Dani está mirándome
tímidamente, sonrojado, con una gran sonrisa en la cara. Se levanta del sofá,
me coge por las piernas, cual princesa, y me lleva a su habitación, dejándome sentada
en ella mientras él va sacando las sábanas. Nos colamos dentro de éstas y me
abrazo a él, otra vez, apoyando mi cara en su pacho, escuchando los latidos de
su corazón. Él va acariciándome la cabeza, besándome el pelo a ratos.
- Dani… ¿Puedo
preguntarte una cosa? – digo cortando el silencio.
- Sí, claro. –
contesta un poco extrañado.
- ¿Porqué...
Porqué no me mirabas los pechos? – levanto la cabeza y busco su mirada. Vuelve a
sonrojarse, sin entender mi pregunta. Ahora soy yo quien se sonroja – Es decir…
Es que… Los evitabas y… Me ha parecido… – Intento explicarme, pero me pongo
nerviosa y agacho la cabeza, buscando las palabras exactas.
- Tenía miedo que
pensaras que solo te quiero por ellos. – contesta contundente al ver que no sé
como decírselo. Rápidamente levanto la vista y le miro, sin creerlo. – Sé que
estás hecha de complejos y que no te gusta que te digan que estás dónde estás
por ellos… Pensaba que si los miraba demasiado te enfadarías. – contesta
tímidamente. Rompo a reír y le beso dulcemente al ver su cara de preocupación.
- Pero que tonto
eres… – sonrío y vuelvo a besarle, a lo que él contesta besándome también, con
una gran sonrisa y mordiéndome el labio inferior. Poco a poco se va colocando
encima de mí, sonriendo pícaramente y mordiéndome el cuello. – ¿Otra vez,
Martínez? – intento decir chulesca, pero no puedo evitar reprimir los gemidos
que me provoca.
- Aprovechemos
esta noche, Simon. – contesta más sereno que yo, esta vez besándome los pechos,
aprovechando lo que le acabo de decir. Suelto una risita y, empujándole, me
coloco encima de él, sorprendiéndolo. Empiezo a besarle el cuello con dulces
mordisquitos y él suelta una carcajada. – ¿Vas a estar a la altura, abuela? –
me aparto de él, mirándolo enfurecida, sintiéndome atacada. Él ríe divertido y
se levanta para besarme dulcemente, pero le empujo para tumbarlo otra vez.
- Dímelo en
cuando acabe, chulo.
Y vuelvo a la
carga, besándole más traviesa, moviéndome sensualmente encima de él y
haciéndole gemir de placer. Cada vez que intenta acariciarme, le aparto las
manos y las aguanto sobre el colchón, para que no pueda moverse. Eso le gusta
todavía más, lo noto en todos sus movimientos y suspiros. Y así, entre juegos,
besos y mordiscos, volvemos a hacer el amor.
- Para ser una
abuela, estás muy bien preparada… – dice Dani entre suspiros y susurros,
mientras me tumbo a su lado otra vez.
- Para que veas… –
intento decir cogiendo aire. Dani empieza a coger más aire, para intentar
contestarme, pero todavía le salen suspiros. Río divertida y victoriosa y le
beso la mejilla, tumbándome de lado para mirarle.
- Tendré que
practicar más… – consigue decir. Abro los ojos como platos, mirándolo mal y
asustada, se da cuenta y corrige lo que acaba de decir. – ¡Contigo, me refiero
a contigo! – suelto una risita y asiento con la cabeza.
- Pero hoy no,
mañana trabajo y necesito dormir y recuperar las fuerzas… – Dani se gira y mira
la hora. Asiente con la cabeza, resoplando, y me abraza, besándome la frente.
- Buenas noches,
princesa. – sonrío tontamente, le beso dulcemente y me coloco entre sus brazos,
para dormirme abrazada a él, como hace tanto que espero.
Suena el
despertador. Dani le pega un manotazo, se gira hacia mí y me mira, sonriente, feliz de verme tumbada
a su lado. Yo estoy exactamente igual, observándolo con una gran sonrisa. Me besa
la nariz y luego los labios, suavemente, y vuelve a separarse de mí.
Después de vestirnos
y desayunar, bajamos hacia el portal, quiere acompañarme a plató. Cuando salimos
del ascensor, vemos al portero dejando cartas en los buzones. Dani se queda
tenso, me coge de la mano e intenta evitarlo. Lo miro extrañada, aún así no le
digo nada. Cuando llegamos a la puerta, Dani la abre rápido y me deja pasar.
-¡Hombre Dani!
¿Hoy con una rubia? ¿Qué pasa con la morena del sábado? – me giro rápido, con
los ojos muy abiertos, mirando al portero, que está en la puerta mirándome
sonriente. Al ver quién soy, se sorprende y vuelve a mirar a Daniel, que estaba
mirándome preocupado, con miedo, sin saber qué hacer. – Ostia, ¡esto sí que no
me lo esperaba! – Dani se gira, mirando con odio al portero, a punto de
gritarle. Mis ojos se llenan de lágrimas, vuelvo a mirar a Daniel, pidiéndole
una explicación, pero no me espero, me giro y me voy corriendo de ese portal,
no quiero quedarme allí ni un minuto más.
nooo!!!! nos has dejado con la intriga .. siguiente :)
ResponEliminaAla que fuerte, me has dejado tal que a sí O.O NECESITO EL SIGUIENTS PRONTO!:)
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