dimarts, 9 d’abril del 2013

7. Esto es como un sueño.


Con los ojos un poco rojizos y emocionados, le cojo dulcemente de la cara y fundo nuestros labios en un perfecto y largo beso. Un beso intenso, lleno de pasión y de deseo. Cuando le suelto la cara, suelta un suspiro de felicidad y dirige sus manos a mis caderas, volviéndome a acariciar mientras sigue besándome. Aún así, puedo notar su inquietud por acabar de descubrir mi cuerpo y sentirlo dentro de sí, justo igual que la mía. Los dos ardimos de deseo y pasión y se ve reflectado en la manera en cómo evolucionan nuestros besos y la velocidad que cogen nuestros cuerpos al moverse y rozarse mutuamente. Sus besos en mi cuello, junto con mordisquitos, me devuelven al mundo y hacen que me dé un escalofrío. Lentamente voy deslizándome debajo de él, besándole el cuello y el pecho, y empiezo a desabrocharle los pantalones. Él se deja hacer, le gusta que lleve la iniciativa, pero en cuanto nota que le he acabado de bajar los pantalones, me coge de la cintura y me arrastra hacia la posición en la que estábamos antes, para volver a dominar él sobre de mí, con una gran sonrisa pícara y dulzona. Vuelve a besarme el cuello, mordiendo esta vez más fuerte, con más deseo, y vuelve a deslizar sus manos hacia mis caderas, acariciando la parte inferior de mi barriga, colando el dedo por el borde de mis braguitas de corazones y bajándomelas suavemente. Empiezo a temblar por los nervios y el deseo y él me mira extrañado. Le sonrío emocionada y le beso, acariciándole la espalda, bajando mis manos y colándolas en sus calzoncillos, rozándole el trasero. Vuelve a soltar un suspiro, esta vez más apasionado y nervioso, y empieza a sacarme la ropa interior, a la vez que le quito yo la suya. Nos quedamos mirándonos a los ojos, emocionados, nerviosos, deseosos de este gran momento. Después de sonreírme dulcemente, se coloca encima de mí y besándome, empieza a hacerme el amor, de la manera más dulce, más tierna, más apasionada y sensible que me lo habían hecho nunca. Con Miki al principio era así, me trataba como a una verdadera princesa, pero supongo que el tiempo y la rutina te acaban llevando a una manera de hacer más “casual”. Un enorme suspiro de Daniel, junto con un pequeño gemido mío me devuelven a ese sofá, al sofá de casa de Daniel, el sofá que tantas veces he frecuentado con la gente del equipo para pasar la tarde. Dani acelera el ritmo sumándose a mis gemidos y gritos de pasión, seguidos de besos, de apretujones en su cuello, de pequeños arañazos en su espalda, de mordiscos en mi cuello y muchos suspiros. 

- ¿Cómo… ¿Cómo estás? – susurra Dani entre suspiros, sonriéndome, estirándose a mi lado, un poco inclinado por el poco espacio que hay en el sofá.
- G.Genial. – consigo decir, inclinándome también para que quepa mejor. Apoya su cabeza en mi hombro y empieza a acariciarme la barriga. Le busco la mirada y veo que tiene los ojos cerrados, pero sigue ahí su gran sonrisa. Le beso la cabeza y me abrazo a él.
- Esto es… como un sueño. – susurra elevando su cara y mirándome a los ojos. Sonriéndole le beso tiernamente, dejándole un mordisquito en el labio inferior. – Te quiero – Antes de que pueda contestarle, me besa, cogiéndome por la mejilla y acariciándome el cuello.
- Todo ha sido muy difícil – le contesto cuando me suelta. Se queda mirándome un poco extrañado, pero arquea los hombros y susurra.
- Todo es difícil, pero, si luchamos por lo que queremos, lo acabamos consiguiendo. – y vuelve a besarme.
- Gracias por esperarme, Dani… – contesto tímidamente. 

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