.
- ¡No, no! – digo levantándome y siguiéndole – ¡Trae ese suculento y romántico plato a la mesa! – grito entre risas.
- Tendrás que pedírmelo mejor, rubita… – dice dejando el plato en la encimera y cruzándose de brazos.
- Umh… Qué tal si… – voy acercándome a él – te doy… – empiezo a acariciarle el pecho con los dedos – unos cuantos besitos… – susurro a milímetros de su oreja, sensualmente. Noto como se le eriza la piel y rápido me coge por la cintura. Sonrío y rozo con mi nariz la suya, colando mi mano por su cuello, acariciándole la nuca y enredando mis dedos en su pelo. Él también sonríe y se muerde el labio, mirándome seductor, acercándome poco a poco a su cuerpo. No le hago esperar más y junto nuestros labios en un lento y pasional beso, que rápido contesta él con todo el cuerpo, abrazándome con fuerza, suspirando profundo, disfrutando el momento. – Bueno… – me separo poco a poco, como puedo, ya que no me suelta – Vamos a comer… ¿no?
- Ya estamos comiendo… – dice volviendo a besarme con la misma pasión. No puedo resistirme y me abrazo fuerte a su cuerpo, elevándome de puntillas, notando como me aprieta fuerte por el trasero, subiendo la temperatura de la situación.
- Dani… – susurro intentando separarme.
- Vale… – dice soltándome y sonriendo como un niño. Le cojo dulcemente de las mejillas y le doy un beso corto, corriendo hacia la mesa para que no vuelva a atraparme. – Aquí tiene su comida, señorita… – dice dejando la ensalada en la mesa y guiñándome un ojo al verme sonreír. Definitivamente, es el hombre de mi vida.


Pasan las horas y todo son juegos, besos, piques tontos… Cómo al principio, como en ‘Tonterías’, cuando no nos importaba el momento ni el lugar, cuando nos pasábamos el día juntos sin que nos preocupara, cuando reíamos igual o más detrás que delante de las cámaras… Todo momento era bueno para pasarlo juntos, para vivir la vida, para coger dos corchopanes y empezar a jugar, con Flo, o Romina, o con cualquier del equipo. La cuestión era reír, pasarlo bien, hacer de un trabajo un modelo de vida… Pero todo acaba, siempre hay algo que lo acaba rompiendo… Pero dicen que si el destino está así escrito, si tiene que ser así de verdad, vuelve a ocurrir… Y aquí estamos, en el sofá, abrazados, tapados con la manta, esperando que empiece ‘Aída’. Puedo notar su tembleque,  sus nervios, su ilusión… Y eso que ya hace tiempo que se estrenó en esta serie… Quizá es mi presencia la que lo hace estar así… Le miro de reojo, levantando la cabeza de su pecho, y le veo sonriendo feliz al verse allí, entre ese equipo… Para él todo esto es un sueño, y se nota a kilómetros lo feliz que lo hace. Sonrío y le beso el cuello, orgullosa y feliz de tenerle, de haberme dado cuenta por fin de cómo lo necesitaba.

- Oye… ¿Os lo debéis pasar muy bien gravando, no? – le pregunto durante el último corte a publicidad.
- Ni te lo imaginas, Anna, eso es un cachondeo. – me coloco bien en el sofá, estirando la espalda. – ¿Por qué? – dice mirándome curioso.
- Ah, no, por saber… Pensaba… En ‘Tonterías’… En si la relación era así o… – voy diciendo con la cabeza agachada, sonrojada.
- Sí – le miro y está sonriendo, mirando a un punto fijo, recordando. – Es justo como allí… Son más que un equipo, son una familia… Van todos a muerte por todos... No hay un solo momento en el que no estemos riendo o ayudándonos… – suspira y me mira – Os recuerdo muchísimo gravando con ellos… Me vienen tantos momentos a la mente, tantas similitudes… – sonrío escuchándole, recordando lo mismo que él. – ¿Te gustaría venir?
- ¿Qué?
- Mañana gravamos… ¿Puedes venir? – le miro sorprendida y algo tímida, no es que haya tenido relación con los de ‘Aída’… Más que cuando han venido a nuestros programas y hemos pasado ese día juntos.
- Sé que no quieres que se sepa que estamos juntos – corta mis pensamientos – pero siempre podemos decir que te hacía mucha ilusión ir un día y que…
- A ellos puedes decirles – le corto ahora yo, viendo cómo se sorprende y alegra de mis palabras. – Sé que confías en ellos y que de allí no saldría. – sonrío y afirmo con la cabeza – Iré, podrás presumir de novia. – Me contesta con un dulce y feliz beso, acompañado de caricias y achuchones.
- Te quiero, ¡te quiero! – dice entre cortos besos, haciéndome reír y sentir la mujer más feliz del mundo… Pero a la vez estoy nerviosa, ¿qué me esperará mañana? ¿Cómo se lo tomarán? ¿Cómo me trataran? Bueno, si le tratan bien a él, tendrán que hacerlo también conmigo…




