dilluns, 30 de desembre del 2013

30. De cero.

Levanto la cabeza poco a poco, la apoyo en la puerta y suspiro fuerte, dejando ir todo lo que he callado. En mi cabeza tengo clavada la imagen de Dani abalanzándose sobre la puerta para evitar que le deje fuera, gritando y aporreándola… No quiero volver a hacerle daño, no puedo verle sufrir de esta manera… Cristina tenía razón en todo, ella solo ha intentado buscar su felicidad y yo solo miraba por mí…


Unos golpes de nudillos en la puerta me asustan y me aparto rápidamente de ella. 

- Anna… Sé que estás aquí, puedo escucharte… – No puede ser… ¿Dani sigue aquí? Me levanto del suelo y abro la puerta lentamente y le veo sentado en el suelo, igual que como lo estaba yo. – Vaya, – dice riendo tímido y poniéndose la mano en la cabeza, levantándose – veo que no soy el único que se ha quedado dormido esperando… – arqueo una ceja sin entender por qué lo dice y veo como vuelve a sonreír, agachando la cabeza. Doy unos pasos atrás y me miro en el espejo del recibidor y veo que tengo el pelo alborotado y un poco de ojeras. Sonrío poniéndome roja y me intento peinar – Tranquila, incluso así estás guapa… – sonrío tontamente y agacho la cabeza, sin saber qué decir. – ¿Puedo pasar? – dice tímido – Me gustaría aclarar las cosas.
- Dani… Yo creo que así está bien… – digo enfrentándome a su mirada.
- No, no está bien. ¿No ves que los dos estamos mal? – dice acercándose a mí.
- Por mi culpa, porque soy una cabezona. – doy un paso atrás – Solo he pensado en mi bien y no he mirado por ti, y tú lo has pasado mal, y yo… Yo también pero… – Empiezo a tropezarme al hablar y a tartamudear, sin saber bien qué decir, y Dani se acerca más a mí y me abraza, llevándome a él por la cintura y cogiéndome de la cabeza y apoyándola en su hombro. Suspiro y me abrazo a su cuerpo, aferrándome con fuerza.
- No vuelvas a negar lo que sientes, Anna. – susurra – No vuelvas a decirme que no quieres nada conmigo cuando los dos sabemos que no es así. – se aparta un poco de mí y me coge suavemente la cara, levantándola para que le mire a los ojos – Lo nuestro ha sido demasiado fuerte como para dejarlo acabar así, ¿no crees? – me sonrojo y sonrío, afirmando con la cabeza. – No vuelvas a dejarme, por favor – susurra con dolor en la mirada.
- ¿Y qué pasa con Cris? – me suelta y agacha la cabeza – ¿Estás con ella? – esta vez soy yo la que le suelta.
- No – dice volviendo a acercarme a él – No estoy con ella, pero…
- Pero os habéis estado viendo mientras no conseguías volver conmigo, ¿no? – digo retándole.
- No volvamos a discutir, por favor, Anna…
- Y supongo que era ella la famosa “morena” que dijo tu portero esa vez que desperté en tu casa, ¿no? – Dani abre los ojos como platos, quizá no se acordaba de ello – Y seguro que también fue ella el motivo por el cual no querías cogerme el teléfono después de lo de Lucho. – intenta justificarse, pero solo balbucea – Vaya, así que siempre has tenido un recambio para pagar tu frustración. – digo quitándome sus manos de encima y enfureciéndome – Ahora sí que me da lástima, ahora sí que entiendo sus lágrimas…
- Anna, por favor, no saques conclusiones de todo esto – dice intentando cogerme del rostro nuevamente.
- No, no, si no saco conclusiones – digo dando un paso hacia atrás para evitar sus manos – Si está todo muy claro.
- Anna no empieces, por favor, vamos a aclararlo todo. – Dani me coge con fuerza las manos y me lleva hacia él, pero yo hago fuerza para que me suelte.
- ¿No ves que es una tontería? Cris te hace feliz y te entiende, y ya estás bien con ella, no me pongas en medio a mí.
- No, Anna, no lo entiendes. Yo te quiero a ti, solo a ti, y solo quiero estar contigo.
- Tus actos dicen lo contrario. – hago un último intento de soltarme de sus manos, pero me empuja fuertemente hacia la pared y se pega a mí para evitar que me mueva. Me quedo totalmente quieta, sorprendida por lo que acaba de hacer y un poco dolida por el impacto, pero no soy capaz de quejarme. 
- ¿Cómo tengo que hacerte entender que eres la única chica a la que quiero? – dice cogiéndome nuevamente por las mejillas.
- Demuéstramelo. – digo retándole. Sonríe pícaro y sin dejar pasar un solo segundo une nuestros labios en un feroz beso, bajando sus manos hacia mi cintura y apretándome con fuerza a él. Me separo de él como puedo y le miro mal – Así no vas bien.
- ¿Ah no? ¿Y cómo lo quiere la señorita? – dice sarcásticamente. Le miro furiosa y le beso con la misma rabia con la que lo ha hecho él, pegándome a su cuello con fuerza y le muerdo el labio, a lo que él se queja. – Ah, – digo separándome – ¿ves? – digo soltándole y apartándolo de mí.
- Que rencorosa eres… – dice sonriendo – Como te he echado de menos – y vuelve a besarme, esta vez con dulzura, tiernamente. Un beso suave, lento, apasionado, acompañado de caricias por la cintura y la espalda. Un beso que hace que los dos sonriamos en él y nos abracemos como antes lo hacíamos, sin preocupaciones, sin dolor, siendo solo uno. Un beso que hace que olvidemos todo lo que nos ha llevado aquí y que volvamos a empezar de cero. 

3 comentaris: