dissabte, 27 d’abril del 2013

11. No voy a comerte


Me quedo observando la puerta cerrada, llorando, apretando las manos con fuerza. ¿Cómo ha podido ser capaz de hacer algo así? Encima de haberme mentido y de haber jugado conmigo, tiene la cara de hacerme quedar como la mala… Me dirijo hacia el comedor y veo el ramo tirado encima del sofá. Casi sin darme cuenta, cojo el móvil y llamo a Raúl, contándole todo lo que ha pasado. Él intenta serenarme y tranquilizarme, pero no consigue hacer que desaparezca de mí la ira que tengo dentro.

-El problema es que me ha engañado, Raúl. Que se haya ido con otras chicas… me da igual… Le conozco de hace tiempo, sé su comportamiento y sabía que esto pasaría…
-Pero no se ha ido con “la morena” estando contigo, ¿no? – me quedo callada, esperando a que continúe – Es decir, cuando él estuvo con “la morena”, tú y él todavía no habíais… Hablado – suelta una risita – ¿no?
-No… Pero antes de dormirnos abrazados me susurró que yo era la única chica en su vida y que había hecho bien esperándome…
-Esperándote, no te especificó lo que hizo en sus noches de juerga.
-Pero podría haberlo hecho – le corto enfadada, lo menos que necesito es que se ponga de su parte – yo no me hubiese enfadado, es más, lo hubiese entendido…
-Sabes que no… – susurra al otro lado del teléfono.
-Bueno, pero el dolor no hubiese sido el mismo…
-Annita… Lo mejor que podrías hacer es ir a dormir, calmarte y mañana, al acabar el programa, ir a su casa.
-¿¡Yo!? ¡Si hombre!
-¡No seas orgullosa!
-No es que sea orgullosa, es que…
-¡Es que nada! – me corta – ¡Mañana vas a ir a casa de Daniel y lo vas a arreglar! ¿De acuerdo? – me quedo callada unos segundos, meditando sus palabras un poco sorprendida de su exaltación. – ¿De acuerdo? – repite.
-Vaaaaale… – susurro.
Continuamos hablando un rato, hasta que se despide y me manda a dormir. Antes de ello, pero, me preparo un poco de cena, pensando qué haré mañana, no puedo llevar la contraria a Raúl…


A la mañana siguiente, al acabar el programa, Flo me dice que quiere acompañarme a casa, cosa que raramente pasa. Durante el camino, Flo va sacando temas de conversación, pero sé que ninguno de ellos son los que de verdad querría saber. Cuando me doy cuenta, Flo ha pasado de largo mi calle.

-¡Flo, que te has equivocado! – le grito pegándole golpecitos, riéndome cariñosamente de él – Para llegar a mi casa…
-Ya lo sé. – me corta divertido – No vamos a tu casa…
-¿Cómo? – lo miro intrigada – ¿Dónde me llevas, padre? – digo con una sonrisa en la cara, pensando que quiere pasar la tarde conmigo. Él se queda callado, desaparece la sonrisa de su cara y resopla. Por consecuencia, dejo de sonreír yo también. – ¿Ha pasado algo? – le digo asustada, él sigue sin contestar. – Flo, ¿ha pasado algo? – repito, un poco más exaltada.
-No sé… Dímelo tú… – susurra un poco tenso.
-¿P… Perdón? – lo miro todavía más extrañada y me recoloco en el asiento. Él coge aire, intentando buscar las palabras exactas.
-Dani me ha pedido que te lleve a su casa… – abro los ojos como platos, me giro para mirar por la ventana y entonces reconozco las calles por las que ahora estamos pasando. Vuelvo a mirar a Flo, asustada, intentando adivinar qué es lo que sabe. – No sé nada… – dice cortando mis pensamientos – pero me gustaría que me lo explicaras… – dice contundente, girándose hacia mí. Trago saliva, aprieto las manos y empiezo a tartamudear, intentando explicarme.
-Flo… Verás… Es que… El otro día…
-No voy a comerte, Annita – vuelve la confianza y la dulzura en su voz, eso me alivia – Solamente quiero saber la verdad…
-La verdad… – vuelvo a quedarme callada, sin saber por dónde empezar, nerviosa.
-Al final Dani consiguió lo que quería, ¿no? – suelta una risita al acabar, le miro extrañada. – Vamos Annita, todos sabíamos que estaba colado por ti… – me sonrojo, sonriendo tontamente al escuchar eso – No sé si alegrarme por él… – continúa, bajando el tono de voz – o preocuparme por ti… – vuelvo a mirarle, esta vez asustada. Él no contesta, nota que eso me ha dejado traspuesta y se muerde el labio.
-¿Por qué lo dices, Flo? – susurro, temiendo sus palabras.
-Bueno, Anna… Los dos conocemos a Dani… – se gira para mirarme, para ver cómo estoy, al ver mi cara, se alarma un poco y vuelve a girarse – Bueno, es decir… – intenta arreglarlo – por muy enamorado que esté de ti… En fin… Que se debe haber divertido hasta el momento…
-¿Crees que querrá divertirse estando conmigo? – le corto intrigada y preocupada. Él, después de resoplar, contesta.
-No lo sé… Se lo tendrás que preguntar tú. – y en ese momento, frena el coche y vuelve a mirarme, con una pequeña sonrisa, deseándome suerte.

dimecres, 24 d’abril del 2013

10. ¿Crees que fue fácil?


Está parado en frente de mi, mirándome entristecido, esperando que responda algo. Me quedo mirando el ramo de rosas, sin creer lo que está pasando, y vuelvo a fijar mi mirada en sus ojos, que me miraban intranquilos. Dani, para cortar la tensión, da dos pasos hacia adelante, acercándose a mí con el ramo tendido, excusándose con la mirada. Volviendo a la realidad, recuerdo lo que pasó y el dolor me envuelve todo el cuerpo, haciendo que dé un paso hacia atrás, mirándole mal. Él, extrañado, se queda quieto en el sitio.

-¿Qué vas a explicarme? – Dani se queda quieto, da un pasito hacia atrás, extrañado, cuestionándome con la mirada. Un poco decidida, doy un paso hacia delante, volviendo a atacarle. – Qué, ¿no sabes cómo excusarte? ¿No te tenias el diálogo preparado? ¿Cuántas mentiras venías a contarme, Dani? – poco a poco voy acercándome a él y levantando más el tono, enfadándome, doliéndome cada palabra que me sale de la boca. Dani va echando hacia atrás, asustado, mirándome sin comprenderme, intentando hablar, pero no le dejo. – Si has venido a volver a ilusionarme, a mentirme o a decirme que soy la única chica en tu vida… – cojo aire, los ojos se me empiezan a llenar de lágrimas – vete por esa puerta – me giro y señalo con el dedo la puerta, gritando – ¡Vete y no vuelvas más! – Dani intenta contestarme, pero no le sale la voz. Las lágrimas empiezan a correr por mi rostro y doy un paso hacia atrás, sin apartar la mirada de él. – Me has hecho mucho daño, Dani. Lo dejé todo por ti, me entregué a ti aún sabiendo cómo eres y me prometiste que no había habido otra chica en tu vida. ¿Me mentiste o es que lo que se dice después de un polvo no cuenta? – Dani agacha la mirada, aprieta con fuerza el ramo de rosas y lo tira encima del sofá. Levanta la cabeza con fuerza, mirándome con ira, y se acerca a mí, decidido.
- ¿¡Qué querías que hiciera!? ¿¡Que te esperara toda la vida!? – Me sorprendo con sus palabras, me duelen y me enfrento a él, poniéndome derecha delante suyo – Cuando tuviste la oportunidad de estar conmigo te fuiste corriendo porque no tuviste el valor. ¿Querías que me quedara esperando toda la vida a que te dignaras a volver? – lo dice en un tono demasiado alto, demasiado chulesco, demasiado ofensivo. Me acerco más a él, llorando de la rabia, y le giro la cara de una bofetada. Dani se gira sorprendido, tocándose la mejilla y abriendo la boca y los ojos como platos. Yo, mirándole con odio, con desprecio y con la cara llena de lágrimas, me separo de él y me dirijo a la puerta, abriéndola para que se vaya. Él, enfurecido, se planta frente a mí y me mira a los ojos, rojos, conteniéndose las lágrimas – Eres demasiado orgullosa – se gira y se dirige hacia la puerta, pero le cojo del brazo y lo paro.
- ¿¡Perdón!? ¿¡Orgullosa yo!? – le empujo, empotrándolo a la pared, poniéndome delante suyo – ¿Me está llamando orgullosa el tío que dejó de hablarme por qué no fui capaz de quedarme con él meses después de dejar a mi novio? ¿Tienes el valor de presentarte a mi casa con un ramo de flores para llamarme orgullosa? ¿¡Tú!? ¿¡Pero de qué coño vas!?
- ¡Estaba enamorado de ti, Anna! – dice apartándose de la pared y acercándose a mí – ¡No podía soportar verte con otro tío! ¡Nunca lo pude soportar! – cada vez levanta más el tono de voz, y yo, poco a poco, quedo rinconada en la otra pared del pasillo, asombrada por lo que me está diciendo, sin saber qué responder – Y encima que espero y que por fin pasa, el día que por fin puedo besarte, ¡Coges y te largas diciendo que no puedes! ¿¡Tú sabes cómo me sentí ese día!? ¿¡Lo sabes, Anna!?
- ¿¡Y cómo crees que me sentía yo!? ¿¡Te crees que fue fácil, Daniel!? – vuelvo a ponerme seria y me enfrento a él – ¿Pero qué digo? ¿¡Qué coño vas a saber tú si nunca te has atrevido a mantener una relación seria!? – Dani se queda serio, da un paso hacia atrás dolido, sin contestarme. Se pone bien la chaqueta, me mira a los ojos y, susurra “La soñaba contigo, Simon”, y vuelve a dirigirse a la puerta, abriéndola. – Dani, espera… – se gira, me mira a los ojos, y cierra la puerta, quedándose dentro, mirándome. Se acerca hacia mí, me coge por las mejillas y me besa dulcemente. Me quedo atónita, parada, él se separa de mí, vuelve a abrir la puerta y susurra “adiós” cerrando la puerta de un portazo al salir. 

diumenge, 21 d’abril del 2013

9. Siempre le estaré agradecida

Voy corriendo por las calles de Madrid, justo igual que la última vez que estuve en el portal de Dani, aunque esta vez es diferente: esta vez voy con un rumbo fijo, mis pasos se dirigen hacia Alcalá, que no está muy lejos de esa casa, y no miro hacia atrás, aún escuchando los gritos de Daniel que buscan desesperados que deje de correr y me gire para hablar con él.

Cuando llego a la calle que más feliz me ha hecho desde hace 2 años, dejo de correr. Hace rato que no oigo a Dani, así que supongo que hace rato que ha dejado de seguirme. Me apoyo en la pared, desahogándome, cogiendo todo el aire que he perdido durante esta estúpida cursa. Las lágrimas me caen cual río desbordado, el corazón me late muy deprisa, tengo flato y me he hecho daño en el pié. Necesito serenarme, entrar a plató sonriendo, intentando disimular, para que nadie sospeche nada. Necesito no pensar en él, no volver a pensar en lo que ha dicho el portero, no volver a pensar en que Daniel me ha mentido en todo… Empiezo a hiperventilar, la situación me supera, ahora más que nunca necesito un abrazo… 

- ¿Anna?  – tosiendo y secándome las lágrimas vergonzosa, giro la cabeza, buscando la voz que está preocupada por mí, aunque ya la había reconocido. Flo está justo de pié delante de mí, mirándome preocupado, sin entender nada. – Annita… ¿Estás bien? – susurra casi sin voz, examinándome la cara.

Sin contestar, me lanzo a su cuello, abrazándole, apoyando mi cabeza en sus hombros, y rompo a llorar y sollozar. Él me rodea por la espalda con una mano y con la otra me aprieta la cabeza, acariciándome, intentando calmarme, susurrando “shhhh, tranquila, ya está…”.

Estamos así un rato, hasta que me calmo y consigo volver a respirar con claridad. Entonces, me separo, me seco las lágrimas con un pañuelo que saca él de su bolsillo y sonriéndole, le doy las gracias. Él responde cogiéndome de las mejillas y besándome la frente dulcemente, sonriendo al apartarse.

-¿Qué te pasa, mi niña?

Escuchar eso hace que me estremezca y me entren otra vez ganas de llorar. Flo es mi segundo padre, el hombre que siempre he tenido al lado cuando más lo he necesitado, el hombre que más ha confiado en mí y gracias al cual ahora estoy dónde estoy. Le debo muchísimo y siempre le estaré agradecida. Volviendo a ese lugar, intentando fingir naturalidad, despreocuparle y, sobretodo, no contarle lo que me ha pasado con Daniel, ya que nunca nos lo perdonaría, le cuento que me ha dado un bajón por mi madre, quien se ha puesto enferma de golpe y que no puedo ir a verla a Mollet. Aunque parece que no me crea mucho, me tranquiliza diciéndome que mi madre va a estar sonriendo siempre que me vea en televisión, y que si hace falta, en cuanto acabe el programa, me acompaña al aeropuerto para que vaya a visitarla una noche. Le vuelvo a agradecer todo lo que hace por mí, abrazándole y besándole las mejillas, pinchándome con su barba y nos dirigimos hacia plató, ya que vamos tarde.

 Después de maquillarnos, comer y hacer el programa, Flo viene a buscarme para decirme si quiero que me acompañe al aeropuerto, a lo que le digo que no, que con que me lleve a mi casa ya me hace feliz, que hablaré con mi madre toda la tarde por teléfono. Así que cumple con su palabra y me lleva en coche a casa, acompañándome hasta el portal y despidiéndome con un gran abrazo.

Subo a casa por las escaleras, estar sola en el ascensor me da un poco de pánico, y más cuando estoy nerviosa/cabreada como hoy. Me dirijo hacia la puerta de mi casa mirando el bolso, buscando las llaves, y no me doy cuenta de que la puerta está abierta. Cuando por fin las saco y voy a ponerlas, me percato de ese detalle y, asustada, entro dentro del piso, temiendo que haya algún ladrón o parecido. Pero no, para mi sorpresa, en el salón de mi casa está Dani, con un gran ramo de rosas y una sonrisa tímida. Todavía sin creerlo, me quedo de pié, repasándolo de arriba abajo y mirando sin parpadear el gran ramo.

- Por favor, Anna, déjame que te lo explique.

diumenge, 14 d’abril del 2013

8. ¿Otra vez, Martínez?


Dani está mirándome tímidamente, sonrojado, con una gran sonrisa en la cara. Se levanta del sofá, me coge por las piernas, cual princesa, y me lleva a su habitación, dejándome sentada en ella mientras él va sacando las sábanas. Nos colamos dentro de éstas y me abrazo a él, otra vez, apoyando mi cara en su pacho, escuchando los latidos de su corazón. Él va acariciándome la cabeza, besándome el pelo a ratos.

- Dani… ¿Puedo preguntarte una cosa? – digo cortando el silencio.
- Sí, claro. – contesta un poco extrañado.
- ¿Porqué... Porqué no me mirabas los pechos? – levanto la cabeza y busco su mirada. Vuelve a sonrojarse, sin entender mi pregunta. Ahora soy yo quien se sonroja – Es decir… Es que… Los evitabas y… Me ha parecido… – Intento explicarme, pero me pongo nerviosa y agacho la cabeza, buscando las palabras exactas.
- Tenía miedo que pensaras que solo te quiero por ellos. – contesta contundente al ver que no sé como decírselo. Rápidamente levanto la vista y le miro, sin creerlo. – Sé que estás hecha de complejos y que no te gusta que te digan que estás dónde estás por ellos… Pensaba que si los miraba demasiado te enfadarías. – contesta tímidamente. Rompo a reír y le beso dulcemente al ver su cara de preocupación.
- Pero que tonto eres… – sonrío y vuelvo a besarle, a lo que él contesta besándome también, con una gran sonrisa y mordiéndome el labio inferior. Poco a poco se va colocando encima de mí, sonriendo pícaramente y mordiéndome el cuello. – ¿Otra vez, Martínez? – intento decir chulesca, pero no puedo evitar reprimir los gemidos que me provoca.
- Aprovechemos esta noche, Simon. – contesta más sereno que yo, esta vez besándome los pechos, aprovechando lo que le acabo de decir. Suelto una risita y, empujándole, me coloco encima de él, sorprendiéndolo. Empiezo a besarle el cuello con dulces mordisquitos y él suelta una carcajada. – ¿Vas a estar a la altura, abuela? – me aparto de él, mirándolo enfurecida, sintiéndome atacada. Él ríe divertido y se levanta para besarme dulcemente, pero le empujo para tumbarlo otra vez.
- Dímelo en cuando acabe, chulo.

Y vuelvo a la carga, besándole más traviesa, moviéndome sensualmente encima de él y haciéndole gemir de placer. Cada vez que intenta acariciarme, le aparto las manos y las aguanto sobre el colchón, para que no pueda moverse. Eso le gusta todavía más, lo noto en todos sus movimientos y suspiros. Y así, entre juegos, besos y mordiscos, volvemos a hacer el amor.

- Para ser una abuela, estás muy bien preparada… – dice Dani entre suspiros y susurros, mientras me tumbo a su lado otra vez.
- Para que veas… – intento decir cogiendo aire. Dani empieza a coger más aire, para intentar contestarme, pero todavía le salen suspiros. Río divertida y victoriosa y le beso la mejilla, tumbándome de lado para mirarle.
- Tendré que practicar más… – consigue decir. Abro los ojos como platos, mirándolo mal y asustada, se da cuenta y corrige lo que acaba de decir. – ¡Contigo, me refiero a contigo! – suelto una risita y asiento con la cabeza.
- Pero hoy no, mañana trabajo y necesito dormir y recuperar las fuerzas… – Dani se gira y mira la hora. Asiente con la cabeza, resoplando, y me abraza, besándome la frente.
- Buenas noches, princesa. – sonrío tontamente, le beso dulcemente y me coloco entre sus brazos, para dormirme abrazada a él, como hace tanto que espero.

Suena el despertador. Dani le pega un manotazo, se gira hacia mí  y me mira, sonriente, feliz de verme tumbada a su lado. Yo estoy exactamente igual, observándolo con una gran sonrisa. Me besa la nariz y luego los labios, suavemente, y vuelve a separarse de mí.

Después de vestirnos y desayunar, bajamos hacia el portal, quiere acompañarme a plató. Cuando salimos del ascensor, vemos al portero dejando cartas en los buzones. Dani se queda tenso, me coge de la mano e intenta evitarlo. Lo miro extrañada, aún así no le digo nada. Cuando llegamos a la puerta, Dani la abre rápido y me deja pasar. 

-¡Hombre Dani! ¿Hoy con una rubia? ¿Qué pasa con la morena del sábado? – me giro rápido, con los ojos muy abiertos, mirando al portero, que está en la puerta mirándome sonriente. Al ver quién soy, se sorprende y vuelve a mirar a Daniel, que estaba mirándome preocupado, con miedo, sin saber qué hacer. – Ostia, ¡esto sí que no me lo esperaba! – Dani se gira, mirando con odio al portero, a punto de gritarle. Mis ojos se llenan de lágrimas, vuelvo a mirar a Daniel, pidiéndole una explicación, pero no me espero, me giro y me voy corriendo de ese portal, no quiero quedarme allí ni un minuto más.

dimarts, 9 d’abril del 2013

7. Esto es como un sueño.


Con los ojos un poco rojizos y emocionados, le cojo dulcemente de la cara y fundo nuestros labios en un perfecto y largo beso. Un beso intenso, lleno de pasión y de deseo. Cuando le suelto la cara, suelta un suspiro de felicidad y dirige sus manos a mis caderas, volviéndome a acariciar mientras sigue besándome. Aún así, puedo notar su inquietud por acabar de descubrir mi cuerpo y sentirlo dentro de sí, justo igual que la mía. Los dos ardimos de deseo y pasión y se ve reflectado en la manera en cómo evolucionan nuestros besos y la velocidad que cogen nuestros cuerpos al moverse y rozarse mutuamente. Sus besos en mi cuello, junto con mordisquitos, me devuelven al mundo y hacen que me dé un escalofrío. Lentamente voy deslizándome debajo de él, besándole el cuello y el pecho, y empiezo a desabrocharle los pantalones. Él se deja hacer, le gusta que lleve la iniciativa, pero en cuanto nota que le he acabado de bajar los pantalones, me coge de la cintura y me arrastra hacia la posición en la que estábamos antes, para volver a dominar él sobre de mí, con una gran sonrisa pícara y dulzona. Vuelve a besarme el cuello, mordiendo esta vez más fuerte, con más deseo, y vuelve a deslizar sus manos hacia mis caderas, acariciando la parte inferior de mi barriga, colando el dedo por el borde de mis braguitas de corazones y bajándomelas suavemente. Empiezo a temblar por los nervios y el deseo y él me mira extrañado. Le sonrío emocionada y le beso, acariciándole la espalda, bajando mis manos y colándolas en sus calzoncillos, rozándole el trasero. Vuelve a soltar un suspiro, esta vez más apasionado y nervioso, y empieza a sacarme la ropa interior, a la vez que le quito yo la suya. Nos quedamos mirándonos a los ojos, emocionados, nerviosos, deseosos de este gran momento. Después de sonreírme dulcemente, se coloca encima de mí y besándome, empieza a hacerme el amor, de la manera más dulce, más tierna, más apasionada y sensible que me lo habían hecho nunca. Con Miki al principio era así, me trataba como a una verdadera princesa, pero supongo que el tiempo y la rutina te acaban llevando a una manera de hacer más “casual”. Un enorme suspiro de Daniel, junto con un pequeño gemido mío me devuelven a ese sofá, al sofá de casa de Daniel, el sofá que tantas veces he frecuentado con la gente del equipo para pasar la tarde. Dani acelera el ritmo sumándose a mis gemidos y gritos de pasión, seguidos de besos, de apretujones en su cuello, de pequeños arañazos en su espalda, de mordiscos en mi cuello y muchos suspiros. 

- ¿Cómo… ¿Cómo estás? – susurra Dani entre suspiros, sonriéndome, estirándose a mi lado, un poco inclinado por el poco espacio que hay en el sofá.
- G.Genial. – consigo decir, inclinándome también para que quepa mejor. Apoya su cabeza en mi hombro y empieza a acariciarme la barriga. Le busco la mirada y veo que tiene los ojos cerrados, pero sigue ahí su gran sonrisa. Le beso la cabeza y me abrazo a él.
- Esto es… como un sueño. – susurra elevando su cara y mirándome a los ojos. Sonriéndole le beso tiernamente, dejándole un mordisquito en el labio inferior. – Te quiero – Antes de que pueda contestarle, me besa, cogiéndome por la mejilla y acariciándome el cuello.
- Todo ha sido muy difícil – le contesto cuando me suelta. Se queda mirándome un poco extrañado, pero arquea los hombros y susurra.
- Todo es difícil, pero, si luchamos por lo que queremos, lo acabamos consiguiendo. – y vuelve a besarme.
- Gracias por esperarme, Dani… – contesto tímidamente. 

dilluns, 8 d’abril del 2013

6. Tú te lo pierdes.


Dani me tiene cogida suavemente de la nuca, y poco a poco se va acercando hacia mí, sin soltarme, evitando que pueda escapar. Esta vez no voy a dejar que pase, esta vez quiero saborear sus labios, saber qué sentiré al besarlo. Empieza a rozar con su nariz la mía, entrecerrando los ojos, mirándome los labios. Yo, completamente sedienta de besarle, cierro los ojos y elevo la cabeza, dejándole libre el camino. Pero no me besa. Noto como lentamente su nariz deja de frotar la mía y se va apartando, soltándome. Un poco asustada, sin querer afrontarme a esta realidad, abro lentamente los ojos, cuestionándole. Entonces, le veo mirándome divertido.

-Ahora sí, ¿no, Simon? – dice con su voz chulesca para picarme. Me pongo totalmente roja y no soy capaz de contestar. Él suelta una pequeña carcajada y vuelve a mirarme fijamente – ¿Qué pasa si ahora el que no quiere soy yo? – vuelve a decir pícaramente. No voy a dejar que me chulee así, así que le contesto de la misma manera.
-Tú te lo pierdes. – se queda sorprendido de mi respuesta, pero aún así no cede.
-¿Y qué es lo que me pierdo? – contesta retándome. Me quedo unos segundos pensando una buena respuesta, una respuesta que lo deje aturdido, que le haga bajar los humos, que vea que voy en serio.
-Eso que has estado deseando tanto tiempo. – contesto duramente. Al ver su cara, sonrío victoriosa. Él hace una mueca y vuelve a sonreír.  
-No  voy a dejar que te escapes otra vez, Annita.

 Antes de que pueda contestarle, me coge fuertemente por las mejillas, se inclina rápidamente hacia mí y, a la vez, me lleva hacia él, besándome con fuerza. Me quedo quieta, parada, con los ojos como platos delante de tal reacción, pero, al notar como ese feroz beso se convierte en uno totalmente suave y dulce, cierro los ojos y me acerco más a él, relajándole y respondiendo al beso, cogiéndole suavemente del cuello y acariciándole el pelo con la mano derecha. Él poco a poco va bajando sus manos hasta posicionarlas en mi cintura y, a la vez, va entreabriendo nuestros labios, colando tímidamente su lengua en mi boca, saboreando mis labios. Cuando ve que le respondo de la misma manera, empieza a jugar con mi lengua, a morderme los labios, a besarme dulcemente las comisuras de estos y a sonreír mientras le beso. El corazón me late más deprisa de lo que nunca me lo había hecho, las piernas me tiemblan de la emoción y puedo notar como en mi barriga hay una familia entera de mariposas revoloteando y bailando.

Sin dejar que me separe un solo centímetro de él, Dani va estirándome al sofá, colocándose encima de mí, entre medio de mis piernas. Sin quejarme ni soltarle la dulce cara, que pincha de la barba de dos días que lleva, dejo que poco a poco me vaya sacando la camiseta y la lance al suelo, sin mirar. Al hacerlo, se separa un poco de mí, observándome, perdiéndose en mis pechos. Le miro mal, se da cuenta y vuelve a mi mirada, completamente rojo y sonriente, besándome con pasión otra vez. Aprovecho para colar mis manos entre nuestros cuerpos y lentamente le voy sacando la camiseta, lanzándola al mismo lugar que él ha dejado la mía y abrazándome en su espalda al haberlo hecho. Él aprovecha el momento para acariciarme los pechos, todavía escondidos tras el sujetador oscuro que llevo, pero tarda poco en colar sus manos en mi espalda, buscando el cierre para abrirlo. Arqueo la espalda para facilitarle el trabajo y, al notar que ya lo ha soltado, vuelvo a estirarla. Se separa de mis labios otra vez y me mira tímido, con una pequeña sonrisa. Al ver que mi cara es la misma que la suya, me besa dulcemente y prosigue en sacarme el sujetador, dejándolo lentamente en el suelo. Abro los ojos para ver su reacción, con una pequeña sonrisa tímida, esperando una cara divertida o peculiar. Pero no es así, se queda con la misma cara que la primera vez y dirige la mirada rápidamente a mis ojos otra vez, cerrándolos al besarme. No entiendo su reacción, supongo que es de los nervios o la vergüenza, pero no le doy importancia. Sigue besándome con pasión, cada vez más rápido, y poco a poco empieza a colocarse entre mis piernas y va subiendo sus manos, que estaban en mi cintura, para tocarme los pechos, acariciándolos y apretándolos. Le muerdo el labio al notar sus frías manos en mi pecho, y él las vuelve a bajar, dirigiéndolas hacia la cintura y buscando el pantalón. Empieza a jugar con el botón, que admito que va un poco duro, y, al ver que no consigue desabrocharlo, vuelve a separarse de mí, levantándose un poco y haciendo fuerza para abrirlo. Al verlo así, tan nervioso y fogoso, suelto una carcajada que hace que dé un pequeño bote y le suban todos los colores. Riendo él también, susurra “Hasta los pantalones los llevas de abuela, Simon” y vuelve a besarme divertido y con dulzura, después de ver que su comentario me ha “dolido”. Empezando a bajarme los pantalones, empieza a besarme el cuello, bajando lentamente, mientras que, de la pasión, voy arqueando la espalda y levantando el trasero para que pueda sacarlos. Empieza a bajar un poco más del cuello y empieza a besarme el pecho, tímidamente, pero rápidamente vuelve al cuello y, cuando ya ha acabado de sacarme los pantalones, a mis labios. Al hacerlo, se separa de mí, me mira fijamente a los ojos y, con una gran sonrisa susurra “Me estás haciendo el hombre más feliz de la tierra, Anna”.

dissabte, 6 d’abril del 2013

5. Disfrutar de el momento.

Dani y yo nos quedamos mirando a Flo, sorprendidos, con miedo. Si no le llego a empujar nos pilla besándonos… Porque sí, iba a dejar que me besara, lo deseaba con todas mis fuerzas.

-¿Por qué hacéis estas caras? ¿Qué pasa? – pregunta Flo preocupado.
-Nada, nada. – contesta Dani, rápido – nos estábamos peleando.
-¿Ya? – ríe – Bueno, por lo menos todo vuelve a la normalidad. – se queda mirándonos a los dos, con una sonrisilla tonta. De repente se queda parado y empiezan a brillarle los ojos.
-¿Flo? – susurra Dani, con la misma expresión de sorpresa que la mía. Viendo la cara de Flo, se me empiezan a llenar los ojos de lágrimas. Flo se da cuenta, sonríe y nos abraza, aplastándonos contra él, como antes, como siempre lo hemos hecho, como cuando éramos solo uno. No puedo aguantarlo más y empiezo a llorar en su hombro, apretando con fuerza mi mano en su espalda y cogiendo a Dani por la camisa. Flo suelta su típica risita tímida en el abrazo, y al cabo de un rato nos suelta, con los ojos rojizos y una gran sonrisa, exactamente la misma que tenemos Daniel y yo.
-Os quiero mucho, chicos. – susurra Flo.
-Y yo, padre. – y vuelvo a abrazarle, esta vez a solas, rodeando su cuello con mis brazos y notando como me coge por la cintura y me eleva. Cuando me suelta, Dani nos mira sonriendo divertido.
-¿No teníais que presentar un programa? – repite Dani para cortar el momento. Flo mira el reloj y se sorprende.
-¡Corre Anna

Me coge de la mano y empieza a correr por los pasillos, hasta llegar a el plató. Dani nos seguía divertido gritando “¡Corre Jou!” y la gente con la que nos íbamos cruzando empezaba a reír con la escena. Era como si nada hubiese cambiado, como si estuviésemos a punto de empezar ‘Otra Movida’. Todo era perfecto.

Al acabar el programa, Flo y Dani se hicieron una foto en el plató, colgándola en Instagram más tarde para darle una sorpresa/regalo a nuestros fans. Para acabar bien el día, hemos ido todos a comer al Restaurante que frecuentábamos ir al acabar programas especiales de TLJ/OM. Está siendo una velada perfecta, con risas, recuerdos, grandes momentos… Y una promesa. Le he prometido a Dani que esta noche, en acabar de cenar, le acompañaría a casa y lo hablaríamos todo tranquilamente. Los dos deseamos arreglar las cosas y que todo acabe como siempre hemos querido. 


-¿Quieres subir? – dice Daniel divertido al llegar a su portal, recordando el último día que fuimos a cenar.
-No sé si es lo correcto… – susurro con una sonrisa, siguiéndole el juego.
-Esta vez me lo has prometido, se siente, rubita. 

Me acerca su mano, para que la coja, sonriéndome dulcemente. Le doy la mano y doy dos pasos hacia él, mirándole fijamente, nerviosa, ilusionada. Guiñándome un ojo, se dirige hacia la puerta y la abre. Subimos por las escaleras, uno detrás del otro, en silencio. Al llegar a su piso, después de meter la llave, se gira, me mira y da un pequeño suspiro, alegrándose de verme allí detrás, sonriéndole como una tonta. Abre la puerta, paso hacia el pasillo y la cierra detrás de mí, con llave, para que no pueda escaparme. Sin dejar de mirarme, vuelve a darme la mano y me lleva hacia el comedor, sentándose en el sofá. Me siento a su lado y le miro tímidamente.

- Me dolió mucho, Anna. – dice después de agachar la cabeza y coger aire. Me quedo un poco sorprendida, no me esperaba esas palabras. – Yo… Yo siempre te he querido, ¿sabes? – dice casi entre susurros, sin dejar de mirar al suelo. Está nervioso, con las manos entrelazadas, jugando con sus dedos. Se me escapa una pequeña sonrisa y me muerdo el labio, quiero escuchar qué me dice. – Siempre he envidiado a Miki, siempre he querido ser él, saber qué es lo que se siente al despertar a tu lado, saber que se siente al besarte y abrazarte cuando te sale del corazón. – desaparece la sonrisa de mi cara y mi rostro se convierte en un pequeño miedo a lo que siga diciendo. Él levanta la mirada y la fija en mis ojos – estuve esperando el momento en que lo dejarais, lo esperaba con todas mis fuerzas. – me cuesta mirarle a los ojos y paso a mirar sus manos, que siguen nerviosas jugando entre ellas – Sabía que entre tú y yo pasaría algo si os separabais, sabía que lo deseabas tanto como yo, y como un imbécil creí que esa noche pasaría lo que llevaba tiempo soñando… Pero no fue así. – dice en un resoplo de aire. Vuelvo a levantar la cabeza y le miro a los ojos, que me miraban cuestionándome. Los míos empiezan a llenarse de lágrimas.
- Dani, yo…
- Espera. – me corta – antes de que volvamos a discutir… – susurra, suelta su mano y lentamente la posiciona en mi cuello, acercándome hacia él – déjame disfrutar este momento… 

divendres, 5 d’abril del 2013

4. Niégamelo.


Me quedo inmóvil, mirándole a los ojos, sin poder ni siquiera moverme hacia él. Dani se da cuenta y da dos pasos tímidos hacia mí, mientras que Raúl me empuja por la espalda y me acerca un poco más a él, retirándose y dejándonos solos en el comedor, un comedor que nos trae demasiados buenos recuerdos… Todas las tonterías, los gags, las bromas, el tonteo, y demás surgía aquí, mientras todos comíamos. Era el mejor momento del día, cuando más unidos estábamos, cuando mejor nos lo pasábamos.

Dani se queda mirando el lugar, no sé si por los nervios y la vergüenza o porque en este momento está pensando lo mismo que yo. Un poco inquieta, dirijo la mirada hacia donde la tiene puesta él y me encuentro con el sofá que está más cerca de la pared. Sonrío, recordando, y le miro de reojo, viendo como sonríe el también.

-¿Te acuerdas, Simon? – pronuncia de repente, un tanto floquito. Me pongo roja y afirmo con la cabeza. – Fui un completo estúpido – vuelve a murmurar, agachando la cabeza. Me giro y lo miro vergonzosa, sin saber qué contestar. Vuelve a levantar la mirada y me mira fijamente a los ojos. – ¿Cómo hemos dejado que pase esto? – me sorprendo de sus palabras, sin saber a qué se refiere. – ¿Cómo hemos pasado de estar estirados en ese sofá, jugando – me sonrojo otra vez con una sonrisita leve – a no hablarnos durante meses, evitándonos y huyéndonos? – me vuelvo a poner seria.
-¿Evitándonos? – respondo contundente. – Te llamé mil veces, Daniel. – no cambia su posición, incluso saca una sonrisa irónica y agacha la cabeza, para no mirarme a los ojos – Te llamé, te llamé y me colgaste. – niega con la cabeza, mirando al suelo, sonriendo, negando mis palabras – ¿¡Pero cómo te atreves a decirme que no!? – vuelve a dirigir su mirada en mí, pero no desaparece de él su prepotencia. Doy un paso más hacia él, cortando más la distancia. – Mírame a los ojos y dime que no te estuve llamando una semana. Dímelo. – Se pone serio de golpe, dirige su mirada hacia mis labios y vuelve a subirla a mis ojos. Estoy seria, enfadada, y mis ojos así lo reflejan. Se da cuenta y vuelve a sonreír, dando un pequeño paso hacia mí, eliminando la distancia.
-¿Me llamaste, Annita? – dice provocador. Yo no echo atrás, me está doliendo mucho que haga esto, yo estoy dejando mi orgullo atrás y él sigue anteponiéndolo.
-Niégamelo. – digo subiendo la cabeza y rozando mi nariz con la suya.

Noto como me recorre un escalofrío al verle sonreír tan cerca de mí y mirándome de esta manera tan sensual como lo hace, pero no pienso dar ningún paso atrás. Se queda mirándome los ojos, dirige la mirada hacia mis labios y vuelve a subirla, un tanto más pícaro. Entonces noto como me va cogiendo suavemente de la cintura y me aprieta un poco más hacia él, notando su barriga chocar contra la mía. Me quedo quieta, no me esperaba eso, y me da otro escalofrío que él nota y le hace reír divertido. Con la otra mano, empieza a acariciarme el brazo y empieza a subirlo lentamente hacia mi cuello, enredando sus dedos entre mi pelo y acariciándome la nuca, sin dejar de mirarme los ojos y los labios. Lentamente va cerrando los ojos, sin eliminar su sonrisa de la cara, y empieza a rozarme con su nariz la mía y, cuando noto su barba de dos días empezar a rozar mis labios, lo empujo fuertemente, apartándolo de mí de golpe. Da dos pasos hacia atrás del empujón, me mira enfadado, con ira, pero a la vez sin entender nada. Yo sonrío victoriosa de haberle hecho enfadar, y antes de que él pueda gritarme cualquier cosa que esté ahora pensando, la puerta se abre de par a par y aparece Flo, tan sonriente como siempre con un guión en la mano.

-Bueno que, ¿vamos a hacer programa hoy o no? 

dijous, 4 d’abril del 2013

3. ¿Podemos hablar?

Estamos frente a frente, quietos, sin decirnos nada. No me sale la voz, no sé qué decirle. Estoy perdida en sus ojos verdosos y en mi cabeza solo hay una imagen: el último día en que le vi, el día que discutimos, el día en que me besó. Él está igual de paralizado, le distingue que tiene una sonrisa en la cara. Flo, que está a su lado, nos mira preocupado e intrigado, igual que los demás asistentes.

-¿Qué pasa, Annita? ¿Es que no te acuerdas de quién es?

La voz de Flo nos devuelve a los dos en el mundo, asustándonos un poco. Respondo a Flo con una media sonrisa fingida e intento decir algo coherente, pero antes de que me salga la voz, Flo me corta abrazándome y trayendo a Dani entre nuestros brazos, como siempre antes nos habíamos abrazado. Flo está en el medio, pero nos aprieta tanto que Dani, para no caer, se aguanta en mi cintura, y yo en la suya. Lentamente Flo se va separando y nos deja solos, fundiéndonos en un abrazo sentido, intenso, mostrando todo lo que nos habíamos echado de menos. Me aprieta hacia él con fuerza, apoyando una mano en mi espalda y la otra en la cintura. Yo tengo los brazos rodeando su cuello, acariciando su pelo con una mano y la otra apoyándola en su hombro. Recordando ese último día a su lado, empiezo a llorar en su pecho, aunque intento no hacerlo con todas mis fuerzas. Él se da cuenta y me pega un poco más hacia él, inspirando fuerte.

-Bueno, bueno, ya está, ¿eh? Ni tanto ni tan poco, amigos.

Flo vuelve a cortarnos y nos separa. Antes de que pueda notarse que he llorado, me seco un poco las lágrimas y sonrío, fingiendo que estoy así de felicidad. Dani no aparta sus ojos de mí. Los tiene rojos, preocupados, avergonzados… Es como si me estuviera pidiendo perdón con la mirada. Me siento demasiado intimidada y doy unos pasos hacia atrás, agachando la cabeza. Raúl, dándose cuenta, se acerca a mí y me agarra de la cintura, susurrándome un “tranquila, todo está bien”. Flo se queda un poco extrañado al verme así, pero hace caso omiso y se va con Kiko y los demás hacia sus camerinos, riendo y haciendo sus tontunas diarias, dejándonos solos en el comedor a mí, a Raúl y dos o tres chicas de maquillaje.

-Ya ha pasado lo que más temías, Annita… ¿Cómo estás?
-¿Qué como estoy? No me siento las piernas, Raúl... – Suelta una pequeña carcajada y me da un abrazo para tranquilizarme.
-¿Te tranquiliza saber que él estaba igual o peor? – le miro extrañada, sin saber a qué se refiere. – Vamos, no me digas que no lo has notado. – hago que no con la cabeza, aunque sí me he dado cuenta de lo rojos que estaban sus ojos – Te echa de menos, Anna. En el coche no paraba de preguntarme por ti y en cuando te ha visto le ha cambiado el estado de ánimo. Han pasado muchos meses desde lo que pasó y se arrepiente de haberte dejado ir, tenlo por seguro.

Me quedo un poco parada con sus palabras, pero a la vez me siento mejor. De repente la puerta se abre y nos giramos los dos a la vez, creyendo que era Flo que venía a buscarnos. Pero no, quien abre la puerta es Daniel, mirándome fijamente, intranquilo.

-¿Podemos hablar? 

dilluns, 1 d’abril del 2013

2. Hola, Anna.


Me siento en la silla, me relajo, y escucho como hablan entre ellas de sus cosas mientras van maquillándome. Aprovecho para cerrar los ojos y descansar un poco, pero vuelven los recuerdos en mi mente.

-¿Anna? ¿Qué haces aquí? – en cuanto me giré, vi a Raúl acercándose a mí con el casco de la moto entre las manos. – ¿Qué ha pasado?

No pude contestarle, me lancé a sus brazos y empecé a llorar en sus hombros. Él me abrazó, me tranquilizó: secándome las lágrimas, me susurró que todo estaba bien y que no llorara. Cuando pude recuperar la respiración, Raúl me dejó su casco y me llevó a su casa. No era la primera vez que iba a dormir allí, Raúl y yo nos llevamos perfectamente des de el primer programa de Otra Movida y siempre nos hemos tratado como hermanos. Sabía que en ese momento de desesperación, lo último que me faltaba era pasar la noche sola, así que, como ya habíamos hecho antes, me quedé a dormir en su habitación de invitados. A la mañana siguiente, estuve llamando a Dani, necesitaba hablar con él y disculparme, pero no solo no me respondió, sino que acabó colgándome el teléfono.

-¿Cómo puede ser que siempre te duermas mientras te maquillamos? – Las fuertes risas de la sala me hicieron despertarme, sonrojada.
-Soy una abuela, dame una silla/butaca y me dormiré. – Volvieron a reír divertidas y me echaron de maquillaje, acompañándome al comedor.

Cuando llegamos allí, estaban todos en su sitio, hablando y riendo, como siempre. Fui a sentarme al lado de Flo, que me esperaba con una gran sonrisa, y vi como a su otro lado había una silla de más. Él me guiñó un ojo, entendiendo mi mirada, y empezó a comer.

Cuando sacaron los cafés y los típicos postres de cada día, llamaron a la puerta. El corazón me dio un vuelco y paró en seco. Me quedé quieta, se me cortó la respiración, y fijé los ojos en la puerta, que se abrió lentamente.

-¿Qué pasa, familia? ¿Me echabais de menos?

Todos se levantan de la silla, aplauden y gritan. Poco a poco van acercándose a los dos forasteros, se abrazan, se besan, se saludan… Yo sigo sentada, parada, sin moverme ni parpadear. Tengo los ojos fijos en la mirada de Dani, que ni siquiera se digna a buscarme. Está sonriendo, feliz, saludando a su gente, a sus ex compañeros, a su familia… Raúl, en cambio, se va apartando de todo el equipo y empieza a acercarse a mí. Viendo mi rostro, nota que lo estoy pasando mal y que ni siquiera lo he visto. Por eso, se planta frente a mí y chilla “Anna, mi dulce rubia de Mollet que se echa Franel, ¿no vas a lanzarte a mis brazos?”. Parpadeo, le busco con la mirada, y al verle con los brazos abiertos hacia mí, me levanto corriendo y me lanzo a su cuello, abrazándola divertida y emocionada. Después de besarle, achucharle y preguntarle qué tal le va todo, Flo rompe nuestro momento.

- ¿Es que no vas a saludar a tu leonés? – Me giro y me quedo mirando preocupada a Flo. No sabe nada de lo que pasó, no sabe todo lo que pasé por ese chico, no sabe todo lo que me dolió. – Vamos, Simon, ¿me vas a decir que no le has echado de menos? – suelta bromeando y empujándole hacia mí. Dani tiene la misma cara de sorpresa y miedo que la mía. Los dos estamos quietos, mirándonos a los ojos sin decirnos nada, con los ojos como platos y el corazón latiendo demasiado deprisa.
- Hola, Anna. 

1. El reencuentro


Hoy, después de 4 meses sin verle, voy a tener que enfrentarme otra vez a Daniel. La última vez que nos vimos fue en una cena de “despedida”, cuando le cancelaron el programa. En ella nos reencontramos todo el equipo de ‘Otra movida’ y parte del que hubiera tenido que ser ‘Guasap’. Después de la cena, como es habitual en nosotros, fuimos a tomar unas copas y cuando ya salía el sol, volvimos cada uno a su casa... Menos yo.

-¿Quieres subir? – Me dijo Dani un poco cortado. En el pub estuvimos bailando demasiado juntos, como si nadie más estuviera a nuestro alrededor. Nos lo pasamos como dos adolescentes que acaban de conocerse y  querían aprovechar esa noche, aunque nosotros ya hacía mucho tiempo que nos conocíamos, y quizás, durante todo este tiempo, estuvimos esperando este momento.
-Dani, no sé si es lo correcto… – me miró un poco sorprendido, pero, con su típica sonrisa pícara, se acercó hacia mí, cogiéndome de la cintura y llevándome hacia él.
-¿Vas a negarme lo que sientes? ¿Vas a negarme que has tenido ganas de besarme, Anna? – sonrojada y con todos los pelos de punta, agaché la cabeza y me separé de él, buscando un poco de distancia para poder respirar.
-Simplemente creo que esto no está bien. Acabo de dejarlo con Miki y… – me soltó de repente, enfurecido, y dio un paso hacia atrás.
-¡Miki, Miki y Miki! ¡Siempre tienes ese jodido nombre en la boca! – me asusté e hice un paso hacia atrás – Joder, Anna, ¡llevamos así más de dos años! ¡Por culpa de él nunca hemos podido…
-Dani, él fue mi pareja durante mucho tiempo. – susurré cortándole.
-¿A caso le querías? ¿A caso sentías por él lo que has sentido por mí durante este tiempo?

No le contesté, me limité a perderme en sus ojos enfurecidos y enrabiados que me miraban cuestionándome. Resoplando y mirándome los labios, dio dos pasos hacia mí y me cogió de la mano, tirando de ella para que diese un paso hacia delante y cortara la poca distancia que nos separaba. Todavía con los ojos puestos en mis labios, se relamió el labio inferior y me miró a los ojos, viendo en ellos en el deseo de ese beso que habíamos estado buscando toda la noche. Cogiéndome del cuello con una mano y con la otra elevando mi cara, acabó de recortar la poca distancia que nos quedaba y empezó a rozar con su nariz la mía, cerrando los ojos, sintiendo el momento. Puse mi mano en su pecho, intentando separarle, pero sin apenas hacer fuerza, no quería que parara. Aún así, no podía parar de pensar en Miki, con quien discutía día sí, día también, por culpa de los celos y de la poca confianza que me tenía… Apretando los ojos con fuerza, intentando contener las lágrimas por haber pensado en eso, hice fuerza para que Dani me soltara, pero no lo conseguí, respondió con la misma fuerza apretándome hacia él y besándome ferozmente. Cuando noté sus labios presionar los míos, dejé de empujar y me acerqué más a él, dejándole, saboreando sus labios. Pero otra vez apareció Miki y sus gritos en mi cabeza y volví a empujar, con los ojos llenos de lágrimas, intentando evitar que el beso forzado fuese a más. Dani se separó, mirándome con odio, mirada que desapareció en cuanto me vio llorar. En ese momento no pude hacer nada más que correr, correr hacia donde mis pasos me llevaran, asegurándome que él no me siguiera.

-Anna, ¡Anna! ¿Qué no me oyes? – Al abrir los ojos veo a Flo, quien está arrodillado delante de mí, mirándome preocupado. – ¿Estás bien, Annita? – Sigue preocupado, acariciándome las manos, que las tenía puestas encima de mis rodillas.
-Sí… Sí… – digo un poco mareada – Me he… Quedado dormida… Eso es todo.
-Menudo susto, Simon, esto no me lo vuelvas a hacer, ¿eh?
-Perdona, padre… – digo con una fingida sonrisa en la cara.
-Te esperan en maquillaje – me da un beso en la frente y se levanta.
-Flo, ¿a qué has venido? – le digo antes de que abra la puerta.
-Ah, sí, – dice girándose de nuevo – recuerdas quién viene hoy, ¿verdad? – afirmo con la cabeza, intentando sonreír como él lo hace. – Se va a adelantar, viene después de comer con Raúl.
-¿¡Con Raúl!? – digo dando un bote del sofá y sonriendo de verdad.
-Sí… ¿Te hace más ilusión que venga él que Martínez? – me quedo un poco parada, e intento disimular.
-No, no, pero… Hace mucho que no hablo con Raúl, ya sabes que era como un hermano para mí…
-Ah, ya… En fin, voy a buscar a Berni para que me dé el guión. Te espero en el comedor, Annita.

Así que viene con Raúl… Gracias a Dios. Él es el único que sabe lo que pasó esa noche, y el único que podrá apoyarme y entenderme en este tenso día. Los gritos de las chicas de maquillaje vuelven a sacarme de mis pensamientos, así que me arreglo un poco el vestido, cojo aire, resoplo, abro la puerta y me dirijo decidida hacia allí.