Me siento en la
silla, me relajo, y escucho como hablan entre ellas de sus cosas mientras van
maquillándome. Aprovecho para cerrar los ojos y descansar un poco, pero vuelven
los recuerdos en mi mente.
-¿Anna? ¿Qué
haces aquí? – en cuanto me giré, vi a Raúl acercándose a mí con el casco de la
moto entre las manos. – ¿Qué ha pasado?
No pude
contestarle, me lancé a sus brazos y empecé a llorar en sus hombros. Él me
abrazó, me tranquilizó: secándome las lágrimas, me susurró que todo estaba bien
y que no llorara. Cuando pude recuperar la respiración, Raúl me dejó su casco y
me llevó a su casa. No era la primera vez que iba a dormir allí, Raúl y yo nos
llevamos perfectamente des de el primer programa de Otra Movida y siempre nos hemos tratado como hermanos. Sabía que en
ese momento de desesperación, lo último que me faltaba era pasar la noche sola,
así que, como ya habíamos hecho antes, me quedé a dormir en su habitación de
invitados. A la mañana siguiente, estuve llamando a Dani, necesitaba hablar con
él y disculparme, pero no solo no me respondió, sino que acabó colgándome el
teléfono.
-¿Cómo puede ser
que siempre te duermas mientras te maquillamos? – Las fuertes risas de la sala
me hicieron despertarme, sonrojada.
-Soy una abuela,
dame una silla/butaca y me dormiré. – Volvieron a reír divertidas y me echaron
de maquillaje, acompañándome al comedor.
Cuando llegamos
allí, estaban todos en su sitio, hablando y riendo, como siempre. Fui a
sentarme al lado de Flo, que me esperaba con una gran sonrisa, y vi como a su
otro lado había una silla de más. Él me guiñó un ojo, entendiendo mi mirada, y
empezó a comer.
Cuando sacaron
los cafés y los típicos postres de cada día, llamaron a la puerta. El corazón
me dio un vuelco y paró en seco. Me quedé quieta, se me cortó la respiración, y
fijé los ojos en la puerta, que se abrió lentamente.
-¿Qué pasa,
familia? ¿Me echabais de menos?
Todos se levantan
de la silla, aplauden y gritan. Poco a poco van acercándose a los dos
forasteros, se abrazan, se besan, se saludan… Yo sigo sentada, parada, sin
moverme ni parpadear. Tengo los ojos fijos en la mirada de Dani, que ni
siquiera se digna a buscarme. Está sonriendo, feliz, saludando a su gente, a
sus ex compañeros, a su familia… Raúl, en cambio, se va apartando de todo el
equipo y empieza a acercarse a mí. Viendo mi rostro, nota que lo estoy pasando mal
y que ni siquiera lo he visto. Por eso, se planta frente a mí y chilla “Anna,
mi dulce rubia de Mollet que se echa Franel,
¿no vas a lanzarte a mis brazos?”. Parpadeo, le busco con la mirada, y al verle
con los brazos abiertos hacia mí, me levanto corriendo y me lanzo a su cuello,
abrazándola divertida y emocionada. Después de besarle, achucharle y
preguntarle qué tal le va todo, Flo rompe nuestro momento.
- ¿Es que no vas
a saludar a tu leonés? – Me giro y me quedo mirando preocupada a Flo. No sabe
nada de lo que pasó, no sabe todo lo que pasé por ese chico, no sabe todo lo
que me dolió. – Vamos, Simon, ¿me vas a decir que no le has echado de menos? –
suelta bromeando y empujándole hacia mí. Dani tiene la misma cara de sorpresa y
miedo que la mía. Los dos estamos quietos, mirándonos a los ojos sin decirnos
nada, con los ojos como platos y el corazón latiendo demasiado deprisa.
- Hola, Anna.
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