diumenge, 14 d’abril del 2013

8. ¿Otra vez, Martínez?


Dani está mirándome tímidamente, sonrojado, con una gran sonrisa en la cara. Se levanta del sofá, me coge por las piernas, cual princesa, y me lleva a su habitación, dejándome sentada en ella mientras él va sacando las sábanas. Nos colamos dentro de éstas y me abrazo a él, otra vez, apoyando mi cara en su pacho, escuchando los latidos de su corazón. Él va acariciándome la cabeza, besándome el pelo a ratos.

- Dani… ¿Puedo preguntarte una cosa? – digo cortando el silencio.
- Sí, claro. – contesta un poco extrañado.
- ¿Porqué... Porqué no me mirabas los pechos? – levanto la cabeza y busco su mirada. Vuelve a sonrojarse, sin entender mi pregunta. Ahora soy yo quien se sonroja – Es decir… Es que… Los evitabas y… Me ha parecido… – Intento explicarme, pero me pongo nerviosa y agacho la cabeza, buscando las palabras exactas.
- Tenía miedo que pensaras que solo te quiero por ellos. – contesta contundente al ver que no sé como decírselo. Rápidamente levanto la vista y le miro, sin creerlo. – Sé que estás hecha de complejos y que no te gusta que te digan que estás dónde estás por ellos… Pensaba que si los miraba demasiado te enfadarías. – contesta tímidamente. Rompo a reír y le beso dulcemente al ver su cara de preocupación.
- Pero que tonto eres… – sonrío y vuelvo a besarle, a lo que él contesta besándome también, con una gran sonrisa y mordiéndome el labio inferior. Poco a poco se va colocando encima de mí, sonriendo pícaramente y mordiéndome el cuello. – ¿Otra vez, Martínez? – intento decir chulesca, pero no puedo evitar reprimir los gemidos que me provoca.
- Aprovechemos esta noche, Simon. – contesta más sereno que yo, esta vez besándome los pechos, aprovechando lo que le acabo de decir. Suelto una risita y, empujándole, me coloco encima de él, sorprendiéndolo. Empiezo a besarle el cuello con dulces mordisquitos y él suelta una carcajada. – ¿Vas a estar a la altura, abuela? – me aparto de él, mirándolo enfurecida, sintiéndome atacada. Él ríe divertido y se levanta para besarme dulcemente, pero le empujo para tumbarlo otra vez.
- Dímelo en cuando acabe, chulo.

Y vuelvo a la carga, besándole más traviesa, moviéndome sensualmente encima de él y haciéndole gemir de placer. Cada vez que intenta acariciarme, le aparto las manos y las aguanto sobre el colchón, para que no pueda moverse. Eso le gusta todavía más, lo noto en todos sus movimientos y suspiros. Y así, entre juegos, besos y mordiscos, volvemos a hacer el amor.

- Para ser una abuela, estás muy bien preparada… – dice Dani entre suspiros y susurros, mientras me tumbo a su lado otra vez.
- Para que veas… – intento decir cogiendo aire. Dani empieza a coger más aire, para intentar contestarme, pero todavía le salen suspiros. Río divertida y victoriosa y le beso la mejilla, tumbándome de lado para mirarle.
- Tendré que practicar más… – consigue decir. Abro los ojos como platos, mirándolo mal y asustada, se da cuenta y corrige lo que acaba de decir. – ¡Contigo, me refiero a contigo! – suelto una risita y asiento con la cabeza.
- Pero hoy no, mañana trabajo y necesito dormir y recuperar las fuerzas… – Dani se gira y mira la hora. Asiente con la cabeza, resoplando, y me abraza, besándome la frente.
- Buenas noches, princesa. – sonrío tontamente, le beso dulcemente y me coloco entre sus brazos, para dormirme abrazada a él, como hace tanto que espero.

Suena el despertador. Dani le pega un manotazo, se gira hacia mí  y me mira, sonriente, feliz de verme tumbada a su lado. Yo estoy exactamente igual, observándolo con una gran sonrisa. Me besa la nariz y luego los labios, suavemente, y vuelve a separarse de mí.

Después de vestirnos y desayunar, bajamos hacia el portal, quiere acompañarme a plató. Cuando salimos del ascensor, vemos al portero dejando cartas en los buzones. Dani se queda tenso, me coge de la mano e intenta evitarlo. Lo miro extrañada, aún así no le digo nada. Cuando llegamos a la puerta, Dani la abre rápido y me deja pasar. 

-¡Hombre Dani! ¿Hoy con una rubia? ¿Qué pasa con la morena del sábado? – me giro rápido, con los ojos muy abiertos, mirando al portero, que está en la puerta mirándome sonriente. Al ver quién soy, se sorprende y vuelve a mirar a Daniel, que estaba mirándome preocupado, con miedo, sin saber qué hacer. – Ostia, ¡esto sí que no me lo esperaba! – Dani se gira, mirando con odio al portero, a punto de gritarle. Mis ojos se llenan de lágrimas, vuelvo a mirar a Daniel, pidiéndole una explicación, pero no me espero, me giro y me voy corriendo de ese portal, no quiero quedarme allí ni un minuto más.

2 comentaris:

  1. nooo!!!! nos has dejado con la intriga .. siguiente :)

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  2. Ala que fuerte, me has dejado tal que a sí O.O NECESITO EL SIGUIENTS PRONTO!:)

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