Me quedo
observando la puerta cerrada, llorando, apretando las manos con fuerza. ¿Cómo
ha podido ser capaz de hacer algo así? Encima de haberme mentido y de haber
jugado conmigo, tiene la cara de hacerme quedar como la mala… Me dirijo hacia
el comedor y veo el ramo tirado encima del sofá. Casi sin darme cuenta, cojo el
móvil y llamo a Raúl, contándole todo lo que ha pasado. Él intenta serenarme y
tranquilizarme, pero no consigue hacer que desaparezca de mí la ira que tengo
dentro.
-El problema es
que me ha engañado, Raúl. Que se haya ido con otras chicas… me da igual… Le
conozco de hace tiempo, sé su comportamiento y sabía que esto pasaría…
-Pero no se ha
ido con “la morena” estando contigo, ¿no? – me quedo callada, esperando a que
continúe – Es decir, cuando él estuvo con “la morena”, tú y él todavía no
habíais… Hablado – suelta una risita – ¿no?
-No… Pero antes
de dormirnos abrazados me susurró que yo era la única chica en su vida y que
había hecho bien esperándome…
-Esperándote, no
te especificó lo que hizo en sus noches de juerga.
-Pero podría
haberlo hecho – le corto enfadada, lo menos que necesito es que se ponga de su
parte – yo no me hubiese enfadado, es más, lo hubiese entendido…
-Sabes que no… –
susurra al otro lado del teléfono.
-Bueno, pero el
dolor no hubiese sido el mismo…
-Annita… Lo mejor
que podrías hacer es ir a dormir, calmarte y mañana, al acabar el programa, ir
a su casa.
-¿¡Yo!? ¡Si
hombre!
-¡No seas
orgullosa!
-No es que sea
orgullosa, es que…
-¡Es que nada! –
me corta – ¡Mañana vas a ir a casa de Daniel y lo vas a arreglar! ¿De acuerdo? –
me quedo callada unos segundos, meditando sus palabras un poco sorprendida de
su exaltación. – ¿De acuerdo? – repite.
-Vaaaaale… –
susurro.
Continuamos hablando
un rato, hasta que se despide y me manda a dormir. Antes de ello, pero, me
preparo un poco de cena, pensando qué haré mañana, no puedo llevar la contraria
a Raúl…
A la mañana
siguiente, al acabar el programa, Flo me dice que quiere acompañarme a casa,
cosa que raramente pasa. Durante el camino, Flo va sacando temas de
conversación, pero sé que ninguno de ellos son los que de verdad querría saber.
Cuando me doy cuenta, Flo ha pasado de largo mi calle.
-¡Flo, que te has
equivocado! – le grito pegándole golpecitos, riéndome cariñosamente de él – Para
llegar a mi casa…
-Ya lo sé. – me
corta divertido – No vamos a tu casa…
-¿Cómo? – lo miro
intrigada – ¿Dónde me llevas, padre? – digo con una sonrisa en la cara,
pensando que quiere pasar la tarde conmigo. Él se queda callado, desaparece la
sonrisa de su cara y resopla. Por consecuencia, dejo de sonreír yo también. –
¿Ha pasado algo? – le digo asustada, él sigue sin contestar. – Flo, ¿ha pasado
algo? – repito, un poco más exaltada.
-No sé… Dímelo tú…
– susurra un poco tenso.
-¿P… Perdón? – lo
miro todavía más extrañada y me recoloco en el asiento. Él coge aire,
intentando buscar las palabras exactas.
-Dani me ha
pedido que te lleve a su casa… – abro los ojos como platos, me giro para mirar
por la ventana y entonces reconozco las calles por las que ahora estamos
pasando. Vuelvo a mirar a Flo, asustada, intentando adivinar qué es lo que
sabe. – No sé nada… – dice cortando mis pensamientos – pero me gustaría que me
lo explicaras… – dice contundente, girándose hacia mí. Trago saliva, aprieto
las manos y empiezo a tartamudear, intentando explicarme.
-Flo… Verás… Es
que… El otro día…
-No voy a
comerte, Annita – vuelve la confianza y la dulzura en su voz, eso me alivia –
Solamente quiero saber la verdad…
-La verdad… –
vuelvo a quedarme callada, sin saber por dónde empezar, nerviosa.
-Al final Dani
consiguió lo que quería, ¿no? – suelta una risita al acabar, le miro extrañada.
– Vamos Annita, todos sabíamos que estaba colado por ti… – me sonrojo,
sonriendo tontamente al escuchar eso – No sé si alegrarme por él… – continúa,
bajando el tono de voz – o preocuparme por ti… – vuelvo a mirarle, esta vez
asustada. Él no contesta, nota que eso me ha dejado traspuesta y se muerde el
labio.
-¿Por qué lo
dices, Flo? – susurro, temiendo sus palabras.
-Bueno, Anna… Los
dos conocemos a Dani… – se gira para mirarme, para ver cómo estoy, al ver mi
cara, se alarma un poco y vuelve a girarse – Bueno, es decir… – intenta
arreglarlo – por muy enamorado que esté de ti… En fin… Que se debe haber
divertido hasta el momento…
-¿Crees que
querrá divertirse estando conmigo? – le corto intrigada y preocupada. Él,
después de resoplar, contesta.
-No lo sé… Se lo
tendrás que preguntar tú. – y en ese momento, frena el coche y vuelve a
mirarme, con una pequeña sonrisa, deseándome suerte.