Estamos frente a
frente, quietos, sin decirnos nada. No me sale la voz, no sé qué decirle. Estoy
perdida en sus ojos verdosos y en mi cabeza solo hay una imagen: el último día
en que le vi, el día que discutimos, el día en que me besó. Él está igual de
paralizado, le distingue que tiene una sonrisa en la cara. Flo, que está a su
lado, nos mira preocupado e intrigado, igual que los demás asistentes.
-¿Qué pasa,
Annita? ¿Es que no te acuerdas de quién es?
La voz de Flo nos
devuelve a los dos en el mundo, asustándonos un poco. Respondo a Flo con una
media sonrisa fingida e intento decir algo coherente, pero antes de que me
salga la voz, Flo me corta abrazándome y trayendo a Dani entre nuestros brazos,
como siempre antes nos habíamos abrazado. Flo está en el medio, pero nos
aprieta tanto que Dani, para no caer, se aguanta en mi cintura, y yo en la
suya. Lentamente Flo se va separando y nos deja solos, fundiéndonos en un
abrazo sentido, intenso, mostrando todo lo que nos habíamos echado de menos. Me
aprieta hacia él con fuerza, apoyando una mano en mi espalda y la otra en la
cintura. Yo tengo los brazos rodeando su cuello, acariciando su pelo con una
mano y la otra apoyándola en su hombro. Recordando ese último día a su lado,
empiezo a llorar en su pecho, aunque intento no hacerlo con todas mis fuerzas. Él
se da cuenta y me pega un poco más hacia él, inspirando fuerte.
-Bueno, bueno, ya
está, ¿eh? Ni tanto ni tan poco, amigos.
Flo vuelve a
cortarnos y nos separa. Antes de que pueda notarse que he llorado, me seco un
poco las lágrimas y sonrío, fingiendo que estoy así de felicidad. Dani no
aparta sus ojos de mí. Los tiene rojos, preocupados, avergonzados… Es como si
me estuviera pidiendo perdón con la mirada. Me siento demasiado intimidada y
doy unos pasos hacia atrás, agachando la cabeza. Raúl, dándose cuenta, se
acerca a mí y me agarra de la cintura, susurrándome un “tranquila, todo está bien”.
Flo se queda un poco extrañado al verme así, pero hace caso omiso y se va con
Kiko y los demás hacia sus camerinos, riendo y haciendo sus tontunas diarias, dejándonos
solos en el comedor a mí, a Raúl y dos o tres chicas de maquillaje.
-Ya ha pasado lo
que más temías, Annita… ¿Cómo estás?
-¿Qué como estoy?
No me siento las piernas, Raúl... – Suelta una pequeña carcajada y me da un
abrazo para tranquilizarme.
-¿Te tranquiliza
saber que él estaba igual o peor? – le miro extrañada, sin saber a qué se
refiere. – Vamos, no me digas que no lo has notado. – hago que no con la cabeza,
aunque sí me he dado cuenta de lo rojos que estaban sus ojos – Te echa de
menos, Anna. En el coche no paraba de preguntarme por ti y en cuando te ha
visto le ha cambiado el estado de ánimo. Han pasado muchos meses desde lo que
pasó y se arrepiente de haberte dejado ir, tenlo por seguro.
Me quedo un poco
parada con sus palabras, pero a la vez me siento mejor. De repente la puerta se
abre y nos giramos los dos a la vez, creyendo que era Flo que venía a
buscarnos. Pero no, quien abre la puerta es Daniel, mirándome fijamente,
intranquilo.
-¿Podemos hablar?
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