Llegados a este punto supongo que ya os imagináis QUIÉN saldrá en el próximo capítulo, ¿no? Como entenderéis, hasta que no vea el capítulo de mañana (si es mañana cuando sale...) no podré escribirlo… ¡Así que no me presionéis! Os quiero, ¡chicas! Gracias por leerme. 

dimarts, 11 de febrer del 2014

34. Hacerte feliz.

 Después de desayunar, nos vestimos y nos dirigimos a su casa para ir buscar 4 prendas de ropa que pueda traerse a la mía. Estoy totalmente sorprendida y emocionada del paso que estamos dando, de la noche a la mañana… Que Dani lo haya decidido así, de golpe, me hace sentir todavía más feliz y dichosa de tenerle.

- Bueno… – digo cortando el silencio que había en el coche. Cada uno estaba inmerso en sus pensamientos y la música nos distraía. – Dime, ¿Cómo es trabajar en Aída? – sonríe de oreja a oreja, como un niño, no puede evitar hacerlo cada vez que le sacan el tema.
- Genial, Anna – contesta – No te puedes imaginar lo bien que me tratan, lo bien que me siento… Estoy entre amigos. – puedo sentir la emoción en sus palabras, se le llena la boca hablando de ellos – ¿Sabes?... Desde que acabó ‘Otra movida’ no había sentido algo así… Es decir… Lo de tener una segunda familia. – sonrío y agacho la cabeza, sé lo que quiere decir.
- Yo también lo echo de menos…
- Sí, pero tú los has tenido en ‘Así nos va’, o en ‘Tu cara me suena’. Yo desde entonces no he vuelto a tenerlo… – lo miro de reojo, lo que acaba de decir me ha molestado, pero no se lo echo en cara – Después del palo que me dio ‘Guasap’, pensaba que no volvería a tener algo así… Sí que he estado en la radio y he ido haciendo… Pero no es lo mismo.
- Lo sé, te entiendo. – Noto que su voz se va rompiendo cada vez que va sacando recuerdos, así que intento tranquilizarlo.
- En fin… Que vuelvo a ser feliz, por fin. – vuelve a sonreír como un niño – Encima te tengo a ti… ¿Qué más puedo pedir? – eso me hace sonreír a mí y me sonrojo.
- Que tonto eres… – susurro.
- Gracias a esto estoy donde estoy, ¿no? – me mira sonriente y se me pone la piel de gallina. Al darse cuenta suelta una carcajada y vuelve a mirar a la carretera, llegando ya a nuestro destino. – No sabes la de veces que le he agradecido a Flo que me diese la oportunidad en ‘Tonterías’. Cada vez que salimos a cenar le turro con lo mismo – ríe.
- Yo también le debo muchísimo, pero no se lo agradezco tanto como tú. No quiero que se le suba a la cabeza. – aparca el coche y ríe negando con la cabeza.
- Deberías hacerlo más, pues. – dice saliendo del coche y dirigiéndose hacia mi puerta, para abrirla él – Gracias a él ahora estamos juntos. – vuelve a sonreír con esa sonrisa traviesa y feliz que me da la vida, y mi cuerpo vuelve a erizarse. Salgo del coche con la cabeza agachada y una sonrisa de niña       que no me cabe en la cara, y Dani, después de cerrar el coche, me agarra fuerte de la cintura y me besa apasionadamente. Le doy un golpe en el pecho, retirándome, y le miro mal.
- Dani, ¿qué haces? Pueden vernos. – le recrimino asustada y enfadada. Él me mira sorprendido y dolido, con la boca abierta, pero rápido la cierra y asiente, con gran gesto de reproche. Me esquiva y entra hacia su portal, en silencio, y le sigo del mismo modo, arrepintiéndome de haberle apartado de esta forma. Al llegar a su piso, deja la puerta abierta para que entre, pero no me espera. – Dani… ¡Dani! – le grito desde la puerta, adentrándome al comedor.
- ¿Qué? – pregunta él desde la habitación.
- No te pongas así, por favor, sabes que fuera de casa no se puede saber…
- No, no lo sabía – dice saliendo de la habitación y enfrentándose a mí – Pensaba que después del paso que habíamos dado, se podía parar la tontería esta de llevar un anillo absurdamente y fingir que no sabes nada de mí – dice enfadado, plantándose frente de mí.
- No es tan fácil… – susurro.
- ¿Pero por qué no? ¿Qué hay de malo en que se sepa que estemos juntos? – grita – ¡Pero si es lo que todas quieren, por Dios, Anna! – cada vez está más dolido y enfadado y me voy echando hacia atrás, con la cabeza agachada.
- No quiero que nos sigan a todos lados, no quiero volver a pasar por eso… – digo intentando calmarle.

- ¿Pero qué te van a seguir, Anna? Si no te siguen ahora creyéndote prometida y con un tío al que ni Dios conoce, ¿Cómo te van a seguir estando conmigo? ¿Quién va a saber que te beso delante de la puerta de casa, o al salir a pasear, o después de llegar de trabajar? – dice cada vez más serenado y convenciéndome – Por favor, déjame ser feliz, hacerte feliz. Olvídate de todo lo que hayas pasado, y déjame darte la mano al ir por la calle, o besarte cuando me apetezca, o poder ir contigo alguna vez a EH… – poco a poco mis defensas van disminuyendo, él se da cuenta y me coge fuerte de las manos – Si quieres podemos ir de incógnito, si así estás más tranquila. Pero no vuelvas a alejarme de ti, por favor. – da un pasito más hacia mí y ya no queda ninguna distancia entre nuestros cuerpos. Resoplo, sonrío, me suelto de sus manos y le beso, cogiéndolo dulcemente por las mejillas y poniéndome de puntillas, notando como me abraza fuertemente y me eleva del suelo, sonriendo, feliz, sin dejar de saborear mis labios – Gracias – susurra entre besos. – Gracias. 

diumenge, 26 de gener del 2014

33. El amor de mi vida

Narra Dani

Abro los ojos y veo a Anna tumbada a mi lado, con el pelo alborotado y el brazo derecho pasado por encima de mi cintura. ¿Hay un despertar mejor que este? Miro el reloj que tiene encima de la mesilla y veo que son las 10 de la mañana. Cierro los ojos, sonrío y aspiro tranquilo, feliz. Hacía demasiado que no sentía esto, esta paz, esta felicidad al despertar y ver a la mujer que amas a tu lado. La vuelvo a mirar, me cae la baba haciéndolo… Nunca antes había estado enamorado así, durante tanto tiempo y de esta manera tan fuerte… Por eso nunca he dejado de luchar por ella, y menos desde el momento que saboreé sus labios y supe que sentía lo mismo por mi… Incluso antes de que ella se diera cuenta.

- La audiencia ha pedido que por San Valentín, Anna, beses a Dani – dijo Flo antes de acabar el Bicentenario de TLJ.
- ¡Vamos! ¡Vaaaaamos! – empecé a chillar y a aplaudir. – Si algo bueno tiene que tener el San Mierdín este. Sí señor, Anna, la gente, ¡la gente de la calle habla! – dije totalmente emocionado y haciéndola rabiar. Sabía que no querría hacerlo, que Miki estaría rodando por su cabeza durante esos momentos y que me mandaría a la mirda.
- Por encima de mi cadáver, chaval – saltó Anna picada. Sonreí ante su ataque al haber adivinado sus pensamientos.
- Bueno, a ver, en este programa siempre hacemos lo que nos pide el público. – Replicó Flo, ajeno a nuestros pensamientos. Anna nunca le contó los problemas que tenía con Miki cada vez que yo “me pasaba de la raya”.
- Mira, tener que irme a Mollet convertida en un conguito vale, pero besar a Dani no. O sea, no. No, no. – Repetía una y otra vez, indignada y enfadada. El corazón me dio un vuelco, dejé de sonreír y me quedé callado, mirando al público, asimilando sus palabras. La rabia empezaba a correr dentro de mí, sabiendo que todo esto lo hacía por él.
- Programa 200, ¡fiestaca arriba, fiestaca Valdi! – continuaba Flo, pensando que Anna estaba jugando. Yo le seguía el rollo, ahora ya solo para joder, por el dolor que tenía dentro.
- ¿¡Por qué no le besas tú!? – gritó Anna a Flo, enfadándose.
- Porque yo ya lo he besado  – le repliqué, viendo como me lanzaba una mirada fulminante – Esto es una regla de 3: yo me he besado con Flo y me queda besarme contigo y con Romina… – dije para disimular – No va a ser siempre Flo, la gente se cansa, hay que probar cosas nuevas.
- ¿Me subes el sueldo? – me cortó Anna, ignorándome y enfrentándose a Flo.
- ¿Eh?
- Que si me subes el sueldo, ¡sorda! – le gritó.
- Que si que, ¿Qué? – Flo no podía creerse lo que estaba diciendo, ni yo, eso sí que me pilló desprevenido. Anna se levantó decidida de la silla – Bueno, sí, tú hazlo, y ya veremos. – dijo irónicamente. Ella seguía decidida, dirigiéndose hacia delante de la mesa, delante de las cámaras – Ah, ¿Que lo vas a hacer? ¿de verdad? – me quedé de hielo, sentado en mi sitio, sin poder creer lo que veían mis ojos. – ¡Dani, vente! – dijo riéndose Flo.
- ¿Pero lo vas a hacer de verdad? – le pregunté todavía atónito desde mi sitio.
- Venga. – contestó ella, haciéndome gestos para que fuese. Me levanté y noté cómo me temblaban las piernas, tragué saliva y empecé a dirigirme hacia ella mientras el público gritaba. El corazón empezó a latirme más deprisa de lo normal y el tembleque me subía hacia la espalda.
- ¿Y tú qué haces aquí? – le dijo a Flo.
- ¿Ya estás aquí para juntar cabezas? – le seguí el rollo, intentando disimular mi nerviosismo.
- Sí, estoy aquí de Catalina – dijo riendo Flo.
- ¿Pero me vas a besar o me vas a escupir como la última vez que me acerqué a ti a menos de un metro? – dije echándome hacia atrás, intentando calmar mis temblores y disimulando tanto como podía.
- Te voy a dar un beso – dijo Anna clavando su mirada en la mía por primera vez desde todo este enredo. – Ven.
- JuanG, dale al “Rec” – continuaba con mis bromas, tratando de tranquilizarme así. – Está grabando, ¿no? – ya no sabía ni lo que decir, así que miré a Anna y noté como mi corazón paraba de golpe. Estaba tan preciosa... La habían maquillado como a una princesa, y el corsé que llevaba me excitó desde el primer momento que la vi salir del camerino.
- ¿Pero le vas a dar un beso de verdad? – preguntó Flo.
- ¡Que sí! – gritó ella.
- ¿En serio? – grité, con las manos en la espalda, apretándolas con fuerza al notar que el tembleque subía hacia ellas. – Eh, ¿puedo pediros a la gente de Cuatro.com movidas yo, pa que lo hagamos en el programa? – cuando volví a girarme Anna estaba haciendo muecas y mirándome mal. – Que bonito. – dije mirándola de nuevo.
- Eh… Os dejo solos. – dijo Flo.
- Por favor – susurré sonriendo, apretando nuevamente las manos para contener mis emociones.
- Pero si Dani se caga – dijo Anna. La miré incrédulo, pero no podía mentir.
- ¿Eh?
- Mira, ahora está nervioso, el pobre… – continuaba ella picándome. Miré a cámara y sonreí, haciendo el tonto, exagerando, para evitar que se notara demasiado. – Que le tiemblan las piernas… – continuaba. Mientras disimulaba, recuerdo que solo podía pensar “¿Pero cómo se ha podido dar cuenta? ¿Cómo puede verlo?” mientras apretaba todavía más las manos y luchaba para tranquilizarme. Cuando paré de hacer el tonto, me giré para mirarla y noté como ponía sus manos sobre mi rostro. El corazón volvió a pegarme un vuelco y eché hacia atrás, asustado de verla más cerca, asustado de lo que pudiera pasar. Anna rompió a reír, señalándome y mirando a Flo, confirmando lo que acababa de decir.
- Venga – dije riendo – si yo estaba esperándolo – dije nervioso. No tardó ni un segundo en acercarse rápidamente hacia mí y presionar sus labios contra los míos, intentando separarlos al momento, pero la cogí de la cintura y me eché hacia delante, para saborearlos más… Pero se apartó y el público empezó a chillar… Todavía noto un cosquilleo en mi cuerpo cada vez que recuerdo ese beso, el que despertó en mí sentimientos que creía olvidados e hizo que me diera cuenta de lo que llegaba a quererla…  


Anna empieza a removerse en la cama, despertándose, y vuelvo a sonreír, con un cosquilleo en la barriga. Mi cuerpo quiere besarla de nuevo, y así lo hago. 



Narra Anna

Un fugaz beso me acaba de despertar. Abro los ojos y veo a Dani sonriéndome.

- Buenos días. – susurra a pocos centímetros de mí.
- Buenos días – le contesto con una gran sonrisa. Despertar y verle tan cerca, tan guapo, tan sonriente… Es lo mejor que me ha pasado en meses.
- ¿Quieres que vaya a preparar el desayuno mientras te acabas de despertar? – dice caballeroso.
- Eh… Vale, sí – digo todavía aturdida – Ahora voy. – sonrío al verle sonreír y levantarse de la cama. Me siento con las piernas cruzadas y me estiro, bostezando. Me quedo atontada y escuchando cómo va moviéndose por la cocina y el comedor y recuerdo lo que me dijo ayer a la noche. ¿De verdad quiere venir a vivir conmigo? ¿Cómo sería si fuese así? Me muerdo el labio inferior imaginando a Dani en mi casa, durmiendo, despertándose, haciéndome la comida en mi cocina, jugando con Rym en la terraza, viendo series tapado con una manta en el sofá… Sonrío como una tonta, me pongo un camisón y voy hacia la cocina para ver qué hace.
- Voilà, mademoiselle – dice con las manos extendidas mostrándome la mesa de la cocina llena de comida.
- ¿Pero cómo has…? – digo totalmente sorprendida. Tampoco he tardado tanto en levantarme.
- Soy rápido – dice seguido de una carcajada. Se acerca hacia mí y me coge suavemente de la cintura, llevándome hacia él. – ¿Te gusta? – dice con una gran sonrisa. Apoyo mis manos en su pecho y afirmo con la cabeza, mirándole fijamente a los ojos, con una gran sonrisa. ¿Es posible que esté enamorándome más, si cabe, de él? Como si adivinara mis pensamientos, entrecierra los ojos y se acerca lentamente a mí, pongo mis manos sobre su cuello y me pongo de puntillas para besarle, entrelazando mis dedos por su pelo, entreabriendo nuestras bocas, saboreándole de buena mañana. Me aprieta fuertemente por la espalda al notar mi fuerza y pega del todo nuestros cuerpos, soltando un suspiro al separar nuestros labios un solo segundo, volviéndolos a juntar de nuevo con más pasión. No quiero soltarme, no quiero separarme de él, tan solo quiero abrazarle y besarle. – Anna… – dice cuando separa nuestros labios, antes de volver a besarme – Debemos… Desayunar… – va susurrando entre besos. Sonrío divertida al ver que pretende hablar pero no puede dejar de besarme. Me pasa justo lo mismo, así que no le contesto, me aferro más a su cuerpo y le beso con más ganas, mordiéndole. – Anna… – susurra y sonríe divertido, pero a la vez calentándose – por favor… – susurra. Le doy un último pico y me separo de él, sonriendo, mirándole divertida. Está totalmente fogoso y me mira sonriente y sonrojado. – Cuanta efusividad de buena mañana… – susurra.
-Te quiero – contesto divertida. Dani sonríe de oreja a oreja y coge aire fuertemente. – ¿Te dejo sin aliento? – digo divertida.
-Sí, pero que no se te suba a la cabeza… – sonríe – Vamos, desayuna que tenemos faena.
-¿Faena? – digo sin saber a lo que se refiere.
-Tengo que ir a casa – lo miro sorprendida – a hacer las maletas – remarca. Abro los ojos como platos. – Ayer quedamos con esto, ¿no? – sonríe.
-Pero… ¿Lo decías de verdad? – digo separándome de él.
-Claro, ¿a caso no me creías? – dice dolido.
-S… Sí… Pero… A ver… – no encuentro las palabras exactas para decirle que ir a vivir a Mollet es una tontería teniendo trabajo aquí en Madrid.
-Ya sé que solo estaremos los fines de semana – dice cortando mis pensamientos – Pero aquí estaremos siempre, ¿no?
-¿Cómo? – Sonrío sin poder creer lo que dice.
-Esta casa está más al centro de la mía… Y es lo mismo ir a Mollet que instalarme aquí… ¿No crees? – cojo aire para evitar hiperventilar y me lanzo a su cuello, abrazándole y gritando de la emoción. Con cosas así es como me doy cuenta que es el hombre de mi vida, y que he sido una estúpida dándome cuenta tan tarde. ¿Se puede saber por qué trataba de luchar contra mis sentimientos si estaba claro lo que sentía? En fin, el pasado no se puede cambiar, pero el presente sí: no pienso dejarle escapar de nuevo, no pienso volver a cagarla. Dani es el amor de mi vida